Separados por casi un siglo y medio, León XIII y León XIV asumieron el pontificado en momentos de profundos cambios sociales. El primero respondió a la revolución industrial y a la difícil situación de los trabajadores; el segundo enfrenta una revolución tecnológica que plantea preguntas sustanciales sobre el valor de la vida o la importancia de orientar las acciones hacia el bien común.
Cuando Robert Francis Prevost apareció por primera vez en el balcón de la basílica de San Pedro, el 8 de mayo de 2025, el nombre elegido causó sorpresa. Y no fue para menos. Hacía más de un siglo que nuestra Iglesia no tenía un pontífice llamado León.
La referencia histórica resultó pronto evidente: el nuevo papa procuró vincularse con León XIII, quien guió a nuestra Iglesia entre 1878 y 1903, y es recordado especialmente por haber abordado con claridad e insistencia la problemática de la cuestión social y la dignidad humana frente a las dificultades de su época.
Dos pontífices ante una revolución
El papa León XIII asumió el pontifica do en una Europa transformada por la industrialización. El crecimiento de las fábricas y de las grandes ciudades había producido riquezas económicas significativas, pero también jornadas laborales extenuantes, salarios insuficientes e, incluso, focos de hacinamiento urbano. Asimismo, propició un distanciamiento entre propietarios y trabajadores.
Fue en este particular contexto que apareció, en 1891, la encíclica Rerum novarum. En este documento, León XIII abordó el distanciamiento existente entre propietarios y trabajadores, y rechazo tanto la perspectiva socialista sobre la propiedad privada como el liberalismo económico incapaz de poner límites a los “abusos del capital”:
“El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer (…) Por lo demás, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen” (RN 6). “Cierto es que, si una familia se encontrara eventualmente en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por sí de tal agobio, es justo que los poderes públicos la socorran con medios extraordinarios, porque cada familia es una parte de la sociedad” (RN 10).
«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos»
Magnifica humanitas
Precisamente, en la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas, también se contempla un escenario desafiante, aunque distinto: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto” (MH 1).
Claramente, esta transformación actual no está determinada por la máquina de vapor o la fábrica, sino por los algoritmos, la automatización, la robótica, la inteligencia artificial. El santo padre nos indica que estas tecnologías pueden mejorar la vida humana, pero también concentrar el poder, sustituir puestos de trabajo, vigilar comportamientos, manipular información y convertir a las personas en individuos susceptibles de explotación.
Si León XIII contemplaba al obrero frente a la máquina industrial, León XIV contempla a la persona frente al algoritmo. En ambos casos, la pregunta de fondo pareciera ser la misma: ¿está el llamado progreso al servicio del ser humano o termina el ser humano subordinado a este progreso?
Rerum novarum y Magnifica humanitas
La comparación entre ambos pontífices encuentra su expresión más clara en sus documentos pontificios. Rerum novarum significa literalmente “sobre las cosas nuevas”. En él, León XIII quiso interpretar las novedades de su tiempo desde la tradición de nuestra Iglesia.
Rerum novarum no sólo defiende el derecho a la propiedad, sino también la existencia de distintas obligaciones sociales de los propietarios, la responsabilidad del Estado y la protección de los más débiles. De esta forma, la propuesta de León XIII no consistió en presentar un lineamiento político, sino en proponer principios morales que organicen las decisiones económicas y sociales: la dignidad de cada persona, el valor de la familia, la justicia salarial, la cooperación entre las clases y la prioridad del bien común. Estos aspectos fueron la base de lo que hoy conocemos como la Doctrina Social de la Iglesia:
“Los deberes de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el carácter cristiano. Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filosofía cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida” (RN 15). “Así, pues, quedan avisados los ricos de que las riquezas no aportan consigo la exención del dolor, ni aprovechan nada para la felicidad eterna, sino que más bien la obstaculizan” (RN 17).
«Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir»
Magnifica humanitas
Varias décadas después, esta primera encíclica de León XIV, publicada el 15 de mayo de 2026, adelanta su propósito en su título: la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El documento reconoce que las “cosas nuevas” de nuestra época requieren discernir los cambios tecnológicos desde una mirada de fe: “La IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina Social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio” (MH 17).
León XIV advierte que, en una época en la que el valor de la vida puede quedar opacado por “nuevas formas de deshumanización”, resulta clave proteger la riqueza humana: “En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada (…) tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa” (MH 15).
Existe, por tanto, una continuidad profunda entre las dos encíclicas. Ambas parten de una innovación que se interpreta como progreso, pero que también puede habilitar nuevas formas de desigualdad. Ambas se niegan a considerar la economía o la tecnología como realidades moralmente neutrales. Y ambas colocan a la persona humana, creada a imagen de Dios, como principal criterio para considerar cualquier transformación social.
Sin embargo, Magnifica humanitas amplía necesariamente el horizonte. La cuestión no se limita al empleo o a la distribución de la riqueza. El impacto de la inteligencia artificial es indudablemente amplio. No impacta únicamente sobre lo que el ser humano hace; puede también transformar la manera en que se relaciona y se comprende a sí mismo.
El trabajo como expresión de la dignidad
El trabajo constituye uno de los vínculos más claros entre ambos pontificados. Como vimos anteriormente, para León XIII, el trabajador no podía ser tratado como una mercancía ni quedar completamente sometido a la ley de la oferta y la demanda. El salario, las condiciones laborales y la posibilidad de asociarse debían responder a la dignidad de una persona que trabaja para sostener su vida y su familia.
León XIV retoma este planteo y lo traslada al mundo digital. En Magnifica humanitas, sostiene que el trabajo no es un simple instrumento para obtener ingresos, sino una dimensión mediante la cual la persona desarrolla sus capacidades, contribuye al bien común, sostiene a su familia y establece vínculos de cooperación con los demás.
“Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución (…) Esta es la lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz” (MH 13).
«Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución»
Magnifica humanitas
Este planteo adquiere especial relevancia ante la automatización. El problema no consiste solamente en calcular cuántos empleos desaparecerán y cuántos serán creados. También es necesario preguntarse qué ocurre con una sociedad que valora el trabajo únicamente por su productividad económica. Una máquina puede ejecutar tareas con mayor rapidez, pero eso no significa que pueda reemplazar, por ejemplo, el valor humano, comunitario y vocacional del trabajo.
En este sentido, la preocupación de León XIV no parece orientada a rechazar la inteligencia artificial. Su propuesta consiste más bien en gobernarla, establecer responsabilidades y asegurar que su desarrollo permanezca sometido al bien común.
Su espiritualidad
Considerar que León XIII fue únicamente el papa de Rerum novarum sería simplificar su extenso pontificado. Su papado promovió también la renovación de los estudios filosóficos y teológicos, especialmente mediante la recuperación del pensamiento de santo Tomás de Aquino. En la encíclica Aeterni Patris propuso una relación fecunda entre fe y razón, con vencido de que la Iglesia necesitaba una sólida estructura intelectual para dialogar con el mundo moderno.
León XIV también comparte un perfil de estudio, desde su espiritualidad agustiniana. En san Agustín, la búsqueda de la verdad no puede separarse de la interioridad, el amor y la comunión. Esta herencia aparece en sus mensajes sobre la unidad, la escucha y la necesidad de superar las polarizaciones.
Mientras León XIII identificó en santo Tomás de Aquino un maestro para ordenar la relación entre fe y razón, León XIV parece encontrar en san Agustín una inspiración para hablar al corazón tan particular del ser humano contemporáneo. No son perspectivas opuestas, sino complementarias. Una ofrece claridad racional frente a las ideologías; la otra recuerda que la verdad no puede separarse del amor.
Diplomacia y la búsqueda de la paz
En este aspecto, resulta sencillo identificar semejanzas entre León XIII y León XIV. El primero de ellos desarrolló una intensa actividad diplomática. En un momento en que la Santa Sede había perdido los Estados Pontificios y mantenía relaciones complejas con numerosos gobiernos, buscó recuperar la presencia internacional de la Iglesia y favorecer soluciones negociadas.
León XIV también inicia su ministerio en un mundo complejo, atravesado por guerras, desplazamientos forzados, carreras armamentistas y una creciente polarización política. De hecho, su primera encíclica añade una dimensión nueva: el uso militar de la inteligencia artificial.
Nuevamente aquí la comparación resulta reveladora. León XIII buscó que la Iglesia recuperara capacidad de diálogo en una Europa dividida por nacionalismos y conflictos sociales. León XIV tiene el desafío de promover la paz en mundo fragmentado, donde las tecnologías permiten una violencia cada vez más distante, rápida y despersonalizada.
La misma pregunta ante un mundo diferente
Entre León XIII y León XIV cambian las tecnologías, los territorios y las formas de poder. El primero contempló el surgimiento del proletariado industrial europeo; el segundo observa una humanidad interconectada, sometida a sistemas digitales que atraviesan fronteras y acumulan cantidades inéditas de información.
Es, en este sentido, que Magnifica humanitas nos propone un camino de discernimiento. La inteligencia artificial puede constituir una ayuda valiosa, pero debe permanecer bajo la dirección de la inteligencia, la ética, la conciencia y la libertad humana. Sus propuestas no deben esconderse detrás de la aparente autonomía de los algoritmos: la responsabilidad moral sigue correspondiendo a las personas.
¿Sabías qué?
León XIII
* De nombre secular, Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci, nació el 2 de marzo de 1810 en Roma (Italia).
* Antes de ser papa, desarrolló una extensa experiencia en el servicio de la Santa Sede y como obispo de Perugia.
* Su pontificado duró entre el 20 de febrero de 1878 y el 20 de julio de 1903 (25 años y 150 días).
* En 1891 publicó la encíclica Rerum novarum, señalada como origen de la Doctrina Social de la Iglesia.
León XIV
* De nombre secular, Robert Francis Prevost, nació el 14 de setiembre de 1955 en Chicago (Estados Unidos).
* Marcado por su espiritualidad agustiniana, fue misionero, formador, superior religioso y obispo de Chiclayo.
* Es el actual papa de la Iglesia católica, desde el 8 de mayo de 2025.
* Primer papa de la Orden de San Agustín. En sus mensajes destaca la paz, el cuidado de los pobres y el diálogo en un mundo globalizado.
Iglesia Católica de Montevideo

