Ramón Cuadra, Martha Escondeur, Santiago Zabala y Leandro Gómez cuentan cómo la fe atraviesa su obra en un Uruguay profundamente laico.
El ser humano siempre ha buscado trascender. Y el arte ha sido, desde hace siglos, una de las maneras de hacerlo. En un Uruguay profundamente laico, la Iglesia católica sigue encontrando en él un lugar para conversar con Dios. Esa experiencia adopta formas distintas. Para algunos artistas creyentes, crear es una forma de oración; para otros, de evangelización. Hay quienes simplemente destacan el momento en que sienten que Dios interviene en su obra. Cuatro artistas uruguayos contaron para Entre Todos cómo viven ese vínculo: Ramón Cuadra, Martha Escondeur, Santiago Zabala y Leandro Gómez Guerrero.
Martha Escondeur no la tuvo fácil. Lleva dedicada a la pintura y la escultura desde que tiene memoria. A los cinco años disfrutaba de hacer retratos de sus amigos y familiares. A los doce hizo su primera exposición. Hoy, aunque no trabaja exclusivamente con temática religiosa, reconoce que su fe atraviesa todo su proceso creativo. “Toda mi vida estuvo dedicada al arte en un Uruguay mucho más difícil que el de ahora. Soy una persona de mucha fe. Siempre he sentido a Dios y a todos mis santos rodeándome y apoyándome a mí y a mi familia, el tema religioso siempre estuvo dentro de mí”, cuenta.
Es escultora figurativa. Aunque no se dedica principalmente al arte religioso, lleva veinticinco años realizando obras de este tipo de vez en cuando. Pero recuerda que comenzó siendo mujer en otro Uruguay, uno en el que la presencia masculina era más notoria en el campo de las artes. “Mi padre se oponía, me preguntaba de qué iba a vivir. Busqué distintas alternativas, pero siempre el camino de regreso era el arte”.
Martha describe la experiencia artística como un intercambio con Dios que la atraviesa en la ejecución de cualquier obra, más allá de la temática. “Tenemos algo que nos hace seres creativos. A mí en lo personal me pasa que, en la obra que esté inmersa, recién cuando logro esa conexión con lo que hay dentro de mí es cuando realmente siento que la obra empieza a fluir”.
Entre sus obras religiosas destaca la escultura de Monseñor Jacinto Vera (2013), un encargo dirigido por monseñor Sanguinetti para la catedral de Canelones. Una escultura de tamaño natural hecha en resina. “Monseñor Sanguinetti tiene un gran conocimiento en la parte estética, y fue hermosísimo trabajar y hacer juntos la obra”, recordó.
Mientras para Martha el vínculo con Dios ocurre en el proceso creativo, Ramón introduce otra dimensión: la tradición iconográfica de la Iglesia.
Con una carrera consagrada de más de cincuenta años, Ramón Cuadra, escultor uruguayo, comenzó sus estudios escultóricos desde muy temprana edad, en el estudio de José Luis Zorrilla. Más tarde intercambió también con el escultor Federico Möller de Berg. “La escultura religiosa en el Uruguay estuvo dada por encargos que se realizaban, como a José Luis Zorrilla, como a Federico Möller de Berg, como a Javier Nieva”, explicó sobre la realidad del arte religioso en Uruguay. Sobre dedicarse al arte sacro en un país laico, compartió: “Para mí no fue tan horrible, porque además yo soy católico. Eso tiene otra cosa, porque la obra yo no la hacía como un encargo cualquiera, sino como algo que tenía que ver con la misma religión que yo profeso”.
En un Uruguay profundamente laico, el arte continúa siendo un espacio abierto a la trascendencia
“Por otro lado, en un país tan laico, te encasillan. Parece que el artista que hace arte sacro se dedica solamente a eso y no puede hacer otra cosa. Y es justamente algo que no tiene nada que ver”, aseguró. Hizo mucho hincapié en otro problema, el de saber diferenciar el arte sacro del religioso. “El arte sacro es aquel en el cual la imagen está en relación con la fe que profesa el pueblo fiel, con la fe que profesa la Iglesia católica. Es por eso que, para distinguir a ciertos santos, por ejemplo, les han dado ciertas características. Para que la Virgen sea inmaculada, debe tener ciertas características”.
Según su explicación, el arte religioso es cualquier representación de una escena religiosa. Un pasaje bíblico, por ejemplo. El arte sacro, por otro lado, es más complejo: se trata de aquellas obras de carácter religioso cuya simbología se alinea con el dogma de la Iglesia Católica. Aquella que respeta y replica unos códigos de representación que reflejan el misterio pascual: “En el arte sacro todo tiene un porqué”. Cuando una obra es religiosa pero no sacra, es porque le falta alinearse con la teología que enseña la Iglesia. Conceptos que no tienen nada que ver con la calidad artística de por sí.
Ramón Cuadra no solo fue presidente de la Comisión de Arte Sacro y Bienes Culturales de la Iglesia de Montevideo durante el período de monseñor Cotugno, sino que actualmente integra el Consejo Nacional de Museos, una entidad pública.
Leandro Gómez Guerrero tiene una visión más disruptiva. Aunque comenzó en el mundo del arte siendo muy joven haciéndose cargo del Cristo del carrito (1994), encargo del Padre Cacho, es licenciado en Comunicación y se dedicó a la publicidad durante muchos años. El proyecto Jesús Es Mi Wifi o la colección Animángeles son algunos de sus proyectos más célebres, con un enfoque muy actual y despojado de las tradiciones del arte religioso como lo conocemos.
Leandro considera que dejó de ser “pescador de consumidores” para convertirse en “pescador de hombres”. Su visión de la academia es muy crítica: “A mí me parece que las definiciones teóricas no tienen ningún sentido en absoluto para el fondo de lo que estamos haciendo, como distinguir entre arte sacro y arte religioso. Estamos tratando de llegar a las personas”.
Diseñó la Capilla del Encuentro en la Universidad Católica. Cuenta con una serie de obras en tonos de violeta que muestran diferentes encuentros entre Dios y los hombres, con un enfoque actualizado. Al igual que contaba Martha, vive su capacidad creativa como parte de un don divino. Para él, Dios intercede e inspira su obra: “Le pido a Dios y al Espíritu que me iluminen y me guíen sobre cómo abordar ese tema de la mejor manera y cómo retratarlo en esa obra. Si yo siento que no está esa presencia, entonces tampoco está el cuadro”.
Aunque su obra puede resultar disruptiva, contó que ha tenido el visto bueno de la Iglesia en varias ocasiones: “Al cardenal Sturla le ha gustado muchísimo, y desde la parroquia de Malvín me pidieron que diera las charlas de Cuaresma contando Jesús Es Mi Wifi, y fue algo muy bonito».
Entre tradición y nuevos lenguajes, el arte religioso sigue buscando caminos para llegar a las personas.
Santiago Zabala encuentra en el arte una pieza clave. Un esquema que sirve para explicar cómo entiende el mundo. Es licenciado en Bellas Artes, y estudió teología porque no encontraba en el mundo de las artes plásticas la formación educativa que necesitaba para dedicarse al arte sacro. En su caso, el arte apareció en su vida bastante antes que su vínculo con Dios: “Lo que siempre recuerdo que estuvo en mí desde muy chico fue sentirme cómodo en el lenguaje del dibujo, la pintura, las artes plásticas en general. Sin embargo, no fue así en el terreno de lo religioso. Recién en mi adolescencia la pregunta sobre Dios empezó a estar más presente”. Una vez con los dos pilares integrados en su mundo, realizó el curso de Teología y Arte que estuvo a cargo del obispo Sanguinetti durante algunos años. Allí conoció a dos grandes amigos: Ramón Cuadra y el padre Edison Nogués, también escultor y artista plástico.
Para Santiago, el arte invita a ejercitar la contemplación de la imagen, actividad “potente para acercarse a Dios y que está al alcance de todos”. No solo encuentra en Dios y en el arte dos pilares fundamentales para su vida, sino que le explican el mundo y se mantienen entrelazados: “Sin querer hago una lectura de la vida como una gran composición, empiezo a leer todo lo que veo, escucho y vivo como una gran obra de arte. No solo digo que hay que buscar el equilibrio y la armonía hasta que se haga bella una obra, sino que me doy cuenta que es lo mismo que aplico en la vida: buscar el orden, las proporciones, qué lugar o qué tiempo tenemos que dedicar para cada cosa, dónde está lo bello y lo desordenado”.
Así, entiende a Dios como el artista de una gran obra que habitamos todos.
Al igual que Martha, trabajó artísticamente con monseñor Sanguinetti, su antiguo profesor. Fueron dos años y medio de trabajo para la catedral. El encargo inicialmente había sido para el padre Nogués, previamente mencionado, pero no pudo comprometerse por el tiempo y la entrega que le requería. Así, le sugirió a Sanguinetti el nombre de Santiago. “Él creyó que el que podía enfrentar ese desafío era yo. No solo se lo agradezco a él por haber confiado en mí, sino también al obispo, por haber aceptado su sugerencia”.
De la experiencia destacó cómo quienes tienen fe pueden ser distintos entre sí, no coincidir en temas diversos, pero que, a la hora de trabajar en equipo para Dios, todas esas “pequeñeces” transitorias quedan completamente a un lado. “Más allá de sentirme conforme con cada una de las más de veinte pinturas que dejé allí, sin duda el aprendizaje fue disfrutar de componer cada una de ellas y que Dios ordena todos esos tiempos, haciendo que se cruzaran nuestras vidas”. Y, para terminar, reflexionó: “Uno en la Iglesia conoce gente que tiene que ver con el arte y gente que no, pero estamos de acuerdo en que lo sentimos importante, valioso, y así se mantiene la tradición de dos mil años”.
Los cuatro entienden el arte de maneras muy distintas. Uno habla de evangelizar, otro de contemplar, otro de tradición y otra de creación. Sin embargo, todos coinciden en algo: la obra nunca empieza ni termina únicamente en las manos del artista. En un Uruguay profundamente secularizado, para ellos el arte sigue siendo un lugar donde todavía es posible conversar con Dios.
Sus perfiles:

Ramón Cuadra:
Escultor uruguayo. Carrera consagrada de más de 50 años. Fue presidente de la Comisión de Arte Sacro y Bienes Culturales de la Iglesia de Montevideo. Integra el Consejo Nacional de Museos, una entidad pública.

Martha Escondeur:
Pintora y escultora figurativa. Ha realizado varias obras religiosas, como algunos encargos para la catedral de Canelones por Monseñor Sanguinetti.

Leandro Gómez:
Licenciado en comunicación. Se inició en el arte religioso con su obra Cristo del Carrito, un encargo del Padre Cacho. Recientemente diseñó la Capilla del Encuentro de la Universidad Católica del Uruguay.

Santiago Zabala:
Licenciado en Bellas Artes y formado en Teología y Arte Sacro. Docente tanto de arte como de religión. Ha realizado varias obras de arte sacro como algunos encargos para la catedral de Canelones por Monseñor Sanguinetti.
Iglesia Católica de Montevideo

