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Mons. Cotugno: “El sacerdocio de Cristo me ha hecho, y me hace, plenamente feliz”

Celebración de los 50 años de ordenación sacerdotal de Monseñor Nicolás Cotugno
Mons. Nicolás Cotugno / Fuente: Fernando Polvarini

El miércoles 26 de julio, en la Catedral Metropolitana, la Iglesia celebró los 50 años de la ordenación sacerdotal de Monseñor Nicolás Cotugno, Arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Montevideo. La Eucaristía fue presidida por el propio Monseñor Nicolás Cotugno y concelebrada por varios obispos del Uruguay, entre ellos el Cardenal Daniel Sturla. La Misa fue acompañada por medio millar de personas que quisieron estar cerca de quien durante 15 años fue pastor de la Iglesia montevideana.

“Jesús es la única meta de salvación de la humanidad”

Al comenzar la homilía, Mons. Nicolás Cotugno quiso agradecer al Cardenal Daniel Sturla y en él “a todos los presentes por acompañarme en esta acción de gracias”. También se dirigió especialmente “a María, la Purísima Inmaculada Concepción” para que “nos ayude a ser sacramento de salvación, siendo signo e instrumentos de Cristo Jesús Resucitado, sumo y eterno sacerdote”.

El Arzobispo emérito volvió a agradecer al Cardenal Daniel Sturla “por el ofrecimiento de celebrar estos 50 años de sacerdocio al que el Señor me llamó, en esta hermosa Catedral que me vio servir como pastor durante 15 años, a esta porción del pueblo de Dios”. Después saludó al Nuncio Apostólico, Mons. George Panikulam y a “sus hermanos obispos” presentes en la Misa.

Monseñor Nicolás Cotugno recordó que en esa celebración se vivía la fiesta de los abuelos de Jesús, Joaquín y Ana, en la que siempre percibió “el sabor de una fiesta íntima de familia”. “Y sí, Jesús tuvo abuelos”, afirmó, “ese niño, totalmente hombre y totalmente Dios”.

Más adelante, Mons. Nicolás Cotugno rememoró su llamado al sacerdocio: “Nunca podré olvidar aquel sábado de marzo de 1954 antes de ir a jugar al oratorio salesiano de la Rondinella (que significa golondrina) en la periferia de Milán de posguerra. Mirando desde el fondo del templo parroquial el paso de la Auxiliadora, sentí como un borbollón adentro que me hizo decir: ‘Me hago sacerdote’. Y parece ayer”. Subrayó que “es que el sacerdocio ministerial de Cristo, recibido del Espíritu Santo, que me ha hecho, y me hace, plenamente feliz”.

El Arzobispo emérito explicó que “la Iglesia Sacramento, es la mediación concreta de la presencia real de Jesús Resucitado. Es Jesús que tiene que aparecer como la única meta de la salvación de la humanidad”. En esta realidad preguntó: “Queridos hermanos, especialmente los jóvenes, ¿no estaremos llamados a hacer del Concilio Vaticano II, que se terminó hace más de 50 años, el nuevo Pentecostés, como dijo el Papa Juan XXIII?”

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Don Bosco, “un místico en la acción” y la Fraternidad Contemplativa María de Nazareth

En la segunda parte de la homilía, Mons. Nicolás Cotugno quiso “compartir con todos su condición de salesiano”. Recordando distintos momentos de su vida sacerdotal, destacó el tiempo que ejerció de director del Seminario de Teología Salesiano y luego como responsable de los Talleres de Don Bosco. En esos años conoció al actual Cardenal Sturla, “que estaba en su etapa de tirocinante” (aprendiz, en italiano).También recordó su pasaje como Rector de Instituto Teológico del Uruguay, actual Facultad de Teología, “Mons. Mariano Soler”, entre 1984 y 1992.

“En esos años se echó la semilla en algunos jóvenes de lo que sería luego la Fraternidad Contemplativa María de Nazareth. Es un movimiento de vida contemplativa de la familia salesiana para la Iglesia”, trajo a la memoria Mons. Cotugno. Y se alegró al recordar que “el 18 de julio del año 2016, hace un año, el Padre Ángel Fernández Artime, rector mayor de los salesianos, décimo sucesor de Don Bosco, decretó la incorporación de la Fraternidad a la Familia Salesiana”.

El Arzobispo emérito mencionó que el grupo se propone “vivir en la comunidad, no una nueva forma de vida contemplativa, sino la dimensión contemplativa de la consagración bautismal de todo integrante del pueblo de Dios”. Y agregó, “una contemplación operante, que encuentra su modelo insuperable en María de Nazareth. Y que Don Bosco ha vivido en el contexto de la revolución técnica… de forma intensísima y original”.

Durante otro pasaje de su homilía, el Arzobispo emérito de Montevideo expresó que si tuviera que poner en evidencia un aspecto de Jesús, que en estos 50 años de sacerdocio le ha llamado la atención, le saldría espontáneo decir lo siguiente: “El Resucitado. Experimentado vivo en la Iglesia, en el mundo, en el universo, en la eucaristía, principio y fin de todo. Y no como una consecuencia de la especulación teológica, sino de una real experiencia de vida sacerdotal, pastoral y espiritual”.

Para concluir, Monseñor Nicolás Cotugno mencionó su felicidad por estos 50 años de sacerdocio al servicio de la Iglesia “signo, instrumento y sacramento de salvación, unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí”. Y se refirió a cómo su camino tras la huella de “Don Bosco, místico de la acción”, lo ha llevado a esta espiritualidad de la “contemplación operante” que se traduce en la Fraternidad Contemplativa María de Nazareth.

El Papa Francisco envió un mensaje que fue leído por el Cardenal Sturla y recibió aplausos de los presentes. Luego el actual Arzobispo entregó a su antecesor, a modo de regalo, una casulla con detalles dorados y rojo. Mons. Cotugno se mostró sorprendido y agradecido por el presente.

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