"Una felicidad indescriptible", escribió una señora a sus familiares
María Celia es una de las miles de personas que estuvieron en el Gran Rosario en la rambla del Buceo. Al regresar, escribió un correo electrónico a sus familiares, emocionada por lo vivido. El asunto del mensaje era el siguiente: “Vivimos el milagro de la Virgen en la Aduana de Oribe!!!!!”
El texto es un fiel reflejo de lo que se vivió esa tarde y por eso, con permiso de la autora, se reproduce a continuación:
Llegué a casa desde Punta del Este a eso de las 17:30 horas. Me preparé y agarré mi campera con capucha, el paraguas, y cambié de sandalias. Salí de casa sobre las 18, no llevaba ni silla ni manta. En ese momento no había indicios de la lluvia.
Llegué a la rambla a las 18.30, ¡diluvio! Los parlantes chorreaban agua, las señoras mayores que estaban sentadas desde tempranito se tapaban con papeles y algún paraguas. Pensé: “¡Y yo que me vine desde Punta del Este!”
Entré al ruedo, hablé con los responsables de la amplificación, estaban desesperados tapando los equipos con bolsas negras de basura. En el escenario estaba todo mojado: los reclinatorios, los almohadones, las decoraciones, las telas colgantes. Todo chorreaba agua. Parecía un desánimo total para los que trabajaban. Y encima estaba el peligro de que se estropearan los equipos.
En la zona había nubarrones negros por doquier. Ya había unas 200 personas, estaban arrodilladas y usaban las sillas como techito para taparse. Y el sacerdote que coordinaba decía: “¡No se suspende! ¡A rezar!” Los servidores, que son los que ayudan en todo y que llevan un pañuelo celeste, formaron el caminito por donde siempre entra la Virgen. Se arrodillaron, empapados, con pocos paraguas, y rezaron el Rosario.
De igual manera en toda esa zona formamos grupos de oración, rosario en mano. ¡La gente, empapada, rezaba! Nos sentíamos como en el Evangelio de ese mismo día (Marcos 4, 35-41) : “Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua (como los equipos y parlantes…). Jesús estaba en la popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: ‘Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?’”
Nosotros estábamos así, frustrados tras todo el esfuerzo de congregar al pueblo de Dios, todos unidos rezando por las familias, ¡que tanto necesitan hoy de oración! ¿Se perderá todo esto? ¿Será que pese a este gran esfuerzo íbamos a fracasar en la posibilidad de que la Iglesia y pueblo rezara unido por la familias? Qué bronca, pensaba yo.
Seguíamos rezando, clamando para que saliera el sol y pudiéramos comenzar el encuentro con María y Dios Padre. Seguíamos todos en grupitos que rezaban el Rosario a voz en cuello. La lluvia iba mermando, ¡nosotros seguíamos arrodillados con el rosario!
El caminito que usualmente hace la Virgen estaba bordeado por los servidores, que estaban empapados y clamaban esperando a la Virgen. Seguían arrodillados junto con el sacerdote coordinador, confiando en que sí entraría la imagen.
Cuando todavía estaba inseguro el sol, que tímidamente asomaba entre alguna que otra nube, los servidores empezaron a entregar los rosarios, las velas y folletos a los presentes.
Llegó el Card. Daniel Sturla. Muy cordial, se acercó a saludar a la gente. Y rápidamente se puso todo en movimiento. La gente estaba apurada por conseguir lugar bien adelante. Yo me senté un poco atrás, al costado. En eso, una de las que organizaban, con la que había compartido paraguas en el diluvio, me llamó y me llevó bien adelante, a la segunda fila. Yo estaba feliz, me encanta estar adelante, no me distraigo.
Yo sentí el milagro de Jesús al calmar las aguas y el poder de la oración de todos juntos. Se calmó el diluvio y finalmente entró la imagen de María. Preciosa y radiante con su corona de estrellas iluminadas. Aclamada por la multitud, todos cantábamos “Ave, Ave… Ave María…”. La gente sonreía feliz, yo incluída.
El Rosario estuvo precioso. Las palabras del Card. Sturla fueron sabias, precisas, cortitas, ¡llenas de luz! Creo que vivimos un milagro de amor y fe. Los tuve presentes a cada uno. Besos desde el alma.
2 Comments
Gloria a Dios y Gracias a Maria Santisima ,por tanta Gracia derramada del Cielo !!
Cuanto Amor nos tiene !! Solo queda Agradecer y seguir rezando por la Union y Conversion de Las Familias !!
GRACIAS !!
No pude ir!!! Lo escuche a través de Radio María Uruguay. Fue muy emocionante y un ejemplo de fe coronado con el milagro del cese de la lluvia!