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Card. Sturla: “Volvamos a casa y celebremos la Pascua con Jesús”

Celebración de Domingo de Ramos en la Catedral Metropolitana
Bendición durante el Domingo de Ramos en la Ciudad Vieja/ Fuente: Federico Gutiérrez

La mañana se mostraba nublada, típica para el mes de abril en Montevideo. En la Plaza Zabala, ese lugar de la Ciudad Vieja que parece estar ubicado en  algún otro lugar en el mundo menos en Montevideo, unos 200 fieles esperaban con manojos de olivo y laurel el comienzo de la Procesión de Ramos y con ello el comienzo de una nueva Semana Santa.

A las 11 en punto, con una pocas gotas que amenazaron pero no concretaron, dio comienzo la celebración presidida por el Card. Daniel Sturla, acompañado por el Obispo Auxiliar, Mons. Pablo Jourdan y los padres Juan González y Mauricio Cabral, párrocos de la Catedral y San Francisco, respectivamente.

Primero se realizó el rito de la aspersión y se bendijeron los ramos de olivo y laurel que portaban los fieles. A continuación, el Arzobispo de Montevideo compartió unas palabras con los presentes en las que remarcó lo especial de la Semana Santa para los cristianos, una semana en la que “andaremos por las calles de nuestra ciudad para alabar y bendecir al Señor”.

Pero no dejó pasar la oportunidad para recordar que este año, durante el Tiempo Pascual, la Iglesia de Montevideo estará abocada a la misión “Casa de Todos”, un momento en el que “el Señor necesita nuestra disponibilidad para ser su voz en nuestro pueblo”. “Seamos oídos y palabra de Jesús para acercar a otros”, instó a los allí congregados.

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Luego comenzó la procesión, encabezada por el Card. Daniel Sturla, Mons. Pablo Jourdan y los sacerdotes, desde la Plaza Zabala hasta la Catedral de Montevideo. Durante el trayecto, de unas 5 cuadras, se fueron sumando muchas personas, contrastando con las calles casi desiertas de la Ciudad Vieja los días domingo.

Una vez llegada la procesión a la Iglesia Matriz las personas que realizaron el trayecto se unieron a los cientos de fieles que esperaban dentro del templo. La celebración que había iniciado la Plaza Zabala continuaba dentro de la Catedral Metropolitana que, una vez más, lucía sus bancos colmados y con mucha gente de pie.

Una celebración especial

La Eucaristía del Domingo de Ramos tiene como particularidad la lectura íntegra de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Seguido con sumo silencio y atención por los fieles, el Evangelio narra el momento de Jesús rezando en el huerto de Getsemaní y su posterior captura, juicio, crucifixión y muerte.

Todo un pueblo que celebra

Comenzando la homilía, el Card. Daniel Sturla saludó a todos los presentes y se alegró por la gran cantidad de fieles presentes en la celebración del Domingo de Ramos. Quiso destacar la importante presencia de migrantes en la Catedral Metropolitana: “sin duda habrá también algunos turistas que están en Montevideo, pero esta ciudad hoy recibe a tantos hermanos que vienen de otras tierras y que vienen a Uruguay, país de corazón abierto, a instalarse y a pensar en un futuro mejor. Todos juntos celebrando la Semana Santa”.

El Arzobispo de Montevideo llamó a la reflexión sobre la dimensión de lo que se estaba celebrando: “pensemos que en Montevideo, solamente, hay 83 parroquias y 120 capillas. Bueno, en todos esos lugares hoy hubo procesión de Ramos y ahora la Misa de la Pasión del Señor”.

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Dos claves de lectura

Más adelante, el Card. Daniel Sturla hizo foco sobre el Evangelio y destacó 2 aspectos propios de la versión de la Pasión según san Lucas: primero, el deseo ardiente de Jesús de celebrar la Pascua con sus discípulos; y, segundo, la mirada de misericordia sobre el pecador.

“He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes”

En el comienzo del Evangelio del Domingo de Ramos, Lucas pone en boca de Jesús la frase: “He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes”. Para el Arzobispo de Montevideo “el deseo ardiente de Jesús de celebrar la Pascua con sus discípulos, es el mismo deseo que tiene Jesús hoy con cada uno de nosotros. Pero también con tantos hermanos nuestros que hoy no están participando de la vida de la Iglesia, de la celebración eucarística. El Señor desea ardientemente encontrarse con nosotros”.

En su reflexión el Card. Daniel Sturla enfatizó que “para Cristo no somos una cantidad de gente, una masa, para Él cada uno de nosotros vale por sí mismo. El Señor nos mira a cada uno como su hermano, hijos del mismo Padre. Y entonces sería bueno pensar hoy, en lo más profundo del corazón, que el Señor dice ‘Deseo ardientemente celebrar esta Semana Santa contigo. Yo no te fallo, tú no me falles. Deseo encontrarme contigo, porque por ti he derramado mi sangre en la cruz. Por ti he soportado salivazos y torturas. Por ti he recibido la corona de espinas. Por ti he derramado hasta la última gota de sangre. Por ti he vencido a la muerte y he resucitado”.

La mirada misericordiosa

Sobre el segundo aspecto a destacar del Evangelio de la Pasión, el Arzobispo recordó el pasaje en el que el apóstol Pedro traiciona a Jesús negando 3 veces a su Maestro. San Lucas dice que luego de la traición “el Señor se dio vuelta y miró a Pedro”. El evangelista es el único que trae este detalle.

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El Card. Daniel Sturla aseguró que “Pedro se arrepintió, lloró amargamente, pero no se sintió excluido, sino que permaneció con los discípulos y después estaría con la comunidad primitiva, con esa que el Domingo de Pascua escucharía el anuncio de Cristo Resucitado. Y Pedro salió corriendo a ver el sepulcro vacío”.

Para el Arzobispo de Montevideo fue la mirada llena de misericordia de Jesús, llena de amor, “la que suscita en Pedro el arrepentimiento y el permanecer unido a la comunidad. También Jesús nos mira a nosotros con misericordia. Jesús no nos dice ‘mirá lo que me hiciste’, sino que nos mira con amor y con ternura, y espera que nosotros, pecadores, permanezcamos en su casa que es la Iglesia”.

“Anunciadores de Cristo, que perdona, salva y cambia la vida”

Según el Card. Daniel Sturla el Señor quiere “que estemos dispuestos y humildes a recibir su perdón, su misericordia y desde allí ser anunciadores, como Pedro y los discípulos. Anunciadores de Cristo, que perdona, salva y cambia la vida”.

Sobre el final, el Arzobispo deseó que “todos experimentemos el deseo ardiente de Jesús de encontrarse con nosotros, con esa mirada bondadosa que no se escandaliza de nuestro pecado, sino que nos tiende la mano para que, arrepentidos, volvamos a casa y celebremos la Pascua con Él”.

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