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Mons. Luis Eduardo González ya es Obispo

En una ceremonia multitudinaria y emotiva, asumió el nuevo Auxiliar de Montevideo
Mons. Luis Eduardo González Cedrés /M. Freire

Media hora antes de que comenzara la ceremonia, la Catedral de Montevideo estaba colmada. Fieles y sacerdotes de todo el país llegaron para la ordenación de Luis Eduardo González Cedrés, que fue designado por el Papa Francisco como nuevo Obispo Auxiliar de Montevideo.

Fue necesario instalar más sillas y pantallas en las naves laterales del templo, pues fueron muchos los que quisieron acompañar al sacerdote en esta ceremonia. Es oriundo de Maldonado y se notó la presencia de fieles de allí. También había muchos allegados al Seminario Cristo Rey, pues el nuevo Obispo es rector de esa casa de formación de sacerdotes.

El ordenante principal fue el Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo. Los otros obispos ordenantes fueron Mons. Milton Tróccoli y Mons. Rodolfo Wirz. El primero, actual Auxiliar de Montevideo, fue designado por el Papa como nuevo titular de Maldonado en sustitución de Wirz, que está en esa diócesis desde 1985 y presentó su renuncia después de cumplir 75 años.

Decenas de seminaristas y diáconos, y más de 120 sacerdotes, estuvieron en la ceremonia. Hubo padres del clero y religiosos, de Montevideo, Maldonado y otras diócesis del país. Concelebraron, asimismo, todos los obispos uruguayos. Estaban los titulares, los auxiliares y los eméritos, 15 en total.

La Catedral se colmó de fieles de todo el país, especialmente de Montevideo y Maldonado /A. González

La Catedral se colmó de fieles de todo el país, especialmente de Montevideo y Maldonado /A. González

La primera Lectura fue hecha por una hermana de la Presentación de la Virgen María que fue maestra de jardinera de Luis Eduardo. Esta congregación está presente en el pueblo Gregorio Aznárez y es la que dirige el colegio al que asistió el sacerdote.

El Evangelio fue proclamado por el Diácono Sebastián Alcorta, último ordenado por Montevideo. Él y un diácono fernandino -Richard López- fueron los acólitos principales a lo largo de toda la celebración.

Después del Evangelio comenzó el rito de ordenación episcopal, con el canto del himno Veni Creator, invocando la presencia del Espíritu Santo.

Dos sacerdotes, llamados “asistentes”, presentaron al candidato ante el Obispo ordenante principal, el Card. Daniel Sturla. Estos asistentes fueron el P. Pablo Coimbra, de Montevideo, y el P. Jorge Godoy, de Punta del Este. Luego se leyó el mandato apostólico, que es la misiva del Papa Francisco donde se designa al nuevo prelado. En el texto se destaca que se escuchó el pedido del Cardenal Sturla, “a quien preocupa el cúmulo de trabajo y responsabilidad en la vida cristiana”, de tener otro Obispo Auxiliar. “Consideramos que tú, dotado con las debidas cualidades y conocedor de los asuntos eclesiales, eres idóneo para desempeñar ese cargo”, escribió Francisco, quien deseó a González que pueda cumplir este nuevo servicio con las palabras y con el ejemplo de una vida de santidad.

Homilía al hilo del escudo

En la homilía, el Cardenal comenzó dando gracias a Dios por la ocasión y luego siguió el hilo del diseño del escudo de Mons. González. En primer lugar, se refirió a la uva y las espigas de trigo, símbolo de la Eucaristía y del crecimiento dinámico de la semilla. Dios actúa y transforma, y lo máximo que ha hecho es su encarnación y redención. “Tenemos que creer que el Evangelio toca y transforma. Y cuando toca y no transforma, hay que ver qué pasa”, indicó.

El escudo de Mons. González /A. González

El escudo de Mons. González /A. González

Luego habló del paisaje serrano de la Sierra de las Ánimas, que es el que se ve desde la casa donde creció Luis Eduardo. Esto le dio ocasión de hablar de la familia del Obispo, sus padres y hermanos, abuelos, tíos y primos, del pueblo entero donde creció. “De ese pequeño brote cortado en Gregorio Aznárez ahora tenemos un cedro frondoso, crecido en la humildad de una familia cristiana, en la vida de oración y trabajo. Vida austera que también sabía de la alegría”, mencionó el Arzobispo.

Después contó brevemente cómo fue el proceso vocacional de González, hasta que en la Capilla del Santisimo de la Catedral de Montevideo escribió la carta en la que pidió ser admitido como seminarista.

En su escudo también están los signos del pastor; el báculo y la mitra. “Un pastor es primero que nada un cristiano, llamado a vivir en el Pueblo de Dios y además está llamado a ser maestro, a enseñar. Por la ordenación episcopal se unirá al colegio de los obispos”, agregó. González se integra también al clero de Montevideo, “austero, trabajador, pobre, cercano a la gente, sin vueltas”. Y esta arquidiócesis “quiere ser misionera, salir, no se quiere conformar con un anuncio del Evangelio que quede en la mediocridad, adentro de las iglesias, sino que quiere salir y proclamar”, aseguró el Cardenal.

“Te recibimos con los brazos abiertos. Te deseo que seas tan bien recibido como lo fui cuando dejé la Congregación Salesiana para asumir como Obispo”, le deseó. Y luego hizo una comparación futbolística, en relación a esta ordenación y al anuncio de que el hasta ahora Axuliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli, fue designado titular de Maldonado.

“La joya de Maldonado -el Cavani del fútbol fernandino- vino a Montevideo. Pero les mandamos a Suárez a Maldonado”, comentó, y despertó muchas sonrisas y aplausos. Luego comentó también la designación de un nuevo nuncio para este país y pidió oraciones para que el Papa nombre a un Obispo para la diócesis de Tacuarembó y Rivera. Más aplausos por un territorio que desde el pasado agosto, cuando falleció Mons. Julio Bonino, está sin titular.

Hacia el final de su alocución, el Arzobispo retomó el hilo del escudo y mencionó la presencia de María, coronada igual que la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de la patria. “Te deseo que, por María, triunfes, con el sentido evangélico que pueda tener esta palabra: que seas fecundo como el grano de trigo. No porque seas fantástico, sino porque si te abres a la gracia del Espíritu Santo, habrá frutos abundantes para la Iglesia -el santo pueblo de Dios- para la Iglesia universal, a la cual también te unes como obispo y sucesor de Pedro”, concluyó.

La riqueza de la liturgia

El ordenante principal preguntó luego al candidato sobre sus disposiciones, de modo de asegurarse de su idoneidad. Interrogó sobre su voluntad de anunciar el Evangelio, conservar el depósito de la fe y edificar la Iglesia, entre otras cosas.

Postrado durante las letanías de los santos, pidiendo su intercesión por el ministerio /M. Freire

Postrado durante las letanías de los santos, pidiendo su intercesión por el ministerio /M. Freire

Después llegó el momento de pedir la intercesión de todos los santos por el candidato, que se postró rostro en tierra mientras el P. Sebastián Ferreira entonó el canto de las letanías. Además de los nombres que siempre figuran en este canto (apóstoles y grandes santos de la Iglesia), cada ordenando puede seleccionar algunos más. En este caso se escucharon menciones a la Madre de la Patria, Francisca Rubatto (beata que falleció en Uruguay), las beatas uruguayas Dolores y Consuelo y otros santos más recientemente nombrados, como la Madre Teresa de Calcuta, Luis Orione o Juan Pablo II.

El momento central de la ordenación es la imposición de manos y la oración consacratoria, que los presentes acompañaron en profundo silencio. Después dos diáconos asistieron para que le impusieran el Evangelio, abierto sobre su cabeza. La plegaria de ordenación fue pronunciada en parte por el Cardenal, en parte por todos los obispos presentes que, todos juntos, rogaron a Dios para que infundiera en Luis Eduardo el espíritu de gobierno que dio a su Hijo Jesucristo.

Durante la plegaria de ordenación /M. Freire

Durante la plegaria de ordenación /M. Freire

Los ritos complementarios son siete y se realizaron a continuación: la unción de la cabeza con el santo crisma, la entrega de los Evangelios, la entrega del anillo, imposición de la mitra, entrega del báculo, y saludo de la paz de todos los obispos. Cada uno de estos momentos está cargado de contenido, reflejando la plenitud del sacerdocio, el deber de anunciar la fe, la alianza nupcial con la Iglesia, la misión de guiarla, el pastoreo de almas y la comunión con el colegio episcopal.

Durante la imposición de la mitra /M. Freire

Durante la imposición de la mitra /M. Freire

Al final, el ya Obispo González se sentó en la cátedra, su sede episcopal. Y entonces estalló un aplauso, seguido del saludo de los obispos.

La Misa prosiguió como de costumbre, con guiños característicos de una ceremonia tan emotiva como esta. Por ejemplo, las ofrendas fueron acercadas por algunos familiares del nuevo Obispo, que aprovechó la cercanía para darles un beso y abrazo a cada uno. El primero y más grande, por supuesto, fue para su madre Teresita, que estaba visiblemente emocionada.

Mons. Luis Eduardo González y Teresita, su madre /M. Freire

Mons. Luis Eduardo González y Teresita, su madre /M. Freire

Después de la comunión, Mons. González recorrió la nave central de la Catedral dando su primera bendición episcopal. El primer paso, ligero, lo dio hacia su madre y le dio otro apretado abrazo. Después, sí, recorrió el pasillo bendiciendo, mientras el coro interpretaba una versión de “Consolad a mi pueblo”. Los ojos de la gente estaban fijos en él. Iluminados y vibrantes, acompañados de sonrisas generosas y, en algunos casos, de cierta humedad. Este momento llevó su tiempo, pues no faltaron quienes no se conformaban con una bendición de lejos y buscaron el abrazo.

“Solo Dios sabe por qué y para qué suceden las cosas en el mundo y en las personas”, dijo luego el Obispo cuando hizo uso de la palabra. Agradeció al Papa Francisco, al Cardenal Sturla y a Mons. Rodolfo Wirz, titular de la diócesis de Maldonado, y a todos los fieles de esa zona. Mencionó a todos los que lo han acompañado en su camino de fe, desde el Colegio y la Parroquia de su pueblo hasta el presente. No faltó mención a su madre, “¡Qué bendición me has hecho, Señor, con mi madre, Teresita!” Y antes de terminar, se encomendó a la Virgen María, a los patronos Felipe y Santiago, y a Mons. Jacinto Vera, primer obispo de la ciudad.

Después todos los obispos, los 15, se pusieron de pie y se tomaron una foto. Una imagen para el recuerdo, donde coinciden todos los pastores del país. Desde Mons. Roberto Cáceres -que cumplió 97 años y ya tiene 56 de Obispo- hasta Luis Eduardo González, que estrena su ministerio.

Todos los obispos de Uruguay /M. Freire

Todos los obispos de Uruguay /M. Freire

Muchos participaron luego en un brindis. Allí se proyectó un video con fotografías que resume el camino de Mons. González, el nuevo Obispo Auxiliar de Montevideo.

/Por Carolina Bellocq

Commentario(1)

  1. Silvia G. Levrero - von Sanden says

    Bienvenido a nuestra Arquidiócesis, Mons. Luis Eduardo! Que el Espíritu Santo lo llene con sus Siete Sagrados Dones! Conozco muy bien sus pagos porque mi esposo y yo éramos muy andariegos! Las ovejas de este rebaño montevideano lo recibimos con los brazos abiertos!

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