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Sacerdocio: amor del corazón de Jesús

Celebración de la Fiesta del Cura de Ars en el Seminario Interdiocesano
Celebración de la Fiesta del Santo Cura de Ars/ Fuente: Federico Gutiérrez

El jueves 8 de agosto, en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey, se celebró la Fiesta del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney. La ocasión también sirvió para el encuentro de obispos, sacerdotes, diáconos y seminaristas de todo el país.

Antes de comenzar la celebración eucarística se recordó a tres pastores que vivieron su pascua durante el último año: Mons. Roberto Cáceres y los sacerdotes Silverio Moreira y Juan Carlos Bonilla.

La Misa fue presidida por el Card. Daniel Sturla, siendo los concelebrantes principales el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Arturo Fajardo y Mons. Martin Krebs, Nuncio Apostólico en Uruguay. Participaron los obispos de las 10 diócesis de nuestro país, así como decenas de sacerdotes (algunos de ellos llegados de otras diócesis), diáconos y seminaristas. Además acompañaron las religiosas que sirven en el Hogar Sacerdotal e integrantes del Serra Club.

Dar la vida

La homilía estuvo a cargo del P. Guillermo Buzzo, formador del Seminario Interdiocesano Cristo Rey, quien centró sus palabras en el Evangelio leído momentos antes y la diferencia entre el Buen Pastor y el asalariado.

Para el P. Buzzo las palabras de Jesús podrían traducirse “no me gano la vida con esto, doy mi vida por esto”, “No vivo de las ovejas, vivo para las ovejas y muero por ellas”. Agregó que “el asalariado, que puede llegar a ser alguien muy entendido de la materia, un profesional del tema, llega a interesarse por el rebaño; mientras el pastor cuida, además, a cada una”.

El formador de los futuros sacerdotes del clero de nuestro país sostuvo que “para este siniestro personaje (el asalariado) las ovejas tienen lana, pero no tienen rostro y, por supuesto, tampoco tienen nombre. Les interesa el rebaño, es verdad, pero no le interesan las ovejas. No le preocupan que crezcan ellas, pero sí que crezca el rebaño… Sería un desastre aparecer como un ineficiente ante la sociedad de mercenarios”.

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La renuncia y la misión

Más adelante, el P. Guillermo Buzzo describió que “cuando un joven comienza su formación en esta querida casa, en este querido seminario, suponemos su recta intención y que ha experimentado un llamado. Esa intuición inicial que lo impulsa, como nos sucedió a todos, siempre viene mezclada como en la vida misma y en especial nuestro corazón”.

Pero advirtió que “con frecuencia la generosidad de la ofrenda inicial achicarse con el tiempo… el mundo también hace su trabajo. La cultura en la que vivimos tiempo otros criterios. Hace un tiempo está instalado una publicidad de servicio de telefonía móvil con este eslogan: ‘Elegí todo’. Esto pinta un poco el sentir de nuestros días. No está bien vista la renuncia”.

Sin embargó recordó: “A cada paso de nuestras vidas podemos elegir el camino de la muerte, el de vivir para nosotros mismos y terminar solos o rodeado de cómplices; o elegir el camino de la vida, vivir para Dios y para los otros, experimentar el gozo de la comunión en medio de los avatares del mundo”.

Para el P. Buzzo a pesar de las dificultades y de un panorama que puede parecer negativo “viendo y escuchando a nuestros actuales seminaristas sostengo la esperanza de que las nuevas generaciones no acepten resignados la realidad, que nos animen a los que ya somos ordenados a vivir de otra manera nuestra misión”.

Retornando a la diferencia entre el asalariado mercenario y el Buen Pastor dijo: “También en estos casos podemos, como el mercenario, ver el rebaño o cada una de las ovejas. Ver las ovejas que somos nos convierte en sacerdotes. ¡Qué el Señor sostenga este impulso que viene suscitando entre nosotros una pastoral presbiteral, que pone rostros y nombres a esta parte del rebaño, a estas ovejas que somos también los sacerdotes!”.

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La vida que no termina

Siguiendo con la alocución, el formador del Seminario Interdiocesano explicó que “el sacerdocio, según el testimonio del Santo Cura de Ars, es el amor del corazón de Jesús. Ese amor del corazón de Jesús es un amor que llegó al límite del sacrificio de la propia vida. Amar como Jesús es unirnos cada día al único y definitivo sacrificio de Jesús”. “Lo hacemos por el bien de todo el cuerpo de Cristo, es decir, por nuestro bien y el de toda la Iglesia”, añadió.

Para el P. Buzzo es sacerdocio “no se trata de una competencia de virtud o una búsqueda narcisista de perfección; se trata de dar vida para que otros vivan y Dios sea glorificado en nuestra vida”. Y por tanto se trata de “hacer en cada Eucaristía un sacrificio lleno de sentido por el cual el cuerpo de Cristo y el pueblo de Dios, le ofrecemos la vida que Él un día nos dio y nos abrimos a recibir, de sus manos providentes, la vida que no termina”.

Una vez terminada la celebración, los obispos, sacerdotes, diáconos y seminaristas compartieron el almuerzo y un momento de camaradería.

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