Lo que comenzó como un quincenario arquidiocesano, nacido casi artesanalmente entre parroquias, fotografías y cierres a contrarreloj, hoy es una extensa revista temática que busca compartir la realidad desde una mirada de fe y dialogar con la sociedad.
En este mes de las vocaciones, celebrar los seiscientos números de Entre Todos es también reconocer una vocación particular: la de comunicar. Porque detrás de cada edición hubo periodistas, sacerdotes, diseñadores, fotógrafos, distribuidores y lectores que confiaron generosamente en que la Buena Noticia también necesita palabras, imágenes y relatos capaces de tocar el corazón y mostrar la riqueza de nuestra Iglesia.
A lo largo de estos más de veinticinco años, Entre Todos fue mucho más que una publicación institucional. Fue, si se nos permite la expresión, una memoria viva de la Iglesia de Montevideo. En sus hojas de distintos tamaños y calidades — algunas en sencillo blanco y negro o con impresión a color— registró misiones, ordenaciones, testimonios, historias de dolor y también de esperanza.
Más allá de los distintos cambios que tuvo —anteriormente quincenario, en la actualidad revista—, hay algo que no cambió: Entre Todos continúa siendo una obra profundamente comunitaria. De hecho, su nombre expresa una convicción presente en todo el equipo de redacción: la comunicación de la Iglesia no pertenece solo a unos pocos, sino que debe involucrar a todos nuestros hermanos.
Por eso, cada comunidad, testimonio e historia compartida, nos ayudó a mostrar la riqueza del pueblo de Dios, sin perder tampoco de vista los desafíos que implicaba mantener este tipo de medio impreso, que busca anunciar a Cristo dentro de una sociedad cada vez más secularizada.

En este último tiempo, en una época marcada por la velocidad y la inmediatez, Entre Todos eligió otro camino: detenerse a reflexionar, escuchar, profundizar sus contenidos y acompañar a los lectores con una propuesta diferente durante todo el mes. Por este motivo, en sus hojas encuentran artículos de actualidad, entrevistas, reflexiones y columnas de opinión, pero también textos para profundizar nuestra fe.
Ya no se trata solamente de informar, sino de ayudar a mirar la realidad con esperanza cristiana. Esa sigue siendo, quizá, nuestra vocación más profunda.
Seiscientos números después, la misión de Entre Todos continúa. Cambian los formatos, las tecnologías, los recursos con los que contamos, pero permanece intacto el deseo de anunciar a Cristo y reflejar cómo sigue actuando en la vida concreta de las personas. Porque toda auténtica comunicación cristiana nace, antes que nada, de una vocación al encuentro.
Entre Todos en la voz de sus directores
Compartimos el testimonio de gran parte de los directores de Entre Todos, en sus seiscientos números. También recordamos con profundo cariño a los padres Enrique Passadore (director entre marzo de 2004 y enero de 2009) y Robin Traverso (director entre enero de 2009 y enero de 2013).
El P. Enrique Passadore estuvo casi cinco años como director y fue, además, fotógrafo en las distintas coberturas y celebraciones arquidiocesanas. Falleció el 29 de octubre de 2019.
En sus cuatro años al frente de esta publicación, el P. Robin Traverso marcó una fuerte presencia de la información de las distintas comunidades arquidiocesanas. Falleció el 5 de abril de 2021.

P. Gonzalo Estévez:
Marzo de 2001 – Marzo de 2004
Primer director del quincenario. Actualmente es vicario general de la arquidiócesis, párroco de Ntra. Sra. del Sagrado Corazón (Punta Carretas) y asesor eclesiástico de Entre Todos.
El 3 de marzo de 2001 apareció el primer número de Entre Todos… Era un quincenario que, con nuevo nombre y algunas novedades de equipo y enfoque, seguía siendo el Montevideo Entre Siglos que, a su vez, había seguido el trabajo de otros periódicos por medio de los cuales la Iglesia de Montevideo buscaba vivir la comunicación entre sus miembros, en un momento en que las redes sociales estaban en pañales. Recuerdo con peculiar cariño aquellas noches de reunión en la Curia con el equipo editorial, buscando, armando, cortando y pegando para que, la vida de las comunidades y movimientos de la arquidiócesis pudieran ser conocidas por todos. Los inolvidables y queridos Pepe Piña, con su profundo compromiso con la pastoral de conjunto y su inquieta búsqueda de las actividades realizadas o por hacer, y Quique Pasadore, poniendo calma con sus lentes en la punta de la nariz, corrigiendo estilo y tecleando con prolijidad, poniendo paz en un ambiente, por decirlo del modo más elegante, desordenado y apresurado. Con Pablo Podestá atento a lo que pasaba en la Iglesia en el Mundo, y Martín Bazzino ya entonces arrinconando posibles visadores para sostener el quincenario. Y Lelia Leal, con paciencia de secretaria y rigor de contadora para atender toda la estructura administrativa (sin olvidar a Alejandro Briano en la contaduría de la curia) y a Jorge Zangrando, en su apartamento de Malvín dando lo mejor de su capacidad y creatividad para el diseño gráfico de cada número.
Cuando desde este nuevo Entre Todos, ahora revista mensual, me pidieron unas líneas, creo que esperaban una reflexión sobre la comunicación en, desde, y para la Iglesia. Pero me salieron del corazón estos recuerdos entrañables de aquellas “noches de comunión y trabajo”, para poder seguir la tarea que nos confiaron los que estuvieron antes y luego otros asumieron, con el hilo conductor del deseo de que la vida de la Iglesia fuese gritada desde las azoteas para iluminar, como una luz en lo alto, la ciudad y arquidiócesis en que vivimos siguiendo al Señor Jesús, y buscando predicar y vivir su Evangelio.
A los que estuvieron y ya no están, ¡gracias! A los que ahora trabajan, ¡gracias también! Rezamos por ustedes, porque hoy es Entre Todos, revista mensual, quien sigue diciéndole al mundo: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído”. Abrazo al equipo y a todos los lectores.

Miguel Pastorino:
Enero de 2013 – Enero de 2015
En su rol como director del Dpto. de Comunicación Social (Decos) de la arquidiócesis y del quincenario, priorizó el contenido formativo. Es docente e investigador, y actualmente colaborador de la revista.
Una de las cosas que siempre me preocupó y apasionó en la comunicación eclesial, no sin tensiones y dudas, fue recordar que no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo. Por eso nunca me entusiasmó demasiado la autorreferencialidad de llenar un medio de comunicación eclesial contando únicamente lo que sucede en las comunidades, las actividades, los encuentros y las noticias internas.
Pero también entendía que era necesario que las comunidades tuvieran un lugar donde conocer la vida de la arquidiócesis. Esa tensión nunca me resultó fácil de resolver. De hecho, al asumir la responsabilidad del quincenario, comencé a disminuir la cantidad de información y de notas sobre actividades, para ganar algo de espacio en temas de espiritualidad y formación.
Siempre fue una demanda muy presente en las comunidades: encontrar algo que alimentara la vida de fe.
En la radio hacía algo parecido: unos pocos minutos de noticias eclesiales y la mayor parte del programa ―diría que un 80%― dedicada a leer la palabra de Dios, predicar y orar con la gente. Uno ha recibido tanto de la Iglesia que quisiera que todo ese tesoro llegara a todos.
También me desafiaba otra pregunta: si queríamos escribir solo para leernos entre nosotros, o si queríamos que nos leyeran también fuera de la Iglesia. Para eso había que pensar contenidos capaces de poner en diálogo la fe y la cultura. Pero esa tarea quedó, sobre todo, para quienes me sucedieron.
Mirando la historia, solo puedo agradecer a quienes me precedieron y a quienes vinieron después, porque cada uno tuvo que asumir los desafíos que su tiempo le presentó.

P. Gonzalo Abadie:
Enero de 2015 – Enero de 2018
Dio un fuerte impulso al trabajo de articulistas en distintas temáticas y cambió el diseño del quincenario. Hoy en día es corrector de estilo y columnista de Entre Todos.
Mi relación con Entre Todos comenzó el día en que fui reclutado por el director de entonces, Miguel Pastorino, hace más de quince años. Allí conocí a dos patriarcas, Pepe Piña y Pablo Podestá, cuya autoridad se remontaba a la fundación de Montevideo Entre Siglos, que precedió a la publicación que cumple ahora seiscientos números. Se trataba de la misma criatura, pero con distinto nombre.
Ambos personajes custodiaban su historia y su destino. Pepe velaba por la fidelidad a los principios que debían animar sus páginas. Esas bases no constaban por escrito. Eran un legado que el mismo Pepe poseía y administraba a discreción. Pablo era el humilde y servicial archivero, entre otros menesteres indispensables que aseguraban la supervivencia de Entre Todos.
Conocí la publicación en su época todavía indómita y legendaria. Alguien pedía a último momento publicitar la venta de unos chorizos en una kermesse. Otro solicitaba una dentadura postiza. Ese tipo de cosas menudeaban, e iban todas a parar a la página dos, que se iba fragmentando en cuadros y rectángulos de todo tamaño, parados o acostados o inclinados, eso era lo de menos. Como en los buses, siempre podía entrar más gente.
Si había que emparejar un hueco, se añadía alguna ocurrencia como salvavidas: “Bielsa deja a Nahitan en el desamparo”; “El sol volverá a calentar”, lo que fuera. Pepe manejaba como nadie ese oficio, y sabía evocar algún principio fundacional para respaldar profesionalmente sus diligencias. Es posible que yo confunda estos recuerdos. En esos días brumosos no parecían valer tanto las palabras, los párrafos, ni el decoro ortográfico; tampoco la sintaxis. Se festejaba que la cosa entraba, y listo. Se festejaba que lo hacíamos entre todos, y eso bastaba. O tal vez yo lo esté imaginando.

Carolina Bellocq:
Enero de 2018 – Enero de 2020
Fue la primera mujer al frente del entonces quincenario. Lideró un proceso de profesionalización en el trabajo de Entre Todos, con foco en las noticias arquidiocesanas.
Llegué al Decos en 2016, cuando el P. Pablo Coimbra había recibido el encargo de profesionalizar la comunicación de la arquidiócesis. Con el Diác. Víctor Hugo Méndez se dedicaron al estudio, consiguieron apoyo y asesoramiento, y luego hicieron equipo. La entrevista que me hicieron, para ver si calificaba para el puesto, tuvo una cuota de surrealismo. El P. Pablo me preguntó si me veía como “jefa de redacción”. Le devolví la pregunta: “¿Y cómo es esa redacción?”, “lo que tú digas”, me respondió. Perplejidad. Me aclaró, entonces, algo que guiaría nuestro trabajo en los siguientes cuatro años: “Yo soy contador y sacerdote, pero no soy comunicador. Lidero el equipo, pero en lo técnico, confío en los que saben. Por eso somos un equipo, y yo confío en la gente”.
Con ese equipo ―entusiasta, profesional, joven― renovamos el sitio web, ¡generamos la marca ICM!, generamos cuentas institucionales en redes sociales y creamos ICMtv. Luego llegó el desafío de integrar Entre Todos al ecosistema, y otra vez una pequeña revolución: pensamos las secciones, columnistas, redactores. Cambiamos el diseño, la imprenta, la impronta.
Como licenciada en comunicación ―aunque me gusta más decir que soy periodista― vibro con la noticia y el relato. Pero más aún si se trata del diario papel: la sensación de tener los dedos manchados de tinta, el desafío de escribir en la cantidad precisa de caracteres, el cálculo de las palabras en el diseño de la hoja. Poder vivir eso mismo y poner mi vocación profesional al servicio de la Iglesia fue un regalo. Las letras empezaron a tener un sentido distinto. Las historias que pude atestiguar ―para contar― tenían una luz especial. Espero haber transmitido en estas líneas, aunque sea parte de todo lo que recibí.

Camilo Genta:
Setiembre de 2020 – Actualidad
Buscó una mayor llegada a la sociedad, en sinergia con los demás medios de la arquidiócesis. Impulsó la transformación de Entre Todos, de quincenario a revista mensual.
Esta sexcentésima edición del quincenario nos encuentra en plena época de cambios. Y que no se entienda mal, no se tratan solamente de cambios a la interna de la publicación —que también están ocurriendo—, sino que me refiero, principalmente, a la crisis social a nivel nacional y global en la que estamos inmersos, hundidos, ahogados.
Estas son las sensaciones con las que día a día nos podemos encontrar en nuestros trabajos, en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestros lugares de encuentro… en nosotros mismos.
En la huida hacia adelante que vivimos como sociedad, de la que nos toca ser partícipes, también nos toca ser testigos. Y creo que ahí reside el valor de Entre Todos, ya no como publicación —que ha tenido cambios de formato, de contenido, de perfiles periodísticos en sus veinticinco años de existencia— sino como concepto: ser testigos privilegiados de todo el bien que Jesucristo, nuestro Señor, hace en y a través de su Iglesia.
En un mundo que parece estar a punto de colapsar, del que poco entendemos y del que parecemos estar desconectados — vaya palabra sugerente—, tenemos la obligación como Iglesia, y como equipo de redacción de este medio, de colaborar para que nuestros hermanos estén atentos y firmes en la fe. No una fe apagada, lánguida y fuera de la realidad, sino una capaz de ser luz que ilumine a la sociedad, valiente en el debate público y, sobre todo, que proclame a un Dios vivo y que saca bien de toda crisis.
A todos quienes participaron o participan de Entre Todos, en sus 600 números, ¡muchas gracias!
600 momentos de encuentro
Las portadas también cuentan historias. No solo por lo que muestran, sino por todos los recuerdos que evocan. Hay comunidades, celebraciones, acontecimientos arquidiocesanos, obras sociales, también papas que ya son memoria. Mirar las tapas de cada edición nos ayuda a recorrer parte de la historia reciente de la Iglesia que peregrina en Montevideo y descubrir cómo, a través de distintos papeles, formatos, diseños y generaciones distintas, Entre Todos estuvo al servicio de nuestra arquidiócesis como herramienta para anunciar la Buena Noticia y la realidad que nos toca vivir, desde una mirada de fe.

¡Recibí la nueva revista en tu casa!
¡Entre Todos cumple 25 años acompañando nuestra vida de fe! Y para celebrarlo, decidimos reconvertirnos. Desde marzo saldremos en formato revista, para acompañarte a lo largo de todo el mes con información, actualidad, entrevistas y reflexión sobre temas de nuestra Iglesia.
Podrás conseguir cada número en cualquiera de los dos locales de la Librería LEA (Cerrito 473 y Solano García 2517), en tu parroquia más cercana o por suscripción con envío sin costo, solicitándolo aquí o a través del número 098 411 393.
Iglesia Católica de Montevideo

