En el Domingo de Ramos, el cardenal Daniel Sturla invitó a comenzar la Semana Santa rezando por la paz y siguiendo de cerca los pasos de Jesús en su pasión, muerte y resurrección.
Con ramos en las manos y la mirada puesta en Jesús que entra en Jerusalén, la Iglesia comenzó la Semana Santa, el tiempo más intenso del año para los cristianos. En la celebración del Domingo de Ramos, el cardenal Daniel Sturla dejó dos acentos que marcaron el inicio de estos días santos: la necesidad de rezar por la paz y la invitación a acompañar a Cristo en el camino de su pasión.
Luego de la bendición de ramos, el arzobispo de Montevideo recordó que el olivo es un signo de paz y que esa paz hoy necesita ser pedida con insistencia. Lo hizo pensando en el mundo, especialmente en Medio Oriente y en el Líbano, pero también en la realidad más cercana: la sociedad uruguaya, las familias y los vínculos cotidianos. En ese marco, subrayó además que la paz se construye también desde el respeto y la defensa de toda vida humana.
La paz que el mundo necesita, y también nuestras casas
El mensaje inicial de Sturla puso en relación un gesto sencillo y profundamente simbólico con una de las urgencias de este tiempo. La ramita bendecida que los fieles llevan a sus hogares expresa el deseo de que Dios entre en la vida concreta, bendiga las casas y traiga su paz. No se trata solo de mirar con preocupación lo que sucede lejos, sino también de revisar cómo vivimos la paz en la propia realidad: en el país, en la convivencia social y dentro de cada familia.
En esa misma línea, el cardenal señaló que no hay verdadera paz sin una cultura que cuide la vida, incluso la de los niños por nacer. Así, la invitación a rezar por la paz se volvió también un llamado a comprometerse con una forma de vivir más humana, más fraterna y más abierta a Dios.
Elegir a Jesús, también cuando su camino no parece fácil
Ya en la homilía, Sturla se detuvo en el sentido profundo del Domingo de Ramos o de la Pasión del Señor, que abre la puerta a la “semana mayor” del año litúrgico. A partir del relato de la Pasión, planteó una pregunta de fondo: a quién seguimos realmente.
Tomando la escena en la que el pueblo elige entre Barrabás y Jesús, explicó que allí se enfrentan dos formas muy distintas de esperar la salvación. Por un lado, la expectativa de una solución rápida, fuerte, visible, triunfante según la lógica humana. Por otro, Jesús, que aparece sufriente, rechazado, humillado y sin poder aparente. Sin embargo, es precisamente ese Cristo herido y entregado el que los cristianos reconocen como Salvador.
La homilía fue, así, una invitación a no quedarse con una fe superficial ni con la búsqueda de respuestas inmediatas, sino a entrar en el misterio de un Dios que salva desde el amor entregado. Un Dios que no evita el dolor humano, sino que lo atraviesa para abrir un camino de vida nueva.
Hacer espacio para Dios
En su predicación, Sturla animó a recorrer esta semana acompañando a Jesús paso a paso: en la última cena, en la traición, en el juicio, en el dolor de la cruz, en el silencio del Viernes Santo y del Sábado Santo, hasta llegar a la alegría de la Vigilia Pascual y de la resurrección. También evocó la presencia de María, unida al sufrimiento de su Hijo en ese camino hacia la cruz.
Y recordó que ese Jesús que parece derrotado es, en realidad, el que ha vencido verdaderamente: ha triunfado sobre el mal, el pecado y la muerte. Por eso, invitó a renovar la confianza en Él y a seguirlo con convicción.
Al comenzar esta Semana Santa, queda abierta una invitación sencilla y profunda: hacernos espacio para Dios, acompañar los pasos de Jesús y dejarnos atravesar por su amor.
Homilía del Card. Sturla durante la santa misa del Domingo de Ramos:
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