En Uruguay, la educación técnica vive un tiempo de expansión y renovación. Con más de 100.000 estudiantes matriculados y propuestas en todo el país, esta forma de aprender se consolida como una respuesta concreta a los desafíos actuales y la Iglesia no es ajena a ello. A través de experiencias como Talleres Don Bosco, Talitakum, Ánima y Cireneos, la formación en oficios se revela no solo como preparación para el trabajo, sino como un camino de desarrollo personal y comunitario.
El verbo aprender proviene del latín apprehendĕre, que aludía originalmente a ‘agarrar’ o ‘atrapar’ el conocimiento para hacerlo propio. Con el tiempo, su significado se amplió y hoy refiere la adquisición de saberes a través de distintas formas, entre las que se destaca la experiencial, que sucede a través de la práctica y que involucra a las personas de manera integral.
La educación técnica expresa con claridad este enfoque. En talleres, aulas abiertas, cocinas, chacras y espacios al aire libre, miles de jóvenes uruguayos acceden hoy a una formación con base práctica. En un mundo dinámico, este camino gana protagonismo no solo como preparación para el empleo, sino como una forma de construir nuevos caminos posibles.
El fenómeno en números
En Uruguay, la educación técnico-profesional vive tiempos de expansión: según el Monitor Educativo 2025 presentado por la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), en el ciclo lectivo de este año se matricularon 101.205 estudiantes en propuestas técnicas en todo el país, de los cuales 100.208 lo hicieron en la oferta pública de UTU, que es la más relevante a nivel nacional.
La composición de estas matrículas también revela tendencias interesantes. Del total de estudiantes en 2025, un 51% cursa educación media superior, mientras que un 29% está en educación media básica, y el resto se distribuye entre niveles terciarios y programas de capacitación. Esta configuración pone en evidencia no solo el aumento de la participación en los bachilleratos técnicos, sino también la consolidación de propuestas que ofrecen continuidad educativa y salida laboral real.
Desde 2008 la matrícula en educación media superior técnico-profesional creció de 29.363 a 50.971 estudiantes, lo que equivale a más de 20.000 nuevos estudiantes en este tramo educativo. Además, el mapa de la educación técnico-profesional se ha ampliado territorialmente: la Dirección General de Educación Técnico Profesional de UTU cuenta con 195 escuelas técnicas y 97 reparticiones y abarca una propuesta formativa en 292 locales educativos distribuidos por todo el país.
Talleres Don Bosco: tradición, experiencia e innovación

Con más de un siglo de historia, Talleres Don Bosco es un lugar de referencia en materia de formación técnica en el país. Pero, más allá de eso, Talleres es una de esas experiencias donde la tradición no pesa, sino que impulsa. Fundada hace 133 años, la propuesta nació —como tantas obras salesianas— para dar respuesta a jóvenes que necesitaban señales de esperanza. Hoy, después de un largo recorrido, la institución está más vigente que nunca.
“Es una propuesta de formación técnico-profesional con corazón salesiano”, explica el padre Sebastián Ferreyra, su director. Un centro educativo y evangelizador que prepara a jóvenes y adultos “para la vida y, de un modo muy concreto, para el mundo del trabajo, en un clima de familia y acompañamiento”, agrega. La oferta es amplia y diversa: desde bachilleratos técnicos en áreas como automotriz, industrial, electricidad o informática, hasta más de treinta cursos cortos que van desde niveles básicos hasta especializaciones en tecnologías emergentes como autos híbridos y eléctricos.
“Hoy seguimos viendo en los jóvenes una necesidad clara de encontrar oportunidades reales para aprender un oficio que les permita sostenerse y proyectarse”, dice Ferreyra. Talleres Don Bosco busca atender esa demanda con una “formación pertinente y conectada a la industria y al mercado laboral”.
“Hoy, la empleabilidad depende cada vez más de competencias concretas, certificables y actualizadas”
Sebastián Ferreyra, Talleres Don Bosco
En ese equilibrio entre exigencia técnica y cercanía humana se juega buena parte del diferencial del proyecto. “Cuidamos mucho la dimensión laboral —las competencias, la calidad formativa—, pero también el ambiente: vínculos sanos, adultos cercanos y una espiritualidad sencilla, cotidiana, que acompaña las preguntas por el futuro”, dice Ferreyra.
“Hoy, la empleabilidad depende cada vez más de competencias concretas, certificables y actualizadas”, explica Sebastián, y agrega que Talleres Don Bosco tiene un 98% de inserción laboral entre quienes pasan por la oficina de intermediación, con sueldos de base competitivos y posibilidades reales de crecimiento.
Sin embargo, Ferreyra aclara que “para que lo técnico sea relevante, debe estar articulado con el sector productivo, a través de proyectos reales, para que los aprendizajes no sean solo aula-taller, sino que tengan experiencia aplicada”. Por eso, la institución trabaja enfocada en fortalecer el relacionamiento con industrias y empresas locales que permitan construir puentes para la inserción laboral de los jóvenes.
La educación técnica como herramienta para la reinserción en Talitakum

En el barrio Cerro Norte de Montevideo, el Centro Educativo Talitakum surgió en 2007 como respuesta a una preocupación compartida por la comunidad de la zona, que llegó a oídos de la pastoral juvenil de la Parroquia San Rafael: el pedido de propuestas para adolescentes en situación de calle. Así lo recuerda el sacerdote párroco, Antonio Messeri.
Talitakum es la palabra con la que Jesús invita a una niña a ponerse de pie y expresa el corazón del proyecto. “La idea fue esa: ayudar a los adolescentes a levantarse” ―explica Antonio― “a través de talleres de oficios que los alejaran de la calle y los ayudaran a volver a insertarse en el sistema educativo formal”.
Con el paso de los años, la propuesta fue creciendo: hoy, Talitakum combina una oferta formal y otra no formal, en articulación con UTU e INAU, y sigue ampliándose gracias, principalmente, a las experiencias que unos transmiten a otros.
“En Talitakum No hay profesores, todos somos educadores: desde quien da clase hasta quien cocina, limpia o recibe a los gurises en la puerta”
P. Antonio Messeri
La educación técnica en Talitakum aparece como una herramienta clave: “Ver resultados rápidamente es algo que funciona bien con los jóvenes de hoy”, afirma el sacerdote. Aprender a hacer una instalación eléctrica, reparar un artefacto o programar no es solo adquirir un saber: es descubrir, a través de la experiencia, que se puede.
En Talitakum el acompañamiento es comunitario: “No hay profesores, todos somos educadores: desde quien da clase hasta quien cocina, limpia o recibe a los gurises en la puerta”. Esa lógica comunitaria, sumada a una formación técnica pensada para los tiempos que corren, impacta de lleno en la construcción de proyectos de vida. Este proyecto ofrece un camino de crecimiento intelectual, técnico y espiritual”, concluye Messeri.
Ánima: una propuesta que se consolida

Ánima significa alma en latín y eso, para Ximena Sommer, directora ejecutiva y co-fundadora de la organización educativa, no es un detalle menor, sino una especie de declaración de principios: “Todos somos seres únicos y especiales”, asegura. Desde esa convicción nace esta organización de la sociedad civil que impulsa una nueva lógica de desarrollo.
Para Ximena, el llamado fue la invitación que hizo el papa Francisco a los jóvenes a “no balconear la vida” y a “meterse en ella como hizo Jesús”, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2013. Desde hace diez años, Ánima “genera condiciones, brinda acompañamiento y expande oportunidades para que adolescentes, jóvenes y adultos de todo el país puedan culminar el bachillerato y reinsertarse en el sistema educativo”.
La propuesta educativa integra formación profesional específica con asignaturas orientadas al desarrollo de competencias transversales, ciudadanía, pensamiento crítico, lógico y creativo. “Esa integración de dimensiones del ser humano es la ‘magia’ de Ánima”, señala Ximena. El proyecto se apoya en el paradigma de la educación inclusiva, con tres pilares claros: presencia, participación y logros.
“Ánima genera condiciones, brinda acompañamiento y expande oportunidades para que adolescentes, jóvenes y adultos de todo el país puedan culminar el bachillerato y reinsertarse en el sistema educativo”
Ximena Sommer, Ánima
Uno de los ejes distintivos del proyecto es la formación dual, una modalidad que articula el aula y la empresa como espacios complementarios de aprendizaje. “Esta formación conecta la educación y el mundo del trabajo”, explica Sommer. Así, se rompen fronteras a través de vivencias profundas.
El impacto está medido: cursar en Ánima aumenta un 120 % las posibilidades de culminar el bachillerato y multiplica por cuatro la continuidad educativa y la inserción laboral. Pero, para Ximena, el diferencial va más allá de los indicadores. “Confiamos en los jóvenes y demostramos esa confianza dándoles responsabilidad”, dice.
Programa Denis, un espacio que potencia

Cireneos es una asociación civil sin fines de lucro, que funciona en Uruguay desde 2017, gracias al impulso del sacerdote Juan Andrés “Gordo” Verde y jóvenes misioneros. Se dedica a brindar apoyo integral a familias que viven en situaciones de vulnerabilidad. En este marco, Cireneos lleva a cabo el programa de reinserción laboral Denis, orientado a acompañar a jóvenes de entre dieciocho y veinticinco años durante un año.
En este proceso, se combina la formación en oficios —como herrería, jardinería o trabajo en cuadrillas— con capacitación en hábitos laborales, finanzas y acompañamiento espiritual y psicológico. “Este programa surge a raíz de ver a muchos jóvenes en el barrio sin oportunidades”, explica Jimmy McCubbin, director ejecutivo de Cireneos.
«Quienes llegan a Denis, lo hacen motivados por una búsqueda, que muchas veces va tomando forma una vez que inicia el proceso»
Jimmy McCubbin, Cireneos
Quienes llegan a Denis lo hacen motivados por una búsqueda que muchas veces va tomando forma una vez que inicia el proceso. En ese camino, la educación técnica cumple un rol decisivo. “Los oficios son como salvavidas que les tirás a las personas que no han podido hacer el camino considerado ‘normal’”, afirma McCubbin.
La formación técnica, un camino posible
Las experiencias mencionadas reflejan cómo la formación técnica, basada en el “aprender haciendo”, abre oportunidades y acompaña trayectorias educativas, especialmente en contextos comunitarios y sociales. Esta pedagogía viva no solo transmite saberes, sino que construye confianza y devuelve a muchos jóvenes la posibilidad de proyectar un futuro.
Desde una mirada cristiana, estos espacios promueven el desarrollo personal, el sentido de pertenencia y la vida en comunidad. Aprender un oficio implica descubrir capacidades, encontrar sentido y es un trayecto que se hace acompañado. En un mundo dinámico, la educación técnica se afirma como un camino de esperanza e inclusión.
Iglesia Católica de Montevideo

