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Jesús está entre su gente

Más de 200 bautismo a la vera del Arroyo Miguelete
Bautismos en la Costanera del Arroyo Miguelete / Fuente: ICMtv

El jueves 4 de enero se celebraron, a orillas del Arroyo Miguelete, los bautismos de 200 niños y algunos adultos de la zona. La celebración sacramental estuvo presidida por el Cardenal Daniel Sturla, acompañado por el Obispo auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli, el párroco de la zona, el Pbro. William Bernasconi y el Pbro. Guillermo Striebeck. Este último formaba parte de la misión de la Sociedad San Juan junto a diez jóvenes misioneros.

Tanta fue la cantidad de bautizados y sus acompañantes que la celebración debió dividirse. Una parte de los bautismos fue en el pasaje vecinal de la costanera. La otra parte de los bautismos se realizó en la orilla parquizada del mismo arroyo, frente al Cementerio del Norte.

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La fiesta de ser hijos de Dios

Sobre las 17:30 horas varios vecinos se fueron acercando al lugar donde se realizarían los bautismo, se instalaron sillas, mesas y los recipientes que hacían las veces de pilas bautismales. La ceremonia se realizó en medio del pasaje vecinal ubicado en la costanera del Arroyo Miguelete. Con un megáfono, un grupo de misioneros invitaba a los vecinos del barrio a participar de los bautismos.

Los padres y padrinos de los bebés y niños ya habían sido preparados durante la semana de la misión de la Comunidad San Juan en la zona de la Parroquia San José Esposo de María. Entre los bautizados, los padrinos y los familiares que acompañaron el barrio se convirtió en una verdadera fiesta.

Durante la celebración, el Cardenal Daniel Sturla les pidió a los todos padres que dijeran el nombre de los niños en voz alta, al mismo tiempo. Dijo que “para nosotros va a ser una confusión, pero Dios escucha cada nombre en particular, tiene un oído atento para cada uno de estos chicos que hoy se van a bautizar”. Les recordó a los padres y padrinos que al pedir el bautismo “se estaban obligando a educar a los niños en la fe cristiana católica”.

El Arzobispo de Montevideo hizo notar que veía muchas personas con tatuaje. “Cuando uno se hace un tatuaje la piel queda marcada para siempre” remarcó. Y tomando como base el Evangelio sostuvo que “lo que haremos (por el bautismo) es como un tatuaje en el alma, no va a doler, no se puede ver con los ojos, pero cada uno de los bautizados quedan como tatuados por Dios, marcados por Dios. Y la marca de Dios es el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

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La misión y sus frutos

Una vez concluida la ceremonia, ICM pudo conversar con el Pbro. William Bernasconi, párroco de la Parroquia San José Esposo de María, de la Av. Instrucciones, territorio donde está ubicada también la Capilla San Francisco de Asís y la Comunidad Puntos Corazón.

El párroco señaló que durante 6 días junto a los misioneros de la sociedad San Juan, unos 10 de un grupo de 100 que estaban de misión en el Cerro, recorrieron el barrio Cuarenta semanas y la costanera del arroyo Miguelete. Dijo que se intentó “hacer llegar a los vecinos la Buena Noticia del Evangelio, que Jesús está en medio de ellos, en el barrio, de que la gente descubra en su vida la presencia de Cristo, el paso de Dios”.

También declaró que “hacia mucho tiempo que no se realizaban bautismos”. Pero remarcó que la idea no es que la gente se quede solo en el bautismo, sino comenzar con una actividad denominada “Volver a empezar”, un proyecto que ya está funcionando en la Parroquia Mater Admirabilis, de Jardines del Hipódromo, hace 4 años.

Otro de los proyectos, informó el Padre Bernasconi, es fundar la “Casa de la Palabra”, “ya se ha fundado una en el Cerro, la idea es que se funde una en la capilla San Francisco, en territorio de la Parroquia San José, en la costanera del arroyo Miguelete” agregó.

Sobre la experiencia vivida, tanto en los bautismo como en la misión, el sacerdote mencionó que “la gente nos ha esperado siempre con los brazos abiertos… es un lugar donde nadie quiere entrar”. Sostuvo que el barrio está estigmatizado “pero nosotros nos metimos, acompañados por los chiquilines y así salimos a la cancha”. “Vinimos a anunciar que Cristo está en medio de la gente y la gente nos ha recibido muy bien” añadió.

Por último, remarcó que la misión fue un momento para “compartir con hermanos evangélicos la palabra, hemos rezado, hemos bendecido familias, visitado enfermos. Un trabajo pastoral muy intenso pero hermoso”.

 

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