En la catedral de Montevideo, la Iglesia celebró en la mañana del Jueves Santo la Misa Crismal, una celebración en la que se bendicen los óleos y se consagra el santo crisma que luego se utilizarán durante el año en los sacramentos. En su homilía, el cardenal Daniel Sturla puso el acento en una fe concreta, encarnada en signos visibles, y en la alegría que nace de dejar obrar a Dios en la propia vida.
La Misa Crismal ocupa un lugar particular dentro del Jueves Santo. Mientras por la tarde la Iglesia recuerda la Cena del Señor, la institución de la Eucaristía y el gesto del lavatorio de los pies, por la mañana el obispo diocesano se reúne con los sacerdotes y diáconos para bendecir los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y consagrar el santo crisma. Esos óleos serán utilizados después en bautismos, confirmaciones, ordenaciones sacerdotales y episcopales, y en la unción de los enfermos. Así, la celebración expresa de un modo especialmente visible que la fe cristiana se vive también a través de signos concretos, corporales y cercanos.
Una fe que se toca, se celebra y se vive
A partir de ese núcleo propio de la Misa Crismal, Sturla destacó en su homilía una idea central: el cristianismo no es una teoría ni una filosofía abstracta, sino el encuentro con una persona, Jesucristo. Por eso, subrayó, la fe católica tiene una dimensión material, palpable, visible. Dios sale al encuentro del ser humano a través de elementos concretos: el agua, el aceite, el pan y el vino, el cuerpo, los gestos, los vínculos y también el hermano que sufre.
En esa línea, el cardenal recordó que los sacramentos son signos visibles de una gracia invisible, y que la vida de la Iglesia también traduce esa fe en obras concretas de servicio: educación, promoción humana, atención de la salud, acompañamiento en las adicciones, pastoral penitenciaria y cercanía a los más pobres. Lejos de una fe encerrada en lo íntimo, presentó una Iglesia que busca hacer visible el amor de Dios en la vida real.
También vinculó esa “concretez” de la fe con la defensa de la vida, de la familia y de los hijos, y con las expresiones artísticas, arquitectónicas y devocionales que a lo largo del tiempo han nacido de la experiencia creyente. No como un gesto de autosuficiencia, sino como una toma de conciencia agradecida por lo que la gracia de Dios sigue realizando en medio de las fragilidades humanas.

El “óleo de la alegría”
Uno de los acentos más fuertes de la homilía estuvo puesto en la alegría. Retomando la expresión bíblica “el Señor me ha ungido”, Sturla habló del “óleo de la alegría” para referirse tanto a los santos óleos que iban a ser bendecidos como a la acción de Dios en la vida de los creyentes. Ese óleo, explicó, acompaña distintos momentos de la existencia cristiana: fortalece en el catecumenado, marca la identidad del bautismo y de la confirmación, consuela en la enfermedad y consagra para el ministerio.
Pero esa alegría, aclaró, no nace del éxito ni de los logros personales. Brota más bien de saberse sostenido por la gracia, perdonado, amado y llamado por Dios aun en medio de la fragilidad. El arzobispo expresó su asombro ante esa certeza: que el Señor se fía del ser humano y no se cansa de salir a su encuentro.
Para ilustrarlo, evocó una escena de san Francisco de Asís, en la que el santo aprende a no apropiarse ni siquiera de aquello que ha hecho con sus propias manos, y vuelve a encontrar la alegría al abandonarse enteramente en Dios. Desde allí, Sturla propuso una mirada creyente sobre el presente: sin negar el mal, el dolor ni las heridas de la sociedad, pero sin dejarse robar la alegría de la salvación ni la capacidad de reconocer que Dios sigue actuando.
El Jueves Santo, puerta de entrada al misterio central de la fe
La celebración de esta mañana se inscribe en el comienzo del Triduo Pascual, el corazón de la Semana Santa. Desde la tarde del Jueves Santo hasta la Pascua, la Iglesia contempla y celebra un único misterio: el amor de Dios manifestado en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En ese marco, la Misa Crismal y la Cena del Señor muestran dos dimensiones profundamente unidas: una fe que se expresa en signos concretos y un amor que se vuelve servicio, alimento y entrega.
El Jueves Santo recuerda, además, que ese amor no queda en palabras. Se hace presencia en la Eucaristía, se hace servicio en el lavatorio de los pies y se hace ministerio en la vida de quienes han sido llamados a servir al pueblo de Dios. En un mundo atravesado por la prisa, la dispersión y muchas formas de soledad, este día vuelve a anunciar que Cristo ha querido quedarse con nosotros.
Al comenzar estas horas santas, la invitación es a entrar con más hondura en el misterio pascual: detenerse, hacer espacio para Dios y dejarse alcanzar por un amor concreto, humilde y fiel, que no abandona al ser humano y sigue abriendo camino en medio de la historia.
Homilía del Card. Sturla durante la santa Misa Crismal, en este Jueves Santo:
¡No te pierdas las celebraciones de la Semana Santa!
¡Los cristianos estamos viviendo la semana más importante del año! Compartimos los horarios de las misas que se celebrarán en la Iglesia Matriz, Catedral Basílica Metropolitana, y aquellas que serán transmitidas por YouTube a través de nuestro canal ICMtv. Nos unimos en oración unos por otros, para que tengamos un corazón dispuesto a vivir estos días muy unidos a Jesús y María.

Iglesia Católica de Montevideo

