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La fiesta de Corpus Christi

Orígenes de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

El próximo domingo 18 de junio se celebra en nuestra Arquidiócesis la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo o Corpus Christi. La celebración se realiza 60 días después del Domingo de Resurrección, el jueves posterior a la Solemnidad de la Santísima Trinidad pero en algunos países, como el nuestro, ha sido trasladada al domingo siguiente.

Esta fiesta tiene su origen durante la Edad Media, a impulso de Santa Juliana de Cornillon, y en la actualidad es muy importante en varios países de Latinoamérica y Europa, en muchos de ellos feriado oficial.

Orígenes de la fiesta de Corpus Christi

A finales del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillon. En ese contexto surgieron varias costumbres eucarísticas, como la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta de Corpus Christi.

Santa Juliana hizo su profesión religiosa y más tarde fue priora de su comunidad en Mont-Cornillon. Desde joven tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Además fue impulsora de una fiesta especial en su honor. A este deseo se le suma una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

La futura santa Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, así como a Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.

El obispo vio con agrado lo que Juliana le había contado. Es así como en 1246 invocó un sínodo y ordenó que la celebración de la fiesta desde el año posterior en Lieja. Ya en 1247 la fiesta se celebró el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió a la actual Alemania.

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Milagro eucarístico

El Papa Urbano IV tenía la corte en Orvieto, al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal.

La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula “Transiturus de hoc mundo” del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

El Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

Una fiesta de toda la Iglesia

Más adelante, el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena de 1311, ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Colonia, Alemania, en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos.

En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

En España, y luego en la colonia, la Solemnidad de Corpus Christi tomó una relevancia especial. La costumbre de las procesiones también caló hondo tanto en la península ibérica como en América Latina. De hecho , en algunos países es feriado oficial.

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La fiesta máxima en el Montevideo colonial

En nuestra ciudad, la procesión de Corpus Christi tuvo desde la fundación de la ciudad, como en las demás colonias, un lucimiento especial. Según María Luisa Coolighan Sanguinetti, la celebración comenzaba a prepararse un mes antes. Se costeaba primero por parte de los vecinos y en una etapa posterior con fondos del propio Cabildo.

En la Plaza Matriz se levantaba un gran altar, en el que era el punto de llegada de la procesión. Se limpiaban y regaban las calles (algo poco habitual para esa época, donde la pulcritud de la calle no era la norma), y encabezaba la procesión un cuerpo de baile de esclavos que ensayaban desde mucho tiempo antes (algunos autores comentan que este tipo de celebraciones, junto con otras, son la génesis de las llamadas), a los que según las cofradías y traes el palio con el sacerdote con la custodia y el Santísimo Sacramento.

Al final de la celebración, para avisar a los que no habían concurrido, la guarnición del Fuerte hacía “una salva de artillería que repercutía en la ciudad y se perdía en el mar” según Coolighan Sanguinetti. Era en esos momentos, desde principios del siglo XVIII, hasta entrado el siglo XIX, la fiesta religiosa máxima, en tiempos donde las fiestas religiosas eran las más importantes.

En base a Aciprensa, Estudios históricos de la Iglesia en el Uruguay (Cuadernos del ITU) y elaboración propia

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