El papa León XIV nos anima a renovar nuestra confianza en el Señor en esta carta apostólica dedicada especialmente al mundo de la educación. Por el P. Alejandro Korahais.
El pasado 27 de octubre de 2025 el santo padre hizo pública la carta apostólica titulada Diseñar nuevos mapas de esperanza, con ocasión del sexagésimo aniversario de la declaración, del Concilio Vaticano II, Gravissimum educationis, documento magisterial referente a la importancia de la educación en la tarea evangelizadora de la Iglesia.
El papa nos proporciona con este documento una ráfaga de aire fresco, llena de ánimo y confianza, que pretende renovar el impulso evangelizador que los cristianos debemos vivir en el ámbito educativo, especialmente aquellos que por vocación profesional se dedican a ello. Pero las líneas trazadas en el documento sirven para todos aquellos que, de una u otra manera, realizan una tarea de enseñanza.
¿A qué nos anima el papa en la carta?
En primer lugar nos impulsa a renovar la esperanza, sin diluir o perder nuestra identidad cristiana en el mundo de la enseñanza.
Nos dice el papa que “el Concilio Vaticano II recordó a la Iglesia que la educación no es una actividad accesoria, sino que constituye el tejido mismo de la evangelización: es la forma concreta con la que el Evangelio se convierte en gesto educativo, relación, cultura”.
Y que «allí donde las comunidades educativas se dejan guiar por la palabra de Cristo, no se retiran, sino que se relanzan; no levantan muros, sino que se construyen puentes … porque el Evangelio no envejece, sino que “hace nuevas todas las cosas” (Ap 12,5)».
Los cristianos de todas las épocas somos transmisores del mejor mensaje que una persona puede recibir: la salvación que Dios nos otorga por medio de su Hijo Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
El papa es consciente de que este anuncio se realiza en medio de contextos no exentos de contradicciones. Por ello también nos anima a no tener miedo ante esas dificultades.
Nos hace reconocer que vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Precisamente por eso es sabio detenerse y recuperar la mirada sobre la “cosmología de la paideia cristiana”. Meditar nuevamente en la visión cristiana del hombre y del mundo, del ser humano querido por Dios como hijo y de la naturaleza creada por Dios para servir al hombre pero también para ser don que debe ser custodiado.
“Ante las dramáticas situaciones de emergencia educativa provocadas por las guerras, las migraciones, las desigualdades y las diversas formas de pobreza, ¿cómo no actuar?”.
“Cada generación es responsable del Evangelio y del descubrimiento de su poder seminal y multiplicador”. “El mundo necesita esta forma de esperanza”.
El Señor cuenta con nosotros para hacer llegar a todos este mensaje.
Ante este desafío que se presenta ¿qué nos recuerda el papa?
En primer lugar, centra la mirada en las líneas maestras que trazara en 1965 la declaración conciliar Gravissimum educationis, y que, transcurridos sesenta años, presentan una actualidad patente: el derecho universal de todas las personas a la educación; la necesidad del desarrollo de las virtudes en niños y adolescentes; la consideración de la familia como primera escuela de virtudes; el deber de la escuela católica de educar a los jóvenes para conseguir el bien y prepararlos para difundir el reino de Dios y la promoción de las universidades católicas.
En segundo lugar, el papa León nos recuerda las siete vías propuestas en el Pacto Educativo Global, iniciativa del papa Francisco para formar una alianza y una red para educar en la fraternidad universal: colocar a la persona en el centro; escuchar a los niños y a los jóvenes; promover la dignidad y la plena participación de las mujeres; reconocer a la familia como primera educadora; abrirse a la acogida y a la inclusión; renovar la economía y la política al servicio del ser humano y cuidar la naturaleza y el planeta en particular, nuestra casa común.
Y en tercer lugar el papa recuerda que formamos parte de una historia dinámica y de una tradición viva: “La historia de la educación católica es la historia del Espíritu en acción”.
Los diversos carismas educativos suscitados por el Espíritu Santo en la Iglesia constituyen un luminoso camino del cual el santo padre hace un sucinto racconto: de san Agustín a los padres del desierto; el surgimiento de las universidades y el establecimiento de la Ratio Studiorum; las contribuciones de san Ignacio, san José de Calasanz, san Marcelino Champagnat, san Juan Bosco entre otros, santa Giuseppina Bakhita, María Montessori o Ann Senton, entre tantos otros.
“Estos cuerpos vivos han consolidado un patrimonio espiritual y pedagógico capaz de atravesar el siglo XXI y responder a los retos más apremiantes”.
¿Qué ideas fuerza nos podrían quedar resonando?
Hay conceptos fuertes que se repiten en los documentos y en las palabras de los sumos pontífices, que nos marcan el rumbo.
En primer lugar considerar las tres prioridades, indica el papa en el documento.
La primera es la importancia de guiar a las nuevas generaciones en el descubrimiento de su vida interior, de una honda intimidad de trato con Dios: “Los jóvenes piden profundidad; necesitan espacios de silencio, discernimiento, diálogo con la conciencia y con Dios”.
La segunda es promover un uso verdaderamente humano del mundo digital: “Formemos en el uso sabio de las tecnologías y de la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnicas, emocional, social, espiritual y ecológica”.
Y la tercera es la promoción de una paz desarmada y desarmante: “Eduquemos en lenguajes no violentos, en la reconciliación, en puentes y no en muros”. “Pido a todas las realidades educativas que inauguren una etapa que hable al corazón de las nuevas generaciones, recomponiendo el conocimiento y el sentido, la competencia y la responsabilidad, la fe y la vida”.
Luego, tener presente el lugar primordial que ocupa la familia como principal agente educador de sus hijos.
El papa señala que Gravissimum educationis propone a la familia como la primera escuela de humanidad”: “la familia sigue siendo el primer lugar educativo”. Y nos sitúa en la realidad de que “las escuelas católicas colaboran con los padres, no los sustituyen”.
Por otra parte, exhorta a contemplar al ser humano en todas sus dimensiones, por medio de una formación integral, que no olvide la primordial dimensión de apertura a la realidad espiritual necesaria en todo ser humano para descubrir su condición de hijo de Dios, llamado a una vida plena, llena de amor.
El papa León nos anima a considerar que “la formación cristiana abarca toda la persona: espiritual, intelectual, afectiva, social, corporal”. A su vez, “esta visión antropológica integral debe seguir siendo el eje central de la pedagogía católica.” “La fe, cuando es verdadera, no es una materia añadida, sino el aliento que oxigena todas las demás materias”.
Y nos alienta a no perder de vista que “la tarea es hoy atreverse con un humanismo integral que habite las preguntas de nuestro tiempo sin perder la fuente”.
También el papa nos remite a la importancia que tienen las virtudes en la formación del ser humano, como encarnación de aquellos valores que lo hacen llegar a la plenitud de su ser.
Por ello postula que “la educación no es solo transmisión de contenidos, sino aprendizaje de virtudes”. “Se forman ciudadanos capaces de servir y creyentes capaces de dar testimonio, hombres y mujeres más libres, que ya no están solos”.

Por otra parte nos impulsa a lograr iluminar la cultura con la luz de la fe.
“La escuela católica es un ambiente en el que se entrelazan la fe, la cultura y la vida. No es simplemente una institución, sino un ambiente vivo en el que la visión cristiana impregna cada disciplina y cada interacción”.
“La educación católica no puede callar: debe unir la justicia social y la justicia ambiental, promover la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, formar conciencias capaces de elegir no solo lo conveniente, sino lo justo”.
“Se necesita una educación que involucre la mente, el corazón y las manos, estilos comunitarios, prácticas virtuosas.”
A aquellos que trabajan en ámbitos educativos el papa les recuerda la importancia de saber dar testimonio de verdaderos educadores cristianos.
“Los educadores están llamados a una responsabilidad que va más allá del contrato de trabajo: su testimonio vale tanto como su lección. Por eso la formación de los maestros ―científica, pedagógica, cultural y espiritual― es decisiva”.
“Esto implica en los educadores una disponibilidad para el aprendizaje y el desarrollo de los conocimientos, para la renovación y actualización de las metodologías, pero también para la formación espiritual, religiosa y el compartir”.
Finalmente el papa recuerda a todos los cristianos involucrados en tareas educativas la insoslayable tarea de ser “constelación educativa” unida.
Esta bella imagen nos hace presente que así como las constelaciones son combinaciones armoniosas de estrellas que nos orientan e indican el camino, del mismo modo los cristianos por medio de las diversas iniciativas educativas tienen el potencial de ser luz que guía e impulsa la promoción humana en tantos ambientes: “La educación católica puede ser un faro”.
“El mundo educativo católico es una red viva y plural”. “La educación cristiana es una obra coral: nadie educa solo”. “Cada ‘estrella’ tiene su propio brillo, pero todas juntas trazan una ruta”.
“Hoy pedimos a las instituciones que converjan: la unidad es nuestra fuerza más profética”.
A la luz de las palabras del papa, es hora de cobrar nuevo ánimo y lanzarnos a la aventura confiados en las palabras del Señor: “No tengan miedo”.
Nuestra esperanza es firme porque su apoyo es Dios, verdadera roca de salvación.
Es él quién actúa en las almas de quienes se educan y de quienes educan.
Diseñar nuevos mapas de esperanza: esta es la urgencia del mandato.
Por tanto el santo padre nos impulsa:
«Desarmen las palabras, levanten la mirada, custodien el corazón. Sean servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza.
Menos etiquetas, más historias; menos contraposiciones estériles, más sinfonía en el Espíritu. Entonces nuestra constelación no solo brillará, sino que orientará: hacia la verdad que libera, hacia la fraternidad que consolida la justicia, hacia la esperanza que no defrauda”.
Carta apostólica «Diseñar nuevos mapas de esperanza»
A seis décadas de Gravissimum Educationis
Carta del papa León XIV con ocasión del LX aniversario de la declaración conciliar Gravissimum Educationis.
Basílica de san Pedro, 27 de octubre de 2025. Víspera del 60º aniversario.
Carta apostólica disponible aquí.
Iglesia Católica de Montevideo

