El de Uruguay será el séptimo periplo internacional del pontífice, que hasta ahora ha llegado a destinos muy diferentes entre sí.
A los seis meses de asumir como papa, León XIV se subió a un avión para emprender su primer viaje internacional. El destino, Turquía y Líbano, no fue elección suya, sino que en realidad era un compromiso ya asumido por su predecesor Francisco. Y el motivo era histórico, celebrar los mil setecientos años del Concilio Ecuménico de Nicea, por lo que el centro de ese viaje estaría marcado por el ecumenismo.
En esta nación fronteriza entre Oriente y Occidente, donde los cristianos son minoría frente a los musulmanes y donde los ortodoxos son mayoría frente a los romanos, el papa firmó una declaración con el patriarca ortodoxo Bartolomé para estrechar lazos entre ambas iglesias, y entró a la Mezquita Azul.
Ya en esta primera salida de Italia se vio que León XIV es él mismo y toma sus propias decisiones: en la agenda decía que habría un momento de oración (cosa que hicieron allí sus predecesores), pero el papa declinó la propuesta de rezar en un lugar de culto musulmán. También rompió con los antecedentes al no ir a Santa Sofía, la basílica cristiana reconvertida en sitio musulmán. Y, a diferencia de Francisco, fue cauto al referirse a los armenios que sufrieron a manos del Imperio Otomano. No usó la palabra “genocidio” ―que debilitó puentes con los turcos cuando fue usada por el argentino―, sino que reconoció el testimonio valiente del pueblo sufriente.
En ese mismo viaje fue a Líbano, un destino más “pastoral”, donde los fieles lo acogieron con un cariño que para él fue sorprendente, tal como comentaría más tarde. Es que, además de ser proverbialmente acogedores, los libaneses son en un 40% cristianos, y eso marca una diferencia con los turcos, que son apenas 0,2% de la población.
Ahí se vio a un papa que acompaña al pueblo, que se acerca a los que sufren, que reza con sus dolores y que lleva esperanza a los que no la encuentran. “Ustedes tienen esperanza. Ustedes tienen tiempo. Tienen más tiempo para soñar, organizar y realizar el bien. ¡Ustedes son el presente y en sus manos ya se está construyendo el futuro! Y tienen el entusiasmo para cambiar el curso de la historia”, dijo a los jóvenes.
El segundo país más pequeño del mundo fue el siguiente en recibir al papa: León XIV se convirtió en el primer pontífice en visitar Mónaco, un país donde el 90% se declara católico. El viaje fue por el día y el mensaje central estuvo en mantenerse firmes en la fe. “Es importante que el anuncio del Evangelio y las formas de la fe, tan arraigadas en la identidad y sociedad de ustedes, se preserven del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena”, advirtió a la comunidad católica.
Se dio el gusto
Al volver del primer viaje, los periodistas le preguntaron a León cómo seguiría su agenda internacional, y él comentó que le gustaría ir a Argelia, territorio del que proviene su querido san Agustín. Esa sería, en efecto, la primera parada de su tercer periplo, que lo llevó a cuatro países africanos. Robert Prevost se dio el placer de rezar ante los restos del fundador de la orden a la que pertenece y de celebrar misa en la Basílica de San Agustín. Y en una nación donde el 98% de la población profesa el islam, impulsó a los católicos a ser como el grano de incienso: “Ese incienso es un elemento pequeño y precioso, que no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente”.
Su siguiente parada fue en Camerún, país golpeado por la guerra, la violencia y la corrupción. Visitó varias ciudades y encontró a millones de personas. Denunció injusticias e infundió palabras de aliento. “Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir”, dijo por ejemplo en Bamenda. También habló sobre la pobreza y, en una nación atravesada por conflictos internos, se detuvo en el perdón. “Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados”, proclamó en una misa en Douala.
Angola estuvo en guerra civil hasta 2002 y su población trabaja para salir adelante luego de años de crisis. Se acercó a tres ciudades distintas, y en todas ellas pronunció mensajes de cercanía y optimismo. En sus discursos reforzó su cercanía con el pueblo angoleño y subrayó el papel de la Iglesia como acompañante en un proceso de reconstrucción que sigue siendo un desafío abierto. El cuarto y último país de esa gira fue Guinea Ecuatorial, que tiene una de las comunidades católicas más importantes del continente. Además, la nación estaba de luto por la muerte del vicario general de Malabo apenas cuatro días antes de la llegada del papa. Mons. Fortunato Nsue Esono tenía treinta y nueve años y apenas nueve meses en el cargo. León estuvo en cuatro ciudades y reiteró mensajes de esperanza y perseverancia ante las dificultades.
Y como era este el último destino del continente, en su última misa hizo una suerte de cierre, en el que confesó que había recibido un regalo. “Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, esperanza y de caridad. Es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios alegres y sufridos que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio”. A los pocos días, en la audiencia semanal con los fieles en el Vaticano, aprovechó para hacer otro balance del periplo.
En su lengua
España es el país con el que la Santa Sede tiene relaciones diplomáticas des de hace más tiempo; el siglo XV. Y León le dedicó seis días, cuatro ciudades y veintiún eventos. La gente respondió: más de dos millones y medio de personas participaron en los eventos en Madrid, Barcelona y Canarias.
Resonó especialmente su discurso ante el Parlamento ―algo que es excepcional y que no se repetirá en Uruguay―, e igualmente inédita fue la respuesta que generó. Luego de haber hablado de dignidad humana e interpelar la unidad y el respeto, los políticos de todos los partidos le dedicaron siete minutos de aplausos.
Algunas de sus frases en encuentros multitudinarios quedarán para la historia. Desde el “¡Sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso” pronunciado ante los jóvenes de Madrid hasta el “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!” dicho a una mujer en un centro penitenciario en Barcelona.
Canarias, tercera etapa de ese viaje, era en realidad una deuda pendiente de Francisco. Allí León pudo ver en primera fila la realidad de los migrantes y llevar su cariño pastoral. Pidió rezar por “los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar” y habló de la necesidad de la caridad entre los seres humanos.
“Cómodo en su idioma” tituló un artículo Manuel Tori, corresponsal del español El Mundo. Allí expuso una idea que describe cómo León XIV se desempeñó de modo diverso en España. Escribió que los seres humanos suelen tener diferentes “personalidades” según el idioma en el que hablan, pues se desenvuelven de modo diverso. Así, para el papa el italiano es el idioma de trabajo, el de su día a día en el Vaticano. El inglés es su lengua materna, la de quien creció en EEUU y estudió matemática. Es un idioma concreto, que va al punto. El español, en cambio, es el idioma del misionero, la lengua del encuentro con la gente en los valles peruanos, las palabras de la cercanía. Y por eso en España se vio a un pontífice que tal vez tenía más semejanzas con “el padre Roberto” que con el líder universal de la Iglesia. Estaba cómodo, se salía del guion y se volcaba a la gente de manera más natural.
La vieja europa
El de San Marino fue un viaje relámpago de medio día y de corte más protocolar, con ocasión de los cien años de las relaciones entre ese enclave y la Santa Sede.
Su próximo gran itinerario será Francia, a fines de setiembre, con eventos en París, Lourdes y Metz. El lema es “Para que el mundo tenga vida”, y es inevitable relacionarlo con la reciente aprobación de la ley de eutanasia en ese país.
“Creo que León XIV está combinan do el estilo de viaje de sus predecesores, pero con sus preferencias y toque personal”, consideró Carmen Álvarez Cuadrado, vaticanista de la agencia Rome Reports. “Además, hay otra clave: está volviendo a las grandes naciones europeas, que era la línea para Europa de Benedicto XVI. La gran mayoría de los países europeos en los que estuvo el alemán fueron naciones históricas o con gran peso católico (…) y ahora, tal como sucederá con Argentina y Uruguay, León está volviendo a visitar países que llevaban décadas sin recibir a un papa, donde hay un gran pueblo católico y que también necesitan sentir esa llamada de aliento espiritual para seguir adelante. Es lo que vimos con España y creo que veremos con Francia, donde en pocas horas se apuntaron trescientas mil entradas para la misa, en uno de los países más secularizados de Europa. Esto también son periferias, quizá no territoriales, pero sí de fe, y León es consciente de ello”.
Arturo Anastasio es italiano y trabaja como camarógrafo. Ha estado en numerosos vuelos papales con Francisco y ha seguido los de León con Newsmax de EEUU. Observó que, a diferencia del argentino, que era expresivo y revitalizaba ante la gente, Prevost es más medido y transmite menos furor. También destacó que cuida los símbolos y las formas, y que poco a poco se va acostumbrando a los “baños de masas”.

Es quien es
De acuerdo con la española Álvarez Cuadrado, León XIV se vio especialmente cómodo entre los jóvenes y en España, donde ya pisaba terreno conocido y don de podía hablar esa lengua de misionero. Pero esto no quitó que fuera firme en sus palabras y dijera lo que considerara oportuno decir. “Sabe que el mensaje que transmite es serio, que en España o, como seguro hará en Francia, hay que poner sobre la mesa la importancia de la vida; lo mismo con Turquía o Argelia, donde los cristianos no son perseguidos pero hay ciertas dudas con el respeto a la libertad religiosa. Y cuando el papa tiene que lanzar un mensaje, creo que no le tiembla el pulso”, consideró.
Este es el papa que llegará a Uruguay. Un pontífice que, al igual que con el viaje a Turquía o Canarias, en cierta medida cumple con una de las tareas pendientes de Francisco, visitar a las naciones del Plata. Un líder que estará un poco más habituado al cariño de la gente y que podrá expresarse en su “idioma misionero”. Un pastor en la antesala de su destino más ansiado, Perú. En esas tierras, lo mismo que en Argelia ante los restos de san Agustín y que en España con visitas privadas a comunidades de su orden, se dará el gusto de pasar una cantidad inédita de días y de estar donde quiere estar: con su gente.
Iglesia Católica de Montevideo

