La vida consagrada es una riqueza silenciosa y fecunda de la Iglesia en Uruguay. A través de distintas congregaciones y carismas, religiosos y religiosas están presentes en la educación, la salud, la misión, las parroquias, la promoción humana, la vida contemplativa y el acompañamiento de personas vulnerables. La Confru —Conferencia de Religiosos del Uruguay— anima esta presencia en comunión con los superiores mayores y los obispos, mediante asambleas, formación, comisiones y encuentros. También integra la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR), de la que se nutre en formación e iniciativas.
Entre Todos conversó con Edgardo Bruzzoni, hermano de la Sagrada Familia y actual presidente de la Confru, sobre el aporte de la vida consagrada a la Iglesia y a la sociedad, sus desafíos y esperanzas, y el valor de una vida entregada a Dios y a los demás.
Cuando hablamos de vida consagrada en Uruguay, ¿de qué realidades estamos hablando?
La Confru ofrece una lectura de la realidad eclesial y social desde la perspectiva propia de la vida consagrada, contribuyendo con su experiencia al proceso sinodal y a la misión evangelizadora.
Lo hace a través de diversas presencias y carismas: educación, salud, misión, parroquias, promoción humana en barrios carenciados, vida contemplativa, entre otras. También por medio de comisiones integradas por religiosos y religiosas del país, que participan en iniciativas vinculadas a los más desfavorecidos: Migrantes; Justicia, Paz e Integridad de la Creación; Cuidado y Protección de niñas, niños, adolescentes y personas vulnerables, en coordinación con la CEU; Reflexión Teológica; Nuevas Generaciones, que nuclea a los religiosos jóvenes; Medio y Medio, que nuclea a religiosos de mediana edad; y Cáritas.
Valoramos la presencia de una vida consagrada comprometida en muchas realidades eclesiales. En Uruguay acompaña también la sencillez y pequeñez tanto del país como de la Iglesia. Esa pequeñez, y la posibilidad de acortar distancias, se vuelve una oportunidad de comunión.
Muchas congregaciones forman parte de provincias que abarcan otros países, lo que genera movilidad dentro y fuera de fronteras. Eso a veces dificulta el seguimiento de procesos, pero también abre posibilidades de intercambio y misión compartida.
Desde la vida consagrada, ¿qué significa hablar de vocación?
La vocación es una invitación, un llamado que Dios hace de diferentes maneras. Cuando hablamos de vocación hablamos de servicio al reino y de entrega a los demás. La presencia del Espíritu nos impulsa a la conversión del corazón, a la renovación pastoral y a la reforma de toda la Iglesia.
La vida religiosa está llamada a ser “centinela vigilante de las llamadas del Espíritu”. Es una misión que impulsa a cuidar la vida amenazada y a sostener la esperanza: defender derechos, sanar heridas, acompañar procesos de resiliencia y reconocer el rostro de Dios en cada hermano.
«Vale la pena entregar la vida al servicio de los demás, como lo hizo Jesús»
Hermano Edgardo Bruzzoni
En una cultura donde muchas veces cuesta asumir compromisos definitivos, ¿qué testimonio ofrece una persona que entrega toda su vida a Dios y a los demás?
El mayor testimonio que ofrece una persona que entrega su vida a Dios y a los demás es su vida misma. Es una vida de cercanía y ternura, que prioriza la escucha, acoge y acompaña sobre todo a los más vulnerables, abre espacios de diálogo sincero, discierne en comunidad y acepta la fragilidad y la minoridad como oportunidad para construir el reino.
¿Qué desafíos y qué esperanzas ve hoy para la vida consagrada en Uruguay?
La vida consagrada en Uruguay es escasa en número y enfrenta desafíos como el envejecimiento de muchas comunidades, la baja natalidad y una cultura secular muy fuerte. Pero no queremos quedarnos solo en la dificultad. La diversidad de carismas y la riqueza de nuestras comunidades constituyen un don que deseamos seguir poniendo al servicio de la Iglesia y del pueblo uruguayo.
La vida religiosa en Uruguay desea continuar siendo signo de esperanza, cercanía evangélica y servicio, especialmente hacia los más vulnerables, caminando en comunión con los obispos, el clero y todo el pueblo de Dios.
¿Qué mensaje le gustaría dejarle a una persona —joven o adulta— que está buscando su lugar, su misión, su vocación?
Me gustaría dejar un mensaje de esperanza: vale la pena entregar la vida al servicio de los demás, como lo hizo Jesús. “Ve, vende todo lo que tienes y ven y sígueme” tiene plena vigencia. Si bien hay una renuncia a muchas cosas, hay por otro lado un crecimiento en el amor y en la entrega a los demás. Todos tenemos una misión en el mundo, pero tenemos que irla descubriendo día a día. El seguimiento de Jesús nos dará la fuerza para hacerlo y encontrar la verdadera felicidad.
Iglesia Católica de Montevideo

