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Gracias, Panamá

Columna de opinión tras la Jornada Mundial de la Juventud
La JMJ fue una fiesta /Flickr Panamá 2019

/Por Carolina Bellocq, enviada a Panamá

Era mi tercera Jornada Mundial de la Juventud y viajaba un poco desconfiada. Feliz, sí, pero con miedo a la (des) organización panameña. Sentía que faltaba información y no era sencillo comunicarse con el comité local. Pero nada más pisar el aeropuerto internacional de Tocumen, la JMJ comenzó a lo grande y desplazó todas esas ideas. Es más, fue la que me pareció mejor organizada.

La fila en Migraciones era una fiesta, con personas que llevaban mochilas o camisetas de los encuentros en Madrid, Río o Cracovia. Sacerdotes y monjas con los más variados hábitos, curas con pantalón chupín y guitarra eléctrica (no aguantamos la curiosidad, les preguntamos y eran de la banda española “La voz del desierto”), decenas de chicos cantando. Una oficial de Migraciones se nos acercó y preguntó el origen. Ante la respuesta, indicó que debía (sí, debía) sacarse una foto con nosotros, y salió la selfie. Así de contentos estaban los panameños.

Contados eran los autos que al pasar no tocaran bocina para saludar a los peregrinos. Y muy pocos eran los que se quedaban indiferentes ante el paso de algún grupo. Fue, más bien, al contrario: las personas se detenían, hacían preguntas y se ofrecían para acompañar a los jóvenes a donde tuvieran que ir, ya fuera caminando o todos apretados en su vehículo.

Se notaba que la sociedad estaba totalmente comprometida; del primero al último. La organización había pedido 20.000 voluntarios, pero los panameños se entusiasmaron y fueron 32.000. Se los veía por todos lados con sus camisetas fosforecentes. Algunos tenían tareas más especializadas (como por ejemplo estar en un punto de información, apoyar en logística, cuidar un ingreso o similar), y otros simplemente estaban allí para saludar y entusiasmar, o para celebrar cuando alguien se confesaba en el Parque del Perdón, y dar así a los jóvenes una nueva bienvenida a la Iglesia.

Miles de jóvenes se confesaron en el Parque del Perdón /M. Sinclair, Flickr Panamá 2019

Miles de jóvenes se confesaron en el Parque del Perdón /M. Sinclair, Flickr Panamá 2019

Este mismo entusiasmo se respiraba en cada una de las parroquias de la ciudad y sus alrededores, donde cientos de familias se inscribieron para recibir chicos en su casa. Nuevamente, se anotaron más de los que se necesitaban.

Cuando llegaba un grupo, unos le daban la bienvenida, otros lo ayudaban en el registro, otro equipo les facilitaba el kit de inscripción y la información necesaria... había un “protocolo de bienvenida” -según confió uno de los parroquianos- y cada uno tenía una función definida y la cumplía con entusiasmo. Era muy edificante ver a toda la comunidad parroquial convertida en voluntaria y organizada en comisiones. Y cuando alguno se enteraba de que un grupo finalmente se alojaría en un hotel y no en una casa de familia, parecían realmente decepcionados. En la Parroquia San Antonio de Padua, por ejemplo, había 352 voluntarios que pertenecían a la comunidad (y por lo tanto, de las edades más variadas) y recibieron a unos 1.700 jóvenes de todo el mundo, a los que alojaron en casas de familia. Muchos uruguayos se quedaron en esa zona.

Todos comprometidos

La Jornada en sí también fue un éxito en organización. No hubo fallas de ningún tipo: ni de seguridad, ni en los medios de transporte, ni en lo técnico, ni a la hora de elegir dónde comer con los tickets peregrinos, por mencionar algunos casos.

Se notaba que todos los sectores de la sociedad estaban comprometidos: desde los comerciantes que ofrecían combos peregrinos y descuentos hasta los oficiales que estaban en sus puestos, o los oficiales que trabajaban en las estaciones de metro asegurando el flujo constante de personas o las unidades de rescate siempre atentas para actuar.

Desde el Gobierno el compromiso fue evidente. Primero, porque antes de la Jornada emitió una ley que establecía hasta 18 años de cárcel para quien atacara a algún peregrino. Segundo, porque dispuso a todo su aparato para este fin, dio libre a su personal para evitar que congestionara el tránsito y facilitó contactos a través de sus embajadas, entre otros.

Desde afuera se percibía la sensación de que Panamá estaba trabajando duro para superar un examen de reputación internacional. Y vaya si lo logró.

Con todas estas medidas, los jóvenes de todo el mundo disfrutaron del encuentro entre sí y con el Papa Francisco. Las calles se convirtieron en una fiesta internacional constante, donde reinó la alegría de la juventud y de la vida de fe. Fueron unos días en los que todos pudieron llenarse de entusiasmo para ser, como pidió el Papa en la Vigilia, “influencers de Dios”.

Los jóvenes crecieron en vida interior /E. Chacon, Flickr Panamá 2019

Los jóvenes crecieron en vida interior /E. Chacon, Flickr Panamá 2019

Próximamente

El equipo de ICM trabajó durante la JMJ y está procesando el material para su publicación. En los próximos días habrá más contenidos en este sitio web, el canal web ICMtv y el quincenario Entre Todos.

Mientras tanto, se pueden leer aquí todas las intervenciones del Papa Francisco.

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