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“Pueblo de Dios, bendice a tu Señor”

Misa Crismal en la Catedral de Montevideo
Consagración de los Santos óleos / Fuente: Decos Montevideo

El Jueves Santo se celebran dos misas: la llamada Misa Crismal, que tuvo lugar esta mañana en la Catedral Metropolitana, y la misa vespertina en la Cena del Señor, en las parroquias y capillas. La Misa Crismal incluye la consagración de los santos óleos que se usan para los catecúmenos, el bautismo, las confirmaciones, ordenaciones, consagración de los altares e Iglesias y para la unción de los enfermos.

En esta celebración resalta el tema del sacerdocio, y su institución por parte de Cristo. Como expresión visible de la Iglesia jerárquica, es una ocasión única; más aún si están presentes también un buen número de fieles, dándole a la celebración un significado más fuerte de unidad del Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia local.

En la Misa, presidida por el Cardenal Daniel Sturla, estuvieron presentes todos los curas y diáconos de la Arquidiócesis, así como una muy buena cantidad de fieles. La Catedral lució colmada y los cantos acompañaron el clima celebrativo. ICM comparte con ustedes algunos de los pasajes centrales de la homilía.

“Somos cristianos, es decir ungidos”

El Cardenal Daniel Sturla recordó el himno con el que comenzaba la celebración “cantabamos <<Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal. Pueblo de Dios, bendice a tu Señor>>”. Dijo que el canto “expresa muy bien lo que celebramos”.

El Arzobispo de Montevideo deseó un “ Feliz día del sacerdocio de Cristo a todos. A todos los bautizados, Pueblo sacerdotal. Hemos sido hechos sacerdotes por el bautismo, llamados a hacer de la vida diaria una ofrenda agradable a Dios”. Y agregó, “somos cristianos, es decir, ungidos. Decía la segunda lectura “Él nos amo y nos purificó de nuestros pecados por medio de su sangre e hizo de nosotros un reino sacerdotal para Dios Padre.”

El Cardenal Daniel Sturla deseó también “Feliz día a los papás y mamás. Que sacerdocio este de unir sus vidas en el amor, de dar vida y engendrar nuevos integrantes del pueblo sacerdotal del Señor y presidir la Iglesia doméstica. Feliz día, de modo especial, a los papás y mamás que han visto en sus casas crecer el don de la vocación sacerdotal o religiosa en algunos de sus hijos”.

El Arzobispo continuó saludando: “Feliz día a los abuelos que han sabido transmitir la tradición de la fe. Y lo siguen haciendo con un testimonio lleno de ternura”. No olvidó a los jóvenes, a los niños, a las consagradas y consagrados, así como a los diáconos permanentes. También mencionó “a los que hemos sido llamados a participar del sacerdocio ministerial de Cristo”.

El Cardenal Daniel Sturla exclamó “¡¡¡Que hermosa que es la Iglesia, que alegría pertenecer a ella!!!” y agregó “Que bueno que nos sintamos contentos de ser parte de la Iglesia, sabiendo sí que no es club de perfectos, sino pueblo pecador. Pero ungido por el Señor y hecho entonces asamblea santa por la acción del Espíritu Santo”.

Además, el Arzobispo advirtió que “No somos una barra de amigos que se reunen, somos un pueblo de comunión y de servicio. Venir hoy aquí expresa esta realidad de la Iglesia, que escapa al que la percibe desde afuera sin penetrar en su misterio”. Dijo que “la fe cristiana une lo humano y lo divino, con la misma naturalidad de la Madre que le puso los pañales al Hijo de Dios”.

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“Hoy es nuestro día”

Más adelante, el Cardenal Daniel Sturla recordó que “Hoy, hermanos sacerdotes, es nuestro día, somos parte del Pueblo de Dios”. Mencionó que los sacerdotes están llamados a identificarse con Cristo “de tal manera, que nuestras palabras y nuestros gestos en la celebración litúrgica, tienen la eficacia que el Espíritu Santo les confiere desde el día sagrado de nuestra ordenación sacerdotal”.

El Arzobispo agregó que “nosotros recibimos los sacramentos, pero somos también sus administradores”. Puntualizó que “Identificados con Cristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia, estamos llamados a ser servidores fieles, pastores buenos desde nuestra realidad humana, frágil y pecadora, pero también fuerte por la gracia de Dios y llamados a las más altas cimas de la santidad”.

El Obispo de Montevideo agradeció a los sacerdotes que vienen desde otros países lejos por su disponibilidad misionera. Y recalcó que en la fe no existen las fronteras, que nadie se puede sentir extranjero.

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“Vivir con alegría lo que somos”

”A continuación, el Cardenal Daniel Sturla puntualizó que en “el sacerdote en nuestro país no es el padrecito, amado y respetado, de otras partes de América. No somos el prestigioso clérigo de las películas de antes”. Matizó diciendo que “tampoco somos perseguidos, como algunos hermanos nuestros lo son en este mismo momento. Aquí somos el cura. Mirado desde los ángulos más diversos de nuestra polifónica realidad cultural”.

El Arzobispo de Montevideo aclaró que “ser el cura en nuestro país no nos da privilegios, ni honores. No estamos acostumbrados a grandes éxitos pastorales; nuestra Iglesia muchas veces va contra corriente o es dejada al margen por la indiferencia de la mayoría”. Y enfatizó en que “nuestro desafío es vivir con alegría lo que somos. Esta realidad nos ubica más cerca de Jesús”.

El Cardenal Daniel Sturla animó al clero de Montevideo diciendo “Seamos el cura, que vive de tal manera que nuestra vida sea respuesta para nuestros fieles y pregunta para los que están lejos”. “No pasemos desapercibidos” pidió. Recordando las Renovación de las promesas sacerdotales, que son parte de la celebración de la Misa Crismal, destaco las figuras de Mons. Jacinto Vera y del Padre Cacho.“Vamos a hombros de gigantes, seamos dignos de ellos.”, agregó.

Sobre el final, el Arzobispo dijo que “El Espíritu Santo es dador de vida, el nos ha ungido, no nos deja tranquilos, nos inquieta, nos rejuvenece, nos da la agilidad del amor, alivia el esfuerzo de los remos con la suave brisa que lleva a buen puerto”. Llamó a todos a celebrar la Pascua “como un encuentro de amor entre el Señor que viene a nuestra pascua y nosotros que vamos hacia Él”.

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