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“Confiaré y no temeré”

Con la Misa de Miércoles de Ceniza dio inicio la Cuaresma
Celebración del miércoles de Cenizas en la Catedral de Montevideo/ Fuente: Federico Gutiérrez

“Los 40 días de Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública son días de combate. Pero no días de combate en los cuales Cristo probó su fuerza, su capacidad, sino que la clave estaba en la confianza en su Padre Dios. Él sabía que podría vencer al Maligno porque confiaba totalmente en su Padre”. Estas fueron las primeras palabras del Cardenal Daniel Sturla en la homilía de la Misa de hoy, Miércoles de Ceniza, que dio inicio al tiempo de Cuaresma. La Eucaristía celebrada en la Catedral Metropolitana fue seguida por más de un centenar de personas.

Ayuno, limosna y oración

El Cardenal Daniel Sturla dijo que “para nosotros, cristianos, al comenzar este tiempo, es bueno que sintamos el peso de nuestros pecados. Pero al mismo tiempo, que sepamos que podemos vencer porque Dios es fiel y nos da su gracia, su fuerza, su poder”. “Es más -añadió- ya estamos en el cuadro de los vencedores, es ponerse la camiseta de Cristo y jugar en su equipo”.

El Arzobispo de Montevideo aseguró que el mejor entrenamiento para este tiempo de Cuaresma “tiene que ver con los tres elementos que la Iglesia nos propone, tomados del Evangelio: el ayuno, la oración y la limosna”.

Sobre el ayuno comentó: “es bueno privarnos voluntariamente de aquello que nos gusta, que si bien incluye la comida no necesariamente se limita a ella”.

Para explicar que es la limosna la identificó con la caridad. “Sabemos que va mucho más allá del dar dinero, tiene que ver con el amor. El amor al pobre, al que necesita, al que sufre; que parte desde las personas que puedan estar a mi cargo y cómo las trato, pasa por aquellos que están más cercanos y necesitan de mí, y llega al compromiso social o político, por una sociedad más justa”, sostuvo.

Por su parte, al hablar de la oración recordó que esta Cuaresma, para la Iglesia de Montevideo, está especialmente orientada a la Misión “Casa de todos”. “Para esto se reparte, en cada parroquia, un librillo de oración que para cada día tiene la cita del Evangelio, un comentario y una motivación”, informó.

El Cardenal Daniel Sturla dijo “sabemos que la misión dará frutos si rezamos confiadamente y ofrecemos lo mejor a Dios”. Citando a san Juan dijo “De Dios se obtiene tanto cuanto de Él se espera”.

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“Todos estamos entre el barro y la gloria”

Más adelante, el Arzobispo de Montevideo explicó el signo de la ceniza sobre la frente. Para esto citó la homilía del Benedicto XVI, durante el Miércoles de Ceniza de 2010 : “Desde esta perspectiva se comprende también el signo penitencial de la ceniza, que se impone en la cabeza de cuantos inician con buena voluntad el itinerario cuaresmal. Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: reconozco lo que soy, una criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a imagen de Dios y destinada a él. Polvo, sí, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y de responderle; libre y, por esto, capaz también de desobedecerle, cediendo a la tentación del orgullo y de la autosuficiencia. He aquí el pecado, enfermedad mortal que pronto entró a contaminar la tierra bendita que es el ser humano. Creado a imagen del Santo y del Justo, el hombre perdió su inocencia y ahora sólo puede volver a ser justo gracias a la justicia de Dios, la justicia del amor que —como escribe san Pablo— ‘se ha manifestado por medio de la fe en Cristo’ (Rm 3, 22).”

Luego, el Cardenal Daniel Sturla compartió con los presentes una anécdota. En dicha historia un sacerdote que llegó a un monasterio fue recibió por una monja. “¿Qué tal hermana?, ¿cómo está”, le preguntó el sacerdote. “Aquí estoy, entre el barro y la gloria”, fue la respuesta de la religiosa. “Todos estamos entre el barro y la gloria”, reflexionó el Cardenal. Y añadió: “Todos tenemos el polvo de la realidad en la que fuimos creados todavía marcada por el pecado, pero al mismo tiempo es un polvo que Dios ha plasmado con sus manos para hacernos semejantes a Él”.

Siguiendo con su alocución, el Arzobispo de Montevideo indicó que “la Cuaresma ensancha el horizonte de nuestra vida, nos hace pensar también en el más allá, en el sentido más profundo y pleno de la vida, que tiene que ver con ese Cielo al que esperamos llegar por la gracia de Dios”. Afirmó, además, que “la Misericordia de Dios actúa sobre nuestra respuesta libre. Pero podemos tener la terrible posibilidad de romper la invitación y tirarla, y no seguir el camino del Señor.”

El Cardenal Daniel Sturla concluyó la homilía con una plegaria que invitó a los presentes a compartir: “Señor, recibo tu invitación, renuevo mi vida cristiana, confieso mis pecados, me abro a tu misericordia y en el combate que me invitas a vivir pongo mi confianza en ti”. “Confiaré y no temeré”, agregó.

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Llamado a la conversión

Acto seguido, el Cardenal bendijo las cenizas, hechas de los ramos de olivos del pasado Domingo de Ramos. Y uno a uno, todos los presentes se acercaron hasta el presbiterio y tanto el Cardenal como el P. González les impusieron esas cenizas en forma de cruz en la frente, mientras pronunciaban esa frase de la primera predicación de Jesús. Por su parte, a los costados un acólito sostenía el libro de los Evangelios, que los fieles besaban en señal de reverencia.

Este rito se inspira en tiempos pretéritos, cuando los pecadores convertidos se cubrían con ceniza para reconocer su fragilidad y necesidad de la misericordia de Dios. La Iglesia lo conserva, más que como un gesto exterior, como un signo de la actitud del corazón penitente a la que los cristianos están llamados en la Cuaresma. Es un gesto que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

A partir de ahora en las Misas predominará el color morado, que en la liturgia simboliza la penitencia y esperanza. Es el color propio de la Cuaresma y del Adviento, dos períodos en los que la Iglesia invita de modo especial a la conversión y penitencia de cara a la gran alegría que llegará con la Pascua y con la Navidad, respectivamente.

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