Crónica de la inauguración del templo ubicado en Colmena, barrio Santa Eugenia.
Fue una jornada de emoción a flor de piel y profunda espiritualidad la que se vivió en la inauguración y bendición de la nueva Capilla del Santo Pesebre, ubicada en Colmena [N. de R.: solución habitacional que posibilita la vivienda digna para familias del barrio Santa Eugenia].
Una organización impecable permitió que todo fluyera de maravilla: los asistentes se concentraron en Servando Gómez y Camino Carrasco, donde hubo un estacionamiento amplio y seguro para dejar los vehículos, y desde allí partieron ‘combis’ que trasladaron a la gente directamente hasta el templo. Fue así como se hizo realidad el sueño del padre Juan Andrés Verde y de toda una comunidad que trabajó unida para ver nacer este espacio de oración.
Desde temprano, el ambiente se respiraba distinto. La alegría se mezclaba con la devoción en un lugar que, más que una obra de cemento y piedra, se erige como un hogar para todos aquellos que buscan paz y encuentro con Dios.

La presencia de la Iglesia y el deseo de todos
A las 17 horas, presidió la ceremonia solemne el Arzobispo de Montevideo, cardenal Daniel Sturla, quien tuvo a cargo la bendición de las paredes y el altar, marcando el inicio oficial de la vida pastoral de este nuevo templo.
Como era el deseo unánime de los fieles y de quienes seguimos la labor del padre Andrés, el deseo se cumplió: Sturla abrió las puertas y le dio espacio para que su voz y su palabra llegaran a todos. La homilía estuvo cargada de esa sencillez y profundidad que caracterizan al «Gordo» Verde, y conectó inmediatamente con el corazón de los presentes, como recordatorio de que fe es sencilla, como un niño en un pesebre.
El arte que sirve a la fe
La belleza del lugar no pasó desapercibida. La capilla cuenta con detalles artísticos de primer nivel que elevan el espíritu. Destaca la imponente obra del reconocido artista plástico Pablo Achugarry, quien no solo donó su talento sino que puso las manos en la obra, colaborando activamente en la construcción y embellecimiento de este santuario. Su aporte artístico le da una identidad única y solemne al espacio.
Asimismo, el trabajo y la creatividad estuvieron presentes de la mano de Alicia Esquiera, Directora de Secom, quien con su dedicación y visión ayudó a dar forma y vida a cada rincón, cuidando que cada detalle estético acompañe la oración y el recogimiento.

Una fiesta para toda la familia
La celebración no quedó solo dentro del templo. El predio se transformó en un verdadero encuentro comunitario con una propuesta para todos. Hubo una gran variedad de food trucks, donde no podían faltar las conocidas pizzas de Chespi, deleitando el paladar de los presentes.
La música y el espectáculo estuvieron a cargo de grandes amigos: se hizo presente el talento de Maxi Larghi, la alegría de Ce Pequeño y la fuerza y el estilo inconfundible de Cirineos Muisc, quienes pusieron el ritmo y la emoción para que esta inauguración fuera una verdadera fiesta de pueblo.
Un sueño colectivo y un regalo del corazón
Lo que se inauguró es mucho más que paredes y techos. Es el resultado del trabajo del padre Andrés, del apoyo incondicional de los fieles y de la mano generosa de quienes aportaron desde sus diferentes talentos.
Un momento muy emotivo fue cuando los niños del barrio salieron a entregar un recuerdo a todos los presentes: una estampita con la frase de San Francisco de Asís, que resume toda esta historia: «Comienza haciendo lo necesario, luego lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible», acompañada de una vela para llevar la luz de este lugar a cada hogar.
La jornada finalizó con la alegría de una comunidad que ahora tiene su propia casa, bajo la mirada del Niño Dios, recordándonos que siempre hay lugar y un abrazo para quienes buscan consuelo y esperanza.

Iglesia Católica de Montevideo

