Fray Carlos María de Palacio, ahora Carlos María de la Cruz, decidió servir a Cristo y a su Iglesia, y comenzó con alegría su nuevo ministerio.
La tarde cae tranquila sobre el barrio Prado y la parroquia Virgen del Carmen y Santa Teresita empieza a llenarse antes de tiempo. No hay apuro, pero sí una gran expectativa. El murmullo comienza a crecer con el paso de los minutos, mientras todo está dispuesto para algo muy especial. Una vida que se ofrece del todo. Un sí que quema por dentro. Un hermano que responde al llamado de Dios.
El canto de entrada, a cargo del coro de la parroquia San José de la Montaña, no es casual: “Ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí”. La frase flota en el templo como una rima cargada de significado. “Ya no me pertenezco: soy de Cristo, soy de la Iglesia, soy del Carmelo” reza el lema de fray Carlos María de Palacio, quien se presenta desde este día como fray Carlos María de la Cruz, nombre que toma en homenaje a san Juan de la Cruz.
La celebración es presidida por el arzobispo de Montevideo, cardenal Daniel Sturla, en compañía de fray Carlos Medina, padre vicario del carmelo descalzo, además de decenas de presbíteros y también diáconos de nuestra arquidiócesis.
Seguir a Jesús
“Queridos hermanos, querido fray ‘Charlie’, querida familia de Carlos María, hace como once o doce años en la capilla del Rincón del Indio, un joven al que conocí luego un poco, como así a su familia, vino para hablarme de sus búsquedas vocacionales. Hoy tengo la alegría de conferir la ordenación sacerdotal a ese joven, y de compartir con ustedes, con su familia y con sus hermanos carmelitas, este regalo inmenso de Dios”. Son estas las primeras palabras de la homilía del cardenal Daniel Sturla, Posteriormente recordará el recorrido de la fe de Carlos María y la alegría de compartir su ordenación sacerdotal, en el marco de una fecha especial para nuestra liturgia:
“Celebramos [la ordenación] en este domingo que la liturgia de la Iglesia llama Gaudete. Es el domingo del gozo, de la alegría (…) y hoy es justamente la alegría la que inunda nuestros corazones, porque Dios sigue actuando entre nosotros, llamando a jóvenes que están dispuestos a dejarlo todo para seguirlo. Jóvenes como Charlie, que podrían llevar una vida hermosa en el mundo, pero que se encontraron cara a cara con el amor de Dios”.
A partir del domingo, fray Carlos lleva el nombre de fray Carlos María de la Cruz, en referencia a san Juan de la Cruz, aspecto que también menciona el arzobispo de Montevideo:
«Este domingo de alegría coincide con la fiesta de san Juan de la Cruz, que es el santo que ha marcado la vida de fray Carlos. Ese que ha elegido y del que ha tomado su nombre: fray Carlos María de la Cruz. San Juan de la Cruz es un santo que ha penetrado como pocos en la hondura del amor de Dios, y ha descrito sus experiencias místicas en poesías hermosas (…) Esa llama de amor es la que quieres seguir, buscar, encontrar, aun pasando, como Juan de la Cruz, por noches oscuras, pero teniendo la seguridad de que llegarás a la luz. San Juan nos habla de esa esperanza que no defrauda, porque de Dios se obtiene tanto cuanto de él se espera».
«Al recibir la ordenación sacerdotal lo haces como tu padre, Juan de la Cruz, con un alma enamorada de Dios. Porque solo en el amor se entiende este paso que das, para poner amor allí donde no lo hay. Ese es el ministerio del sacerdocio de Cristo, un misterio de amor inmenso que sigue vivo y presente hoy en la Iglesia. Hoy tu sacerdocio es respuesta de Cristo y de la Iglesia a las interrogantes de muchos. El perdón de Cristo estará presente en tus manos y en tus palabras (…) Pero sobre todo el sacrificio de Cristo por la salvación del mundo se hará presente en cada eucaristía que celebres. Por eso nosotros también podemos decir: «hoy es domingo de Gaudete, domingo de la alegría, domingo del amor. A la Virgen, a nuestra Señora del Carmen, le confiamos tu sacerdocio”».
Servidor de Dios
A medida que transcurren los minutos, se acerca el momento esperado de la ceremonia: la imposición de manos y la oración de consagración. El arzobispo unge sus manos con el santo crisma, para recordarles la misión primordial a la que han sido llamados: a bendecir, a perdonar los pecados, pero, sobre todo, a prestarle su voz a Jesús Resucitado y decir, sobre el pan y el vino, las mismas palabras que escucharon los apóstoles en la última cena.

Los obispos y sacerdotes colocan sus manos encima de la cabeza de Carlos, mientras este permanece de rodillas. La procesión hasta el nuevo presbítero se repetirá por segunda ocasión, una vez que ya hayan recibido los ornamentos sacerdotales y otros signos propios de su nuevo ministerio.
Este momento de alegría no culmina en esta celebración, sino que permanece, porque nuestra Iglesia tiene un nuevo obrero para su mies.
Ya no me pertenezco
“Dios es bueno, Dios es paciente y Dios es grande, y nos hace grandes”, reconoce fray Carlos, visiblemente emocionado y con una amplia sonrisa.
El nuevo sacerdote toma la palabra al finalizar la celebración eucarística, antes de la bendición final, para agradecer por este paso en su vida:
“Estoy feliz, desbordado de alegría. Quisiera agradecer al Señor por regalarme la vida que me dio, por poner en mi camino a todos ustedes y a tantos que me quisieron y que me quieren. Por darme el don de la fe, y por entregarme el sublime regalo de la vocación al sacerdocio. Así como Jesús estuvo doce años con su familia hasta ser presentado en el templo con los sacerdotes, también necesité, después de unos años con mi familia y amigos, doce años con mis hermanos carmelitas antes de ser presentado hoy ante los sacerdotes, para ser acogido como uno más ante ellos. Veo que el mismo Espíritu Santo que envió Jesús fue el protagonista en mi proceso. Y es él quien me acoge en esta nueva aventura de ser sacerdote de Cristo. Porque lo sé hoy más que nunca, soy suyo y para él”.
«Estoy feliz, desbordado de alegría. Quisiera agradecer al Señor por regalarme la vida que me dio»
Fray Carlos María de la Cruz
Antes de finalizar, fray Carlos expresa algunos pedidos que quiere compartir con los presentes:
“Por favor, no me retengan para ustedes, ni me detengan, ni se detengan en mi persona. Por el contrario, a través de mí, busquen a Dios. Ayúdenme a buscarlo a través de ustedes, creciendo mutuamente en libertad y descubriendo que el único salvador es Jesús (…) Y, por último, recen por mí”.
Su llamado
Atrás quedaron esos días en los que Carlos de Palacio soñaba con ser economista, casarse y construir una familia. Hoy los planes de Dios lo llevaron por otro camino. ‘Charlie’, como lo conocen sus familiares y amigos, nació en Buenos Aires y cuando tenía un año, por motivos del trabajo de su padre, fue a residir a España durante ocho años, para posteriormente llegar a nuestro país. Es el quinto de nueve hermanos —siete varones y dos mujeres—, y fue el primero de ellos en dejar el hogar para ingresar a la Orden de los Carmelitas Descalzos, un mes y medio después de finalizar la secundaria cuando recién había cumplido diecinueve. Su familia es católica y practicante, pero no imaginaban que optaría por la vida religiosa o sacerdotal. Él les avisó días antes de ingresar a la orden, para que no interfirieran en su proceso de discernimiento vocacional.
Fray Carlos María se educó en el Ivy Thomas, Monte VI y en el Instituto Preuniversitario de Montevideo (PRE/U). Además, hasta los dieciocho años, jugó al rugby en Los Cuervos y Monte VI. En sus agradecimientos no podía faltar la mención a sus dos comunidades: las parroquias Virgen del Carmen y Santa Teresita, y San José de la Montaña.
San Juan de la Cruz
Religioso y poeta español
Nació el 24 de junio de 1542 y falleció el 14 de diciembre de 1591.
Fue beatificado el 25 de enero de 1675 y canonizado el 27 de diciembre de 1726.
Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 24 de agosto de 1926, por Pío XI.
Reformó la orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundó la orden de los Carmelos Descalzos.
Iglesia Católica de Montevideo

