Cuatro políticos de distintos partidos conversan sobre la fe y cómo Dios impulsó su vocación de servidores públicos.
A simple vista no parecen tener demasiado en común. Han competido en elecciones, debatido ideas y defendido proyectos distintos para el país.
Solemos ordenarlos en veredas opuestas, como si la política fuera básicamente el espacio del desacuerdo, pero en este “país de las cercanías”, incluso ellos tienen vivencias e historias que los encuentran.
Una de ellas es la fe. Pedro Bordaberry, Gonzalo Civila, Javier García y Pablo Mieres tienen trayectorias diversas y ocupan distintas filas partidarias, pero tienen en el vínculo con Dios una raíz común que, con los años, se convirtió en una forma de servir al otro a través de la actividad política.
“Yo siento que el paso a la política fue a partir de mi compromiso cristiano”, cuenta Mieres, pero la frase bien podría extenderse a todos los demás.
La familia, el colegio y la parroquia
Sus ribetes espirituales tienen similitudes con los de cualquier otro cristiano. Varios escucharon hablar de Dios por primera vez en la familia, o descubrieron la fe gracias a una ferviente adolescencia en grupos juveniles, en colegios o parroquias.
Bordaberry y Civila encuentran, en “la vieja”, un eslabón clave del proceso. El dirigente colorado se refiere a ella como “una santa mujer” que hasta de grande lo interrogaba para saber si había ido a misa. Cree que su ardor en la oración logró con él lo de santa Mónica con Agustín de Hipona. “Estoy seguro de que intercedió mi vieja”, asegura el senador con una risotada acerca de sus vaivenes espirituales.
El ministro de Desarrollo Social, a su vez, alude a la formación franciscana de su madre como algo “que siempre estuvo” y que, de algún modo, sentó las bases para lo que luego descubrió en carne propia en el Colegio y Liceo Corazón de María de las Hermanas Educacionistas Franciscanas. Fue por esa institución que tuvo la posibilidad de acercarse y vivir distintas experiencias pastorales en la periferia montevideana que, según recuerda, lo “marcaron mucho”.
La experiencia al servicio del hermano selló también la juventud del nacionalista Javier García, que creció en el Colegio Maturana y luego pasó por el Juan XXIII, donde fue partícipe junto a varios exalumnos de la fundación del Sector Social Juan XXIII, que hasta el día de hoy reúne a distintos oratorios en el cinturón de Montevideo.
No obstante, García no es el único dirigente político que menciona la obra salesiana como una etapa de significativa transformación.
Pablo Mieres dice que terminó de madurar su compromiso y opción por la vida cristiana en un retiro de primero de bachillerato en el preuniversitario salesiano, colegio por el que también pasó el senador Bordaberry. El líder colorado narra con entusiasmo y algo de nostalgia aquellos años hondos en el Juan que, recuerda, fueron “de mucho pensar en Dios”.
Sin embargo, para el dirigente del Partido Independiente y el exministro García, la historia del paso de Dios por sus vidas es también inseparable de la vida parroquial.
Mieres hizo la escuela y los primeros años del liceo en el antiguo Colegio Inmaculada Concepción “Los Vascos” y ese fue su conducto para integrarse a la Parroquia San Miguel Garicoits. Allí participó de los grupos de reflexión y trabajó por la pastoral juvenil, tanto a nivel parroquial como diocesano.
García, en tanto, nació en Jacinto Vera y desde chico se involucró en las propuestas grupales de la parroquia del Reducto. Sus padres eran activos colaboradores de la vida parroquial y el exministro recuerda con cariño las reuniones en su casa que su madre organizaba, pizza mediante, para planificar la pastoral zonal.
Esa vivencia de la cercanía y del prójimo es la que, con otras expresiones, narra Civila. El dirigente socialista recuerda los procesos con las comunidades de base a nivel barrial como una experiencia que fue trascendental para “madurar” la vivencia de la fe y, además, realzar la opción por el compromiso social.
Hoy en día, el devenir cotidiano lleva a estos dirigentes a asumir su condición de personas creyentes “con naturalidad”, sin que esto implique asumir una postura de política confesional.
Sin embargo, Bordaberry señala que “a veces te juega en contra ser creyente” porque “la gente cree que el católico hace lo que el cura le ordena el domingo o que Sturla nos llama y nos dice: ‘tenés que hacer esto’”. Para el senador colorado, esa mirada termina por deslegitimar los argumentos de un creyente porque en el debate público se atribuyen más a una obediencia religiosa que a una convicción personal.
Ver la política como servicio
Las personas somos nuestras circunstancias. Y la realidad haría coincidir aquellos cuestionamientos con momentos de una enorme relevancia social.
Mieres y García son prácticamente de la misma generación y vivieron buena parte de su adolescencia y su despertar espiritual bajo el régimen dictatorial.
El líder del Partido Independiente cuenta que “los grupos de reflexión eran un espacio de libertad, de discusión plural y de reflexión de la fe, que obviamente tenía una referencia directa con los problemas de autoritarismo y exclusión que estábamos viviendo”. Su razonamiento era que la militancia pastoral era un binomio que no podía separarse del compromiso por la recuperación democrática, lo que lo llevó a sumarse al Partido Demócrata Cristiano.
Por su parte, García recuerda que mientras comenzó a animar en los oratorios salesianos descubrió una experiencia que contrastaba con el clima que imponía la dictadura: “las reuniones servían no solo para organizar las actividades propias de los oratorios, sino también para debatir e intercambiar sobre lo que pasaba afuera”.
Para el senador nacionalista, aquellos “espacios de libertad” fueron fundamentales para “compatibilizar la militancia social y los oratorios, con la militancia política” que, en su caso, se materializó desde los dieciséis años en el Partido Nacional. “Una fe que no es fecunda y no germina no tiene sentido. La fe vale en virtud de que es carne, de que viva, progrese y que accione”, analiza sobre aquellos años.
El caso de Civila tiene un evidente matiz generacional: el hecho que marcó su juventud no fue la dictadura, sino la crisis económica y social del año 2002.
Su trabajo pastoral de entonces en la periferia de la capital lo llevó a conocer cara a cara “los gritos de esas comunidades empobrecidas y afectadas por la injustica y la desigualdad”, algo que vio “incompatible con el Evangelio” y lo motivó “a dar el paso a nuevas formas de compromiso” que implicaran trabajar por “transformar las estructuras sociales”.
El dirigente socialista se afilió al Frente Amplio a los diecisiete años y recuerda que, en ese anhelo de entender la sociedad como un todo, donde “nadie es más que nadie”, fue fundamental la experiencia de “fraternidad” que mamó de la espiritualidad franciscana, además de la adhesión a la teología de la liberación.
En lo que sí coinciden todos es la intuición común de que la actividad pública tenía sentido si era en función del interés de todos. Eso los movilizó antes; eso los sostiene ahora.
“La política hay que verla como servicio. Venir a servir y no a ser servido, como decía el mejor de todos”, dice Bordaberry a modo de reflexión.
El desafío de vivir la fe
Si el compromiso con el servicio público aparece como un punto de encuentro, las praxis cotidianas de la fe revelan, en cambio, algunas divergencias.
Bordaberry mira el horizonte cuando responde y parece conectar con un vínculo con Dios más hondo, que se ha ido acomodando con el paso de los años. Asume un recorrido itinerante, cargado de altibajos, pero lo tranquiliza que cuando leyó a Madre Teresa descubrió que ella también había tenido momentos de vacío espiritual. “Si lo vivió ella, qué dejás para mí”, dice, a las risas sobre sus períodos de sequedad.
El líder colorado asiste a misa diaria ―“algo espectacular”, expresa― y reza el rosario cada jornada. “El Señor te va puliendo” ―apunta―, como le sucedió en 2017, cuando “andaba entreverado” y se fue a hacer el Camino de Santiago y, tras muchos años ambivalente en su recorrido espiritual, “terminó de colocar las cosas en su lugar”.
García reconoce que ha tenido sus “peleas” con Dios, pero asegura que “cuando se cree es de cuerpo entero”. El nacionalista dice que “cuando uno tiene fe es porque cree en valores, cree en una forma y en un ser, aunque en la práctica diaria” nos cueste ponerlo en práctica.
Se autodescribe como “salesiano”. Subraya que quiso que sus hijos recibieran formación católica y cuenta que va a misa con su esposa a las Esclavas, en Pocitos, o al Sagrado Corazón, en Punta Carretas.
Igual de itinerante con los lugares de las celebraciones se reconoce Civila. Aunque no tiene una parroquia fija, encuentra «momentos de discernimiento, de oración y de poder pasar por el corazón y por el proceso de fe» junto a «varios hermanos».
Para el ministro de Desarrollo Social, la experiencia de Dios no se limita solamente a esos espacios. «La experiencia de Dios es permanente», afirma, y encuentra en el ejercicio cotidiano de su responsabilidad una fuente constante de inspiración. «Veo a diario signos y procesos que me llevan al Evangelio y que me llevan a inspirarme y referenciarme en el modo de Jesús», concluye.
En la voz de:

Pedro Bordaberry:
Senador de la República por el Partido Colorado. Candidato a la presidencia en dos ocasiones y ministro durante el gobierno de Jorge Batlle. Dice que Dios es “el creador”: “es un ser superior a todo, que estaba antes, que está durante y estará después. Es el tiempo y la eternidad. La explicación de todo”.

Gonzalo Civila:
Ministro de Desarrollo Social. Diputado y senador en varios períodos, además de secretario general del Partido Socialista durante casi siete años. “Una presencia amorosa permanente en mi vida que se expresa en la experiencia comunitaria de la fe”, responde al ser consultado sobre quién es Dios.

Javier García:
Senador de la República por el Partido Nacional. Antes diputado y ministro de Defensa Nacional durante la presidencia de Luis Lacalle Pou. Define a Dios con una imagen bíblica: “el Buen Pastor”.

Pablo Mieres:
Líder del Partido Independiente y candidato a la presidencia de la República en todas las elecciones desde 2004. Exdiputado, exsenador y exministro. Asegura que Dios “no es algo, sino alguien. Es una presencia y una relación”.
Iglesia Católica de Montevideo

