Escribe la Archicofradía del Santísimo Sacramento.
El año santo de la esperanza se acerca a su término y el ejemplo de María santísima, en su Inmaculada Concepción, nos enseña a aprovechar bien estos días que son también de preparación a la Navidad. María esperó de modo único la realización de las promesas y recibió en la carne al Hijo de Dios, obediente a la voluntad divina. Por eso es madre de la esperanza, a través de Ella nos llegan todas las gracias de su hijo. A finales del s. XIX, un poeta francés, Charles Péguy, decía que la esperanza era la pequeña de la casa, insignificante en apariencia y que apenas cuenta, pero sin la cual ni la fe ni la caridad se sostendrían. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra.
Una experiencia común que todos conocemos es la necesidad de tener esperanzas ―más grandes o más pequeñas― porque son las que nos mantienen en el camino. Pero, como enseñó Benedicto XVI en su carta encíclica Spe Salvi:
“Sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no alcanzan. Esta gran esperanza solo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar… Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto”.
El rostro humano de Dios es el que le dio María, la Madre del Dios que se hace niño pequeño en el pesebre de Belén, en el hogar de José. En torno a estas fechas, las familias cristianas instalan el nacimiento. Esa costumbre piadosa que comenzó san Francisco de Asís en el lejano siglo XIII no se puede perder. Invitemos a hacer el pesebre en las casas y en los edificios, en los colegios y en las tiendas y en todos los lugares donde sea recibido con respeto. La escena de Jesús, María y José en el portal de Belén es una cátedra que nos enseña a vivir las virtudes de una familia cristiana. Nadie permanece indiferente ante un pesebre, a nadie puede ofender.
La Archicofradía del Santísimo Sacramento que tiene su sede en la Iglesia Catedral de Montevideo, invita en este tiempo a instalar los pesebres y a visitarlos, a rezar frente a esas piadosas imágenes que nos recuerdan el gran acontecimiento de todos los tiempos y a dar a conocer el mensaje de la Navidad a quienes lo han olvidado y a quienes lo ignoran. Así viviremos la esperanza a la que fuimos convocados en este año.
Más información
Los interesados en conocer las actividades de la archicofradía pueden participar en la misa del tercer domingo de cada mes, a las 11 horas, en la Iglesia Catedral o hallar información en el Instagram: @archicofradiasantisimosacra

