Bajo el lema “Tu amor crucificado nos impulsa a generar vida nueva”, las comunidades del barrio volvieron a reunirse este Viernes Santo para recorrer las 14 estaciones y poner en oración las cruces de hoy: la violencia, las adicciones, la soledad, el sufrimiento de las familias y la necesidad de paz.
En este Viernes Santo, las calles del Cerro volvieron a llenarse de oración, cantos y pasos compartidos. Una vez más, el tradicional Vía Crucis reunió a comunidades y vecinos del barrio en una expresión de fe que, desde hace más de veinte años, forma parte de la vida del lugar.
Participaron las parroquias Santa María de la Ayuda, Nuestra Señora de Fátima, San Alberto Hurtado, San Rafael, Santo Cura de Ars y Santa Elena y la comunidad de la Iglesia Metodista, que se fueron turnando para animar las distintas estaciones con reflexiones, oraciones y gestos. Esa participación compartida fue uno de los rasgos más valiosos del recorrido: distintas comunidades unidas para rezar juntas y dejar que la pasión de Jesús dialogara con la realidad concreta de la gente.
El lema elegido este año, “Tu amor crucificado nos impulsa a generar vida nueva”, atravesó todo el camino. No se trató solo de recordar el sufrimiento de Jesús en su camino al Calvario, sino de contemplar cómo ese amor entregado sigue hoy acompañando las cruces de tantos vecinos y abriendo horizontes de esperanza.
A lo largo de las 14 estaciones fueron apareciendo, una tras otra, las heridas del presente. Las meditaciones pusieron palabras al dolor de las familias, a la violencia en los hogares y en las calles, a las adicciones, al cansancio, a la fragilidad de tantos vínculos y al anhelo profundo de paz. En una de las reflexiones se recordó que frente al drama de las adicciones “nadie se levanta solo”, mientras que en otra se invitó a ser “constructores de paz en nuestro barrio”.
También hubo lugar para destacar el protagonismo de las mujeres, tan presente en el Evangelio y también en la vida cotidiana de las comunidades. Una de las estaciones subrayó precisamente su presencia al pie de la cruz y llamó a reconocer su papel en la construcción de la Iglesia y de la sociedad.
Así, el Vía Crucis del Cerro volvió a mostrar que la fe no se vive al margen de la realidad. Por el contrario, se hace oración en medio de la vida concreta del barrio, con sus dolores, sus búsquedas y también con su esperanza. Cada estación fue una invitación a mirar a Jesús y descubrir que él no permanece distante del sufrimiento humano, sino que se acerca, acompaña y pone el hombro en medio de nuestras cruces.
Al final del recorrido, el cardenal Daniel Sturla retomó ese sentido profundo de la celebración. “Jesús acompaña nuestras vidas, nuestros dolores, nuestros sufrimientos”, expresó, antes de recordar que a lo largo del Vía Crucis se había rezado insistentemente por la paz y de señalar que Cristo crucificado es también Cristo vencedor, cuya resurrección abre un horizonte de vida nueva.
El Vía Crucis es más que una tradición de Viernes Santo: es una manifestación de fe viva, comunitaria y encarnada, en la que el amor crucificado de Jesús se hace palabra, consuelo y llamado a seguir generando vida nueva en medio de los barrios.
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Iglesia Católica de Montevideo

