El pasado fin de semana, la Comisión Nacional para la Prevención de Abusos, de la Conferencia Episcopal del Uruguay, realizó un encuentro nacional para la prevención de abusos.
Los días 16 y 17 de mayo se realizó en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey el II Encuentro Nacional de Prevención en Uruguay, convocado por la Comisión Nacional de Prevención de Abusos de la Conferencia Episcopal del Uruguay, bajo el lema “Juntos para cuidar: intervenciones en espacios eclesiales y sociales”. La propuesta reunió a referentes de diócesis, vida consagrada, movimientos, seminarios, comisiones de la CEU, AUDEC, equipos de capacitación y dispositivos de escucha, con una pregunta de fondo: qué hacer ante situaciones de abuso y cómo seguir construyendo, como Iglesia, una cultura de la prevención, la escucha y el cuidado.
La temática se abordó desde distintas disciplinas y experiencias: salud mental, derecho, trabajo social, comunicación, prevención pedagógica y recepción de denuncias intraeclesiales. La doctora Magdalena García Trovero ayudó a comprender el impacto profundo del abuso sexual infantil y la importancia decisiva de escuchar y creer el relato de niños, niñas y adolescentes. El abogado Marcelo Cervini ordenó el marco legal uruguayo y recordó la obligación de actuar y comunicar a las autoridades competentes. María Noel Oholeguy y Lucía Avellanal aportaron la mirada territorial y social, subrayando la necesidad de conocer las rutas existentes y trabajar en red. Pilar Ramírez, desde la experiencia chilena, compartió aprendizajes concretos sobre cómo recibir denuncias intraeclesiales con seriedad, delicadeza y centralidad en las víctimas.

El encuentro se desarrolló en un contexto nacional que muestra la gravedad de la problemática. El Informe de Gestión 2025 de SIPIAV señala que durante ese año se registraron 2.536 nuevas situaciones de violencia hacia niños, niñas y adolescentes, casi 7 por día. Además, el sistema registró 9.178 niños, niñas y adolescentes que sufrieron violencia según la metodología tradicional, y 7.381 situaciones con violencias activas según la nueva metodología. El informe advierte que estas cifras no representan la totalidad de las situaciones existentes, sino aquellas que fueron detectadas, registradas e intervenidas por el sistema de protección.
Los datos también muestran que las violencias no suelen aparecer como hechos aislados. El maltrato emocional representa el 38% de los registros, seguido por negligencia, violencias sexuales y maltrato físico. En particular, las violencias sexuales representan el 18% de las situaciones registradas y afectan de modo especialmente marcado a niñas y adolescentes mujeres: el 76% de esos casos corresponde a este grupo. SIPIAV también advierte que una proporción significativa de las situaciones se detecta en etapas avanzadas: el 70% corresponde a episodios recurrentes y el 57% a situaciones crónicas.

Frente a esta realidad dura, el encuentro buscó sostener una mirada realista y esperanzadora. Realista, porque no minimiza la gravedad del daño ni las responsabilidades institucionales. Esperanzadora, porque insiste en que el daño puede repararse, que la prevención es posible y que una comunidad formada, atenta y disponible puede cambiar el destino de un niño. En varias ponencias se repitió una convicción central: la primera respuesta de un adulto —cómo escucha, cómo cree, cómo acompaña y cómo activa las rutas adecuadas— puede ser ya el comienzo de un camino de sanación.
El domingo, la reflexión se amplió hacia la comunicación y la pedagogía preventiva. María José Pastorino planteó la necesidad de habilitar conversaciones sanas dentro de las instituciones: hablar de lo difícil sin negar, sin encubrir, sin destruir y sin pasar rápido la página. El Programa CLAVES, de Juventud para Cristo Uruguay, propuso la prevención como desarrollo de fortalezas protectoras en niños, niñas y adolescentes: buenos tratos, vínculos seguros, educación afectivo-sexual adecuada, adultos significativos y comunidades capaces de ofrecer certeza de protección.

Las puestas en común dejaron palabras que marcaron el tono del encuentro: formación, escucha activa, trabajo en red, corresponsabilidad, prevención y esperanza. También aparecieron desafíos concretos: fortalecer los espacios de escucha, comunicar mejor los recursos disponibles, llegar al interior, formar equipos de referencia, actualizar protocolos y seguir capacitando a quienes tienen responsabilidades pastorales, educativas y comunitarias.
El camino está abierto. La Iglesia en Uruguay reconoce que tiene mucho para seguir aprendiendo, corrigiendo y fortaleciendo. Pero también descubre una oportunidad profundamente evangélica: aportar a toda la sociedad una cultura donde los niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables estén verdaderamente en el centro. Juntos para cuidar no fue solo el lema de un encuentro, sino una invitación a seguir caminando como Pueblo de Dios: con humildad, responsabilidad y esperanza.
Iglesia Católica de Montevideo

