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“¡Queremos celebrar nuestras raíces!”

Discurso del Cardenal Daniel Sturla durante el acto cultural de la Fiesta san Felipe y Santiago
El Cardenal Sturla durante su discurso en la Fiesta san Felipe y Santiago / Fuente: Decos Montevideo

Señores ministros, subsecretarios, senadores de la república , representantes nacionales, embajadores acreditados ante la República, Sr. Comandante en jefe del Ejército y autoridades militares y civiles, Sr. Presidente del Pit-CNT, Sr. Intendente, señores ediles, representantes de iglesias ….. y del Comité Central Israelita del Uruguay, obispos diocesanos, queridos amigos y amigas:

Hace unos días en la ciudad de Trinidad, en el departamento de Flores, tierra de mi familia materna, invitado por el Obispo de San José Mons. Fajardo, participé de distintas actividades que culminaron con la recolocación de la pila bautismal primitiva de esta población fundada hacia 1804. La pila era una sencilla piedra, que se había ahuecado para cumplir su función en el rito ancestral del bautismo. Había mucha gente y estaba el intendente de Flores y el Director Nacional de Cultura del Ministerio de Educación el Sr. Sergio Mautone.

Una realidad variopinta

El Obispo Fajardo comenzó diciendo: “Árbol sin raíces no aguanta tormenta” citando a nuestros paisanos. Los paisanos lo dicen sin dudar, hablan desde la experiencia. Esto es lo que de algún modo queremos celebrar hoy con esta invitación que la Iglesia Católica ha hecho a este acto cultural con motivo de las fiestas patronales de San Felipe y Santiago, en este local tan hermoso que agradecemos a las autoridades de ANTEL que nos lo han prestado para esta noche.

¡Queremos celebrar nuestras raíces! Pero lo queremos hacer desde la cultura del encuentro, del diálogo, del aprecio a la polifónica realidad de nuestro Uruguay y de esta querida ciudad de Montevideo. Cuando miramos el Uruguay en su realidad variopinta, esta sociedad, laica, plural y democrática, que nos enorgullece, sentimos que este árbol con ramas tan diversas tiene en sus hojas los coloridos cambiantes de nuestro otoño. Este árbol tiene también sus raíces. No las vemos, pero lo sabemos, allí se alimenta. Son raíces diversas que dan vida al Uruguay de hoy.

Podemos considerar esto desde diferentes perspectivas:

Una puede ser la de nuestras raíces demográficas: el componente indio originario que hoy está siendo revalorizado en su fundamental contribución a nuestra sangre y cultura. ¿No es de origen indio el nombre que tenemos: “Uruguay”, río de los pájaros pintados, o los de tantos accidentes geográficos especialmente al norte del Río Negro? A la población originaria se sumó el aporte español del colonizador, que fundó nuestras ciudades y trajo nuestra principal riqueza: la ganadería, esos animales domésticos grandes que eran desconocidos en la geografía americana y que cambiaron radicalmente la alimentación y el transporte.

Llegó también el aporte de los africanos que clama su dolor junto con su grito de libertad apasionada. El portugués y el brasileño, el de los hermanos argentinos y la fuerte contribución de la inmigración italiana y luego tantos y tantos de las diversas partes del mundo que han venido y han encontrando en este país el lugar donde asentarse. No quiero dejar de nombrar el aporte judío muchas veces también unido a un dolor extremo que encontró alivio en estas playas.

Podemos también hablar de nuestras raíces y de nuestros frutos, desde otras perspectivas, desde distintos ángulos: filosóficos, políticos, sociales, económicos, deportivos, artísticos. Todos sumamos a la construcción de esta patria que nos hermana. También discrepamos, tenemos miradas diversas sobre el pasado y el presente del Uruguay. En la discrepancia el Uruguay ha conocido la intolerancia y la violencia de distinto tipo. También el horror de la guerra civil o de enfrentamientos armados. Esto duele y deja heridas profundas que solo la pelea entre hermanos puede dejar. Pero el Uruguay ha sido país de acuerdos, de transacciones, de diálogo.

Cultura del encuentro

Hoy sentimos fuerte el llamado a forjar una cultura del encuentro. “Necesitamos edificar, crear, construir, una cultura del encuentro” dice el Papa Francisco. El encuentro supone diálogo, apertura, disponibilidad a dar y a recibir. A aprender y a aportar. Corremos siempre el peligro de caer en el enfrentamiento o peor aún en la indiferencia y tenemos que trabajar y pedir la gracia de crear vínculos fraternos.

Esta cultura del encuentro no se realiza desde la negación de lo que uno es, o cree, o piensa. Es fecunda en la medida que, en una sociedad plural, cada uno puede vivir su propia identidad sin miedo, sin arrinconamientos, manifestándose con libertad en el ámbito público, que es de todos, en el respeto al otro, sin avasallar y sin esconder. Las religiones dan también su aporte a lo que esta sociedad uruguaya es. Lo religioso es un componente de lo humano presente en toda cultura.

Miramos nuestras raíces desde lo que hoy somos como nación y allí está presente la dimensión religiosa. La Iglesia Católica ha sido forjadora de esta nación, ha estado en su nacimiento. Esta fiesta a la que hoy los invitamos es la más antigua que se ha celebrado en esta ciudad.

Hoy la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, vive con total claridad y transparencia su vocación al diálogo y al encuentro. Lo hace también ayudando a nuestra sociedad a redescubrir sus raíces, y viviendo con sencillez su identidad y misión: anunciar el evangelio de Jesucristo. Compartimos con otras expresiones religiosas y filosóficas el deseo de abrir a nuestros niños y jóvenes horizontes de esperanza, anunciándoles la belleza de la vida, conscientes que en su formación no puede estar fuera el sentido espiritual que es portador de paz y alegría.

Les doy las gracias nuevamente por acompañaros esta noche en esta fiesta de San Felipe y Santiago, gracias a los artistas que han actuado o actuarán, gracias a la Profesora Ana Ribeiro. Gracias a todos los que han trabajado. Gracias. Dios los bendiga.

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