Con la vuelta a clases, se retoma uno de los debates de los últimos años; problemas, soluciones e ideas.
Es innegable que la tecnología significa un aporte para la educación. Nadie se plantea volver a la época en que no había videos explicativos y se hacían los deberes con la ayuda de una enciclopedia o una revista impresa. Pero tampoco está claro cómo actuar ante los teléfonos inteligentes, y en Uruguay muchos padres se ven obligados a buscar soluciones por su cuenta.
Varios son los estudios que a nivel global miden el impacto del uso de celulares en el aula. Uno de los más recientes es Prohibir o no prohibir: ‘smartphones’ en las escuelas, presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, en 2023.
“Algunas tecnologías pueden favorecer el aprendizaje en algunos contextos, pero no cuando se abusa de ellas o se usan de forma inapropiada. Tener un teléfono inteligente en clase puede interrumpir el aprendizaje”. Y menciona estudios que revelan que el aparato distrae a los estudiantes, que incluso tener un teléfono móvil cerca con notificaciones es suficiente para perderse, y que les puede llevar hasta 20 minutos volver a concentrarse.
En tanto, en 2024 el Pew Research Center de EEUU reveló que el 72% de los docentes de bachillerato consideran que el uso de estos teléfonos es el mayor desafío que enfrentan en clase. Esta cifra baja a 33% entre los profesores de liceo y a 6% para los de primaria. En general, 33% de los docentes piensa que este es el mayor desafío que enfrentan, después de la falta de interés por el aprendizaje, que quedó en primer lugar para un 47% de los educadores de todos los niveles.
En Uruguay ocurre otro tanto. Los datos más recientes son de las pruebas PISA de 2022, donde se analizó el vínculo entre dispositivos digitales, atención y desempeño académico. De ahí surge que “el 52% de los alumnos locales de 15 años declara que se distrae con su celular y otros dispositivos en horario escolar”. El dato alarma también en su contexto: después de Argentina, Uruguay es el segundo país en el ranking, de acuerdo con un estudio del Observatorio de Argentinos por la Educación de marzo 2025.
Los evaluadores señalan una relación entre los teléfonos y los resultados en matemáticas. Con sus palabras: “Se observa una tendencia negativa entre ambas variables, lo que sugiere que los países con mayor porcentaje de estudiantes que se distraen suelen presentar puntajes más bajos en Matemática. Con estos datos no puede establecerse causalidad y otros factores, como la regulación del uso de tecnología en las escuelas, las estrategias pedagógicas y el nivel socioeconómico, podrían influir en la relación observada”. Frente a Argentina, Uruguay y Chile, se encuentran Japón o Corea del Sur, donde las cifras de distracción son mínimas y las de matemáticas son las más altas.
Algunas medidas
Ante estas evidencias, varios países comenzaron a imponer restricciones. Tal vez el estudio más completo sea de Unesco, que en enero de 2025 establecía que 79 países habían introducido algún tipo de regulación.
Además, algunas naciones que ya tenían sus estrategias optaron por fortalecerlas. Por ejemplo, Francia extendió la “pausa digital” de primaria a secundaria, y ahora evalúa seguir el camino de Australia y prohibir las redes sociales a menores de 15 años.
El 52% de los alumnos locales de 15 años declara que se distrae con su celular y otros dispositivos en horario escolar. El dato alarma también en su contexto: después de Argentina, Uruguay es el segundo país en el ranking.
Las orientaciones de Unesco parecen vagas ―»Los estudiantes tienen que aprender los riesgos y oportunidades que conlleva la tecnología y no estar totalmente protegidos de ellos. Pero los países tienen que orientar mejor sobre qué tecnología está permitida en la escuela y cuál no, y sobre su uso responsable (…)”― pero al final no lo son tanto: “Solo debe permitirse en la escuela la tecnología que tenga una función clara de apoyo al aprendizaje».
Liceos a la deriva
En Uruguay hay una norma para los primeros niveles de educación: en 2011 la circular n.° 21 del Consejo de Educación Inicial y Primaria de ANEP estableció que “durante los períodos de clase los teléfonos celulares de maestros y alumnos deben permanecer apagados”, al tiempo que se permitió “el encendido de celulares en el horario de recreo para los alumnos por si familiares tienen urgencia en realizar alguna comunicación”.
Pero en secundaria y bachillerato ―donde el problema resulta más crítico a nivel global― no hay una postura oficial. En octubre el presidente del Consejo Directivo Central de la ANEP, Pablo Caggiani, declaraba a El País: “Estamos siguiendo un poco cuál es la evidencia que se va generando a partir de estas modalidades. A priori, creemos que la supresión no estaría siendo una buena política”. Más recientemente, Búsqueda abordó el asunto con Gabriel Quirici, director nacional de Educación, y su respuesta fue igual de cauta. “No hay que apurarse a tomar medidas que parecen la solución definitiva cuando estamos en un momento de cambio cultural”. Y subrayó la importancia de que los docentes puedan construir “acuerdos pedagógicos” con sus estudiantes.

Ante este panorama, el terreno es discrecional: en algunos liceos se toman decisiones generales y absolutas, y en otros, la regulación depende de cada profesor y de su acuerdo pedagógico con los estudiantes.
Entre los que aplican normas claras se encuentra el Colegio Santa Elena, que no solo restringió su uso (en primaria no se puede llevar, en liceo lo dejan en un “estacionamiento” y en bachillerato se recomienda tenerlo guardado), sino que además pudo medir el impacto de estas medidas. A pedido del colegio, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa condujo una investigación sobre las percepciones del tema, así como de sus beneficios, límites y valoraciones. Y esta es la primera evaluación que se hace en Uruguay sobre el impacto de este tipo de medidas.
Como principales resultados, los docentes observaron una mejora en la atención y la participación (87%), seguida por la promoción del intercambio y la socialización (83%) y la mejora del clima de aula (63%). Los alumnos lamentaron una menor comunicación con sus familias y destacaron, en un 65%, que ahora socializan más entre pares en los recreos o el comedor.
Fundas inhibidoras e ideas para padres
Tres colegios comenzaron las clases con MotivEd, una plataforma educativa que busca restaurar el foco en el aula y para eso diseña planes que se combinan con una herramienta novedosa: fundas inhibidoras de señal para cada teléfono. Estos pouches se cierran de modo hermético y se abren con un imán específico, similar a las alarmas de la ropa. Salvo que un docente lleve el imán a la clase para hacer alguna actividad en concreto, el teléfono no sale de su funda ―ni recibe notificaciones― hasta que esta es desbloqueada al final de la jornada.
Los implementadores aseguran que así se reduce la afección hacia quienes tendrían el rol de confiscar los teléfonos, disminuye la responsabilidad de la institución al no hacerse cargo de los equipos y baja la ansiedad de los estudiantes por no estar lejos de sus aparatos.
Con un plan de diagnóstico, formación, implementación y seguimiento, MotivEd se aplica ahora en el Instituto PRE/U y los colegios San Juan Bautista y Santa Elena, para un total de 600 alumnos.
Una idea es la de promover pactos parentales. Algunos los realizan de modo formal, otros los hacen de modo más sencillo, acaso en el grupo de WhatsApp de padres o madres, estableciendo pautas comunes de uso.
Pero en aquellos liceos donde no haya una política clara, los padres y docentes tendrán que definir qué hacen.
Una idea es la de promover pactos parentales. Algunos los realizan de modo formal, a través de la firma de un compromiso en plataformas como la argentina Manoslibres, donde se proponen esperar hasta los 14 años para dar un smartphone a sus hijos, y hasta los 16 para habilitarles las redes sociales. Otros los hacen de modo más sencillo, acaso en el grupo de WhatsApp de padres o madres, estableciendo pautas comunes de uso.
En todo caso, también está la posibilidad de recorrer un camino autodidacta. Aquí Ceibal ofrece recursos de formación en ciudadanía digital, tanto para adultos como para niños. En su web hay libros, guías, juegos y desafíos que buscan acompañar en la comprensión del asunto. Algo similar se puede decir de PantallasAmigas, una web española con decenas de recursos y consejos para quienes necesitan una ayuda y buscan orientaciones ante la encrucijada del momento.
Iglesia Católica de Montevideo

