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Qué es un “Siervo de Dios”

Los pasos en el camino a la santidad y las siete causas de uruguayos
Siervo de Dios Padre Cacho, Siervo de Dios Walter Chango, Venerable Jacinto Vera, Beata Consuelo Aguiar Mella, Beata Dolores Aguiar Mella, Beata Francisca Rubatto

Hay varias etapas en un proceso de canonización, que suele durar muchos años o siglos y que culmina con la declaración de un fallecido como santo, puesto como ejemplo para todos los cristianos. Actualmente hay siete uruguayos en “carrera al cielo”: tres siervos de Dios, un venerable y tres beatas, todos modelos de vida y virtudes.

Siervo de Dios

walter-chango Al fallecer una persona “con fama de santidad”, el obispo local y el postulador de la Causa piden iniciar el proceso, presentando ante la Santa Sede un informe sobre la vida y virtudes de la persona. La Congregación para las Causas de los Santos examina el informe y dicta el decreto “Nihil obstat”, es decir, que no hay impedimento para iniciar los estudios en profundidad. El candidato es llamado Siervo de Dios.

Una vez que se tiene el “Nihil obstat”, el obispo diocesano, en este caso el Cardenal Daniel Sturla, dicta el Decreto de Introducción de la Causa del ahora Siervo de Dios. En Uruguay hay tres casos: el Padre Ruben Isidro Alonso (1929 – 1992, la causa formal comenzó en febrero de 2017), el Dr. Salvador García Pintos (1891 -1956, en julio de 2018 comenzó formalmente el proceso) y Walter Chango (1921 – 1939), que murió cuando era joven. En este caso la declaración “Nihil obstat” llegó el 3 de noviembre de 2001.

A nivel diocesano se estudia la vida del siervo de Dios y se prepara un informe con testimonios y pruebas documentales que afirmen que efectivamente vivió como un santo, identificado con Jesús. Este informe, que requiere de años de trabajo, se envía luego al Vaticano para su análisis. Entretanto, el postulador de la causa difunde su devoción privada, de modo que se haga más conocida su figura.

Jacinto-Vera.jpgVenerable

La Santa Sede analiza los documentos presentados por el tribunal local y, si es el caso, declara que el candidato es venerable. Es decir, que vivió y practicó las virtudes cristianas en grado heroico: las cuatro virtudes cardinales (justicia, templanza, fortaleza y prudencia) y las tres teologales (caridad, fe y esperanza). Este es el caso de Mons. Jacinto Vera (1813 – 1881), primer obispo uruguayo, que fue declarado Venerable el 6 de mayo de 2015 por el Papa Francisco.

Beato

Para la beatificación de una persona cristiana, además de las virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de su intercesión y verificadodolores-y-consuelo después de su muerte. El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida como mártir, como en el caso de las hermanas Dolores y Consuelo. Los beatos son venerados de forma pública en la Iglesia local.

Las beatificaciones las realizaba generalmente en Papa, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Pero desde octubre del año 2005, bajo el papado de Benedicto XVI, la Congregación para las Causas de los Santos dispuso para las ceremonias de beatificación la celebración en la diócesis que haya promovido la causa y, eventualmente, la realización en Roma.

Hay tres beatas que se consideran uruguayas. Por una parte la Madre Francisca Rubatto (1844 – 1904), religiosa capuchina, fundadora y superiora. Aunque era italiana, vivió gran parte de su vida en Uruguay y sus restos se encuentran en Montevideo. Fue beatificada por Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993. Asimismo, son beatas las hermanas Dolores (1897 – 1936) y Consuelo (1898 – 1936) Aguiar Mella, dos laicas uruguayas asesinadas en 1936 durante la Guerra Civil Española. Fueron declaradas mártires el 28 de junio de 1999 y beatificadas por Juan Pablo II , el 11 de marzo 2001.

Santo

Con la canonización, al beato le corresponde el título de santo. Para llegar a esto, hace falta otro milagro, ocurrido después de su beatificación. Al igual que ocurre en el proceso de beatificación, el martirio no requiere habitualmente un milagro. Esta canonización la hace el Papa en la basílica de San Pedro o en la plaza de San Pedro del Vaticano. En el caso del papa Juan Pablo II, las canonizaciones las realizaba en el país de origen del beato a canonizar durante sus viajes pontificios por el mundo. Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia católica. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

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