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Llamados a vivir una profunda amistad con Cristo

Misa Crismal en la Catedral Metropolitana
Misa Crismal / Fuente: F. Gutiérrez

El Jueves Santo se celebran dos misas: la llamada Misa Crismal, que tuvo lugar esta mañana en la Catedral Metropolitana, y la misa vespertina en la Cena del Señor, en las parroquias y capillas. La Misa Crismal incluye la consagración de los santos óleos que se usan para los catecúmenos, el bautismo, las confirmaciones, ordenaciones, consagración de los altares e Iglesias y para la unción de los enfermos.

En esta celebración resalta el tema del sacerdocio, y su institución por parte de Cristo. Como expresión visible de la Iglesia jerárquica, es una ocasión única; más aún si están presentes también un buen número de fieles, dándole a la celebración un significado más fuerte de unidad del Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia local.

En la Misa, presidida por el Cardenal Daniel Sturla, acompañado por el obispo auxiliar Mons. Milton Tróccoli, y con la presencia de los sacerdotes y diáconos de la Arquidiócesis, así como una muy buena cantidad de fieles, la Catedral lució colmada y los cantos acompañaron el clima celebrativo. ICM comparte con ustedes algunos de los pasajes centrales de la homilía.

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Iglesia madre y esposa

En sus palabras el cardenal Daniel Sturla compartió con los fieles algunos momentos de su viaje a Roma, en la primer semana de marzo, para participar de la Comisión para América Latina (CAL), cuyo tema fue la mujer en nuestro continente. Durante una cena el 8 de marzo en homenaje a las mujeres que participaban del encuentro y para las que trabajaban en la Santa Sede, una consagrada le pidió al cardenal que le contara “algo lindo de su diócesis”.

Si bien lo tomó de improviso, el arzobispo de Montevideo le dijo que “somos una Iglesia pobre y libre”. Le explicó además porque decía eso; “hay un clero austero y trabajador, hay una vida consagrada muy sacrificada, hay laicos comprometidos, hay jóvenes que hacen misiones, que salen de noche a dar de comer a la gente en situación de calle y las veteranas ‘todo terreno’, que están siempre al firme”.

También recordó el prelado una conferencia del Dr. Guzmán Carriquiry, uruguayo secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, que luego de recordar a varios referentes femeninos en el continente finalizó diciendo “no quiero dejar de mencionar a dos mujeres: mi esposa y mi madre”.

Estas palabras de Carriquiry llevaron al arzobispo a reflexionar que “la Iglesia de Montevideo es mi madre, la que me engendró en la fe cuando mis padres me llevaron para ser bautizado, la que siempre ha estado, me ha cuidado y en la que he vivido”. Agregó que “es también la esposa que Dios me ha regalado, hace 30 años, cuando fui ordenado por Mons. José Gottardi y después el papa Francisco me la ha confiado”. Subrayó que el anillo que lleva “es señal de esta alianza entre el obispo y su Iglesia”. Y exclamó “¿cómo no hablar bien de mi esposa y de mi madre?”.

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Una elección para renovar día a día

Más adelante, el cardenal Daniel Sturla compartió que cuando tiene que preparar alguna pareja para el matrimonio les dice que “el amor entre ustedes es el que deben cuidar, porque tiene la fragilidad de una elección que deben de renovar día a día”. Argumentó estas palabras diciendo “que al principio tendrá todas las cualidades del enamoramiento, de una pasión… pero después tendrá que ser un amor que banque, que aguante cuando uno está en un mal momento, está de mal humor, cuando haya problemas económicos, problemas de salud. Hay que pasar del enamoramiento al amor”. Y sentenció “también nos puede pasar esto a nosotros; sacerdotes de Cristo”.

El arzobispo dijo que “Dios nos eligió irrevocablemente (como sacerdotes), nosotros estamos llamados a elegirlo en el día a día de nuestra vida. Pasar también del enamoramiento al amor”. Mencionó que se debe “madurar en nuestro amor sacerdotal a Cristo y a la comunidad que se nos ha encomendado”.

Enfatizó en que “el don que hemos recibido en la ordenación, sacerdotal o diaconal, nos diferencia del resto del santo pueblo de Dios y nos pone a su servicio, nos hace distintos pero no distantes”. Remarcó que si bien el sacerdote debe ser “cercanos, amigable, simpático y sencillo, lo que busca el pueblo cristiano es que los sacerdotes sean sacerdotes, siempre y en todas partes”. Sobre este tema, el prelado dijo que “la confusión de identidades propias de esta sociedad líquida no es fecunda, la indiferenciación lleva a la esterilidad”. “Para que nuestra ordenación sacerdotal sea viva requiere cultivar en nosotros una profunda amistad e intimidad con Cristo Jesús, distinta de la de los demás cristianos, particular, profunda y verdadera”, prosiguió.

El cardenal Daniel Sturla alertó que “esta identificación con Cristo y esta cercanía con Él puede acarrear algunos peligros”. Entre estos peligros mencionó el narcisismo, “esa mirada egocéntrica que nos puede dar en algún momento cierto aire de superioridad”. También habló de “querer cambiar el sentido que tiene la autoridad y no actuar según el Evangelio, sino con los criterios del mundo y la búsqueda de poder”.

Pero también criticó el horizontalismo, que hace que “todos seamos iguales o ver al ministro como un delegado de la gente, lleva a una confusión que termina diluyendo nuestra identidad sacerdotal, haciéndola irrelevante e infecunda”.

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Vivir el Evangelio con radicalidad y madurez

Continuando con su alocución, el obispo tocó el tema del celibato y la castidad consagrada. Explicó que estas “vividas con amor, no como solterones sino como hombres que amamos de un modo especial, es don del Espíritu, inseparable de esa amistad del todo particular con Cristo, de esa pertenencia a Él que nos hace servidores de nuestros hermanos”.

Después el prelado dijo que “la vida sacerdotal, en esta Iglesia uruguaya, nos lleva a vivir con más radicalidad el Evangelio. Este Uruguay, con sus características, nos ayuda a ser más y más sacerdotes, según el corazón de Cristo”. Acto seguido agradeció a los sacerdotes y seminaristas que dejaron su país, familia y costumbres para servir en nuestro país.

Sobre la vida sacerdotal en nuestro contexto, explicó que los presbíteros “no tenemos aquí la satisfacción pastoral que podría aumentar nuestro narcisismo, no tenemos aquí el poder que puede hacernos disfrutar de muchas prebendas o privilegios por nuestra condición. Aquí sacerdotes de Cristo, austeros y pobres, pero libres”. Agregó que “claramente identificados con la actitud de servicio del sacerdocio, podemos decirle al Señor ‘Yo te amo Señor y Tú me amas, y a esa comunidad que Tú me envías’”.

El cardenal Daniel Sturla tuvo también palabras para los fieles laicos “ustedes representan a las comunidades que nos han sido confiadas. Ustedes no solo reciben de su sacerdote, sino que también lo cuidan, lo alientan en su servicio, lo sustentan con su ayuda económica y lo corrigen llegado el caso”. Pero los llamó a que, con la madurez de la fe, “acepten el liderazgo, escuchen sus enseñanzas y reciban el alimento espiritual de sus sacerdotes, como una verdadera familia”.

En el final de la homilía, el arzobispo de Montevideo rogó a María “que nos ayude a todos nosotros a preparar nuestros corazones para el fuerte impulso misionero que nuestra Iglesia espera, y para el que nos vamos a preparar todo este año para, como Jacinto Vera, salir y evangelizar”. “Que María nos acompañe, ella que es vida, dulzura y esperanza nuestra”, concluyó.

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