Las tensiones geopolíticas, la redefinición de liderazgos globales y las transformaciones tecnológicas han configurado un escenario donde las certezas escasean y las decisiones pesan más. Conversamos con Ignacio Munyo y Matías Brum sobre esta realidad.
Uruguay es un país demográfica y territorialmente pequeño, pero muy singular. Dentro de la región —especialmente en comparación con sus dos vecinos gigantes, Argentina y Brasil—, destaca por su estabilidad política y social. Su institucionalidad es motivo de orgullo en propios y extraños, pero en el ámbito económico plantea una posición de resguardo. Depende de otras naciones —de sus mercados, de sus precios, de sus acuerdos—. Esta dualidad plantea una interrogante ya repetida: ¿qué tipo de inserción internacional se busca y qué modelo de desarrollo se está dispuesto a construir?
Era de cambio
“Estamos viviendo una época, diría, muy interesante, hasta atractiva desde nuestro punto de vista analítico. Porque suceden muchísimas situaciones con un alto grado de complejidad. Creo que hubo un sinceramiento de muchas posiciones que estaban algo escondidas por un tema de hipocresía, y en este sentido el resto del mundo mira con atención y está en una posición expectante, recalculando, aunque tal vez sin un rumbo claro”, plantea Ignacio Munyo, economista, docente y conferencista uruguayo.
Para el director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), “estamos ante una ausencia de liderazgos, con posiciones influyentes y antagónicas entre Estados Unidos y China. El primero busca mantener su posición de predominio en algunos aspectos, y el segundo plantea su avance con una agenda paralela, que no pide permiso y se impone con éxito. Y, en el medio, tenemos a Europa que sí perdió protagonismo, rumbo y liderazgo. Se quedó sin fuerza, atrapada en una regulación que vino de la mano de la Unión Europea, pero también dentro de los propios países, que ha atado de manos el funcionamiento económico, la iniciativa individual, la iniciativa privada, y ha ahogado el crecimiento y el desarrollo económico, más allá de los problemas de migración que sufre y tiene presente todo el continente”.
El economista y docente Matías Brum, especializado en pobreza y desigualdad de ingresos, también comparte la mirada de Munyo:
“Me parece que el mundo está complicado. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, me limitaría a decir eso. Creo que tenemos un problema, que es convivir con una incertidumbre muy importante, porque las reglas del orden mundial anterior se ven bastante torcidas y no sabemos bien qué esperar, al menos, en términos económicos. Estados Unidos está cayendo como imperio y China surge como potencia, y se generan muchos cambios. Es un momento complejo, donde no hay mucho para decir, pero sí para analizar”.
El rol de las cadenas de valor
Cuando ponemos nuestro foco en las llamadas cadenas globales de valor, nos situamos entre la seguridad y la falta de integración, en un contexto internacional en el que existen, cada vez más, acuerdos comerciales. Aquí el contraste se vuelve considerablemente más claro, aspecto en el que coinciden Munyo y Brum.
“Nunca hubo tantos vínculos comerciales como ahora. Si vemos la realidad medio siglo atrás, notamos que el crecimiento de los acuerdos comerciales fue exponencial”, plantea Munyo, mientras que Brum señala que “si miramos para afuera, encontraremos muchísimos acuerdos comerciales, de eso no hay duda”. Posteriormente expresa una problemática del mercado uruguayo:
“Tenemos una gran variedad de acuerdos comerciales y estamos insertos en algunas cadenas de valor, pero no estamos suficientemente metidos en ellas. Uruguay persiste como exportador de commodities [N. de R.: productos básicos] y como exportador de bienes no demasiado especializados, pero no se ha integrado tanto en las cadenas de valor. Si lo analizamos un poco, veremos que la cadena de valor en la cual estamos más integrados es la de la celulosa, en la cual producimos los árboles y producimos la celulosa, pero en el resto no estamos tan especializados y eso lo estamos sufriendo a nivel de precios”.
«La integración en cadenas globales de valor ya no se define solo por costos, sino también por seguridad nacional»
Ignacio Munyo
Al abordar la problemática de las cadenas globales de valor, las miradas de Brum y Munyo se encuentran alineadas. El director de Ceres lo explica así:
“Cuando hablamos de integración nos remontamos lógicamente a las cadenas de valor. Para que la gente comprenda mejor, esto se refiere a cómo las empresas aseguran proveedores de esos insumos para poder producir. No estamos integrados como podríamos, pero también debemos no perder de vista que la integración en cadenas globales de valor ya no se define solo por costos y eficiencia, sino también por criterios de seguridad nacional. Los países y empresas priorizan proveedores confiables —por razones políticas, culturales o estratégicas— aunque eso implique pagar más. Es como asumir un ‘seguro’ frente a riesgos potenciales, especialmente vinculados al origen del proveedor.
“Por eso, por ejemplo, algunas empresas estadounidenses optan por producir o comprar localmente en lugar de hacerlo en China, aun a menor eficiencia, incorporando la seguridad como un factor clave en el comercio internacional. Se aborda el tema como una realidad instalada. Es común ver, por ejemplo, empresas estadounidenses que deciden no comprar insumos en China sino en proveedores locales, porque se considera que hay un riesgo intangible que tiene que ver con la seguridad nacional, con la información incluida en esos insumos. Son partidos muy grandes que se juegan a nivel de empresas multinacionales. Es parte del mundo complejo que nos toca vivir”.
“No estar integrado no es algo bueno ―complementa Brum―, aunque tiene sus beneficios en esta situación actual. Estados Unidos está colapsando en muchísimas dimensiones, pero a nosotros no nos termina de afectar, porque no estamos del todo integrados con esa cadena. El tema es que no estamos integrados prácticamente a ninguna cadena. Eso termina siendo una desventaja. Ahora que firmamos el TLC con la Unión Europea, se augura que vamos a mejorar en este sentido, pero son procesos que demandan tiempo. Por ejemplo, no vamos a pasar a exportar el doble de carne de un día para otro: hay que sortear barreras comerciales, arancelarias, fitosanitarias, y un montón de permisos que cumplir. Y eso sin abordar el impacto dentro de la economía local”.
Uruguay: ¿un país conformista?
Quienes tengan como afición mirar disciplinas tales como taekwondo, karate o boxeo, por mencionar unos pocos ejemplos, sabrán que, quienes compiten profesionalmente, se organizan en distintas categorías según su peso para asegurar combates más equilibrados, presuponiendo que quienes comparten categoría poseen condiciones físicas similares.
Para el economista Matías Brum la situación uruguaya se explica a partir de este concepto: “Uruguay es un país raro. En disciplinas de combate, hay un término en inglés que es to punch above its weight, que significa pegar por arriba de tu tiraje [N. de R.: en términos figurados, refiere a rendir por encima de lo esperado]. Para el nivel económico que tenemos, Uruguay presenta un desarrollo político y social muy muy bueno. Somos una democracia plena, con instituciones muy fuertes y con logros destacables en la región, como ser el país menos desigualitario en toda América Latina, y una agenda de derechos ejemplar, que va como de la mano con todo eso, que hace que Uruguay sea como un outlier, [N. de R.: atípico, fuera de lo común]. Uno esperaría otro tipo de solidez económica, pero en términos económicos puros y duros, a Uruguay le falta integrarse y desarrollarse”, propone Brum.
«Creo que el mercado tiene fallas y los valores humanos deben corregir esas desigualdades»
Matías Brum
Por su parte, Munyo da un paso más y proyecta que Uruguay primero debe reconocer su realidad para poder crecer económicamente: “Claramente somos un país culturalmente occidental, con una raíz judeocristiana y que está inserto en esa parte del planeta. Esto determinó que tuviésemos relaciones históricas con determinados actores, como por ejemplo Estados Unidos. Para la gesta libertadora de Uruguay, Artigas fue más inspirado por los padres fundadores de Estados Unidos que por la revolución francesa; él leía los escritos de Tomas Payne de las constituciones de los primeros estados norteamericanos. Naturalmente, culturalmente, es un vínculo más profundo del que tenemos con China, por ser una relación que se forjó en las últimas tres o cuatro décadas, donde se volvió un comprador muy importante de producción del agro de Uruguay. Solemos pensar que somos conformistas y seguramente lo seamos, pero también tenemos que reconocer que en este planteo también hay factores ideológicos que hoy nos posicionan más cerca al gobierno chino y enfrentados a la política actual de Estados Unidos. Aquí todo se complejiza, porque somos una nación que depende mucho del comercio exterior y de la relación con el resto del mundo, y hay intereses que trascienden las barreras ideológicas”.
La importancia de los valores humanos
“Me parece que son absolutamente centrales y esenciales. Los valores humanos son cada vez más relevantes dadas las tendencias globales que estamos observando y en particular con el avance de la tecnología y la inteligencia artificial. Si hay algo que va a sostener el futuro laboral y las oportunidades de trabajo de las nuevas generaciones, son los valores humanos” enfatiza Munyo, para posteriormente plantear el rol de distintas organizaciones sociales:
“Desde aquí se sostiene la convivencia entre los seres humanos ante los avances de la sociedad, y es central el rol de instituciones como la iglesia católica, porque cultivan y desarrollan esos valores. Es algo sumamente relevante para el futuro existencial del país. Los valores que, por ejemplo, profesa la Iglesia católica son muy relevantes en el mercado laboral actual”.
Desde la mirada de Brum, en cambio, este aspecto plantea cierto cuestionamiento: “¿Hasta qué punto los valores humanos o cristianos son compatibles con el mercado económico actual? Yo me haría esas preguntas, y es algo complicado de responder, porque hay situaciones en las que el lucro puede entrar en tensión con esa mirada de la vida. Creo que el sistema tiene fallas y esos valores tienen que entrar para corregir esas desigualdades. Hay dos caminos: por un lado, las políticas redistributivas, que son necesarias, y por otro, políticas que ataquen las causas de la pobreza, como la baja calificación o la falta de acceso a cuidados. En ese sentido, más que solo transferir ingresos, hay que apostar a la reconversión, a la educación y a generar condiciones para que las personas puedan integrarse mejor al mercado laboral”.
En la voz de:

Ignacio Munyo:
“Para generar más inversión, hay dos aspectos básicos: primero, que Uruguay sea más conocido, y segundo, que haya rentabilidad, porque atrae inversión (perdimos rentabilidad por sobrecostos asociados al tamaño del Estado y a la regulación). Pero más allá de eso, las bajísimas tasas de natalidad son un desafío enorme para el futuro del país. Ahí hay una batalla cultural que se está perdiendo: hay que volver a enaltecer la familia, porque no solo es clave para la felicidad de las personas, sino también para la sostenibilidad económica y la generación de capital humano”

Matías Brum:
“Hoy estamos creciendo por debajo de nuestra tasa histórica, que es más o menos del 2,5%, y para mejorar hay que hacer dos paquetes de reformas. Por un lado, las macro, que tienen que ver con firmar acuerdos de libre comercio e integrarnos a las cadenas de valor. Y por otro, las micro, que implican fomentar la competencia. Ahí también hay un tema de fondo: muchas veces tratamos de salvar empresas que se funden, cuando en realidad lo que hay que hacer es recalificar a los trabajadores y mover esos recursos hacia sectores más productivos”.
Iglesia Católica de Montevideo

