El IMA, en 2021, cumplió 130 años, con mirada agradecida al pasado, trabajo en el presente y esperanza hacia el futuro.
En el marco de las actividades por los primeros 130 años de vida del Instituto María Auxiliadora -IMA-, el lunes 18 de octubre de 2021, en la Torre de las Comunicaciones de Antel, se llevó a cabo un acto protocolar.
El evento tuvo como eje central dos momentos que recogían la historia de IMA; uno desde su fundación, y hasta la década del 80, y otro con el testimonio presencial de las directoras institucionales durante los últimos 25 años.
Días después del encuentro, ENTRE TODOS dialogó con la hermana Adriana Silva, actual directora de IMA, para conocer más sobre el camino recorrido por la institución, pero sobre todo por el camino a recorrer.
¿Cómo se vivieron los festejos por los 130 años del IMA?
Los vivimos con mucha alegría y con mucha expectativa. Desde la comunidad educativa estábamos diciendo que eran los primeros 130 años, porque esto nos compromete hacia el futuro. Porque si bien hemos logrado caminar y llegar hasta aquí, con un proceso educativo, con muchas generaciones involucradas, también podemos seguir avanzando y ofreciendo nuestro trabajo a los niños y jóvenes de la actualidad y del futuro.
También agradecimiento por la memoria, ese ejercicio de volver a la historia para recoger los aprendizajes, pero con la mirada de proyección.
Especialmente, en este tiempo de pandemia, se generaba mucha expectativa por esta etapa de cambio, de algo nuevo, de algo que no sabemos a ciencia cierta cómo va a ser, pero que sí está cargado de esperanza. Porque si el Señor estuvo con nosotros todo este tiempo, estará en los próximos 130 años.
¿Cómo fueron los comienzos de esta aventura del IMA?
Comienza en el norte de Italia, con Don Bosco y María Dominga Mazzarello, una joven campesina sencilla, que soñaba horizontes nuevos, no solo para ella sino también para las jóvenes de su tierra.
Ella se contacta con Don Bosco y con el tiempo este sueño tomará dimensiones universales. Esto comenzó el 5 de agosto de 1872. Y ya en 1877 las hermanas estaban aquí, en Uruguay. Normalmente estos procesos llevan años de consolidación, pero estas mujeres en tan poco tiempo ya estaban en otro continente, con otro idioma, en la zona de Villa Colón.
«…si el Señor estuvo con nosotros todo este tiempo, estará en los próximos 130 años»
La comunidad llega a esta casa en 1891 con siete las hermanas. Gran parte de este edificio fue preparado por un grupos de señoras de la parroquia del Cordón, apoyadas por quien era el párroco en ese momento, Mariano Soler, quien el mismo año sería nombrado obispo de Montevideo. El principio fue muy pobre porque hacían falta cosas básicas, desde la alimentación hasta materiales para educar a las jóvenes.
Rápidamente ellas se pusieron en contacto con la sociedad montevideana; visitaron las tiendas existentes y les proponían realizar servicios. La educación de las primeras jóvenes en esta casa estaba orientada a la instrucción básica —requerida por el Estado—, pero también talleres. De hecho, durante mucho tiempo se la llamó escuela taller María Auxiliadora.
La sociedad requería mano de obra femenina, y por eso las hermanas pensaron, además de la instrucción obligatoria, darles a esas chicas -y mujeres adultas- herramientas prácticas concretas para la vida.
Otro aspecto en el que hicieron énfasis las hermanas fue en la preparación de algunas de estas jóvenes para ser maestras; se preparaban aquí y rendían los exámenes en Magisterio. También había muchas alumnas pupilas, que venían de lugares alejados y pobres del interior.
¿Cómo se relaciona el colegio con el resto de la familia salesiana?
Si bien hoy la congregación salesiana de divide en dos ramas -una masculina y otra femenina-, con autonomía y caminos diferentes, mantenemos una espiritualidad común, trabajo común y distintas instancias comunes. En el pasado era una sola rama, por lo tanto todo era pensado en conjunto. Igualmente se mantienen muchas instancias de intercambio. por ejemplo, tenemos el Movimiento Juvenil Salesianio -MJS-, que tiene una única comisión a nivel nacional. También está la formación conjunta de salesianos y salesianas. Después cada lugar tiene una respuesta más adecuada a su contexto; no es lo mismo la respuesta aquí en el centro de Montevideo, que la que las hermanas salesianas dan en un barrio periférico de Rivera.

La Hna. Adriana Silva es directora de la comunidad y del colegio, desde enero de 2021./ Fuente: F. Gutiérrez
¿Cómo definiría el perfil del IMA?
IMA es la expresión de la Iglesia casa de puertas abiertas. Una casa que educa a las personas para la vida y las evangeliza. Educa desde la atracción; abre sus puertas, invita y convoca, dando su mensaje de manera atrayente. Las personas hacen su proceso de fe dentro de la institución.
¿Cómo vivieron este proceso desde la escuela taller hasta ahora?
Lo vivimos con mucha expectativa y esperanza. En nuestra historia pasamos de ser una escuela taller de niñas a ser un colegio mixto. También tuvimos el cambio de haber sido un colegio llevado adelante exclusivamente por hermanas (maestras, profesoras de todas las áreas) a empezar a trabajar en la educación con laicos, y esto significó un proceso de enriquecimiento muy grande, tanto para las hermanas como para el carisma en general. Hicimos el proceso de entender vivencialmente, haciendo la experiencia, de que el carisma es un don del Espíritu Santo y que no somos propietarias de ese don por ser religiosas consagradas, sino que ese don puede ser regalado a otras personas, con otras opciones de vida, como son los laicos. Eso fue un gran aprendizaje.
¿Cuáles son los desafíos que tiene el IMA para los próximos años?
Entendemos, como comunidad educativa, que hace unos años se hablaba de cambio de época, ahora lo que se está viviendo en realidad es una época de cambio. Es un cambio que va a durar un buen tiempo, y tenemos que encontrar qué es lo que nos quiere decir Dios, a través de las circunstancias, sobre la forma de vivir este cambio.
El gran desafío es educar a esta generación en esta época de cambio, porque el cambio genera mucha inestabilidad e inseguridad. Cómo educar al joven para que reconozca esta inseguridad y cómo puede gestionarla; la suya y la del contexto.
«IMA es la expresión de la Iglesia casa de puertas abiertas. Una casa que educa a las personas para la vida y las evangeliza»
Y creo que un gran desafío es cómo educar, promover aprendizajes, más allá de los contenidos. El desafío es educar el pensamiento crítico, cómo educar el discernimiento; porque en internet está todo puesto al mismo nivel, las opiniones y el conocimiento.
Otro desafío es el tema de las tecnologías digitales. Por un lado crecer como casa, en todo lo que significan estas tecnologías en el proceso de aprendizaje, pero a su vez cómo nosotros mantenernos y mantener los materiales aggiornados, porque también hay temas económicos.
¿Qué perfil de persona aspiran a que salga del IMA una vez terminado cuarto de liceo?
Aspiramos a que salga una persona empática, con capacidad de ponerse en lugar del otro y comprometerse con esa persona. Que sea una persona capaz de protagonizar y liderar cambios; cambios en su vida personal, familiar y social. Esto implica la capacidad de discernimiento, de manejar herramientas tecnológicas, pero también capacidades desde lo relacional. El trabajar en equipo con el otro es fundamental, como reconocer que lo que se hace con otro sale mejor que lo que se hace solo.
1 Comment
Felicitaciones! Yo fui vecino del Colegio, en las décadas del 50 al 70 vivía en Magallanes y Lavalleja (hoy Jo´se Nerique Rodó) siempre pasaban por la puerta de mi casa las Hermanas, sobre todo una que no vestía el hábito negro completo, sino llevaba una especie de mantilla, el decir popular era que era viuda y que luego había entrado en la Congregación. Yo iba a la iglesia de los capuchinos y fui monaguillo de allí por más de 10 años. Por la calle Magallanes había unas «vidrieras» en las que la Hermana Cármen Rodríguez armaba con figuras de cartón, pasajes del Evangelio, y una catequesis sobre los Sacramentos, o distintas partes del Evangelio. Conocí también a la Hna Fasioli y a la Hna Salort, heramana del Padre Urbano Salort capuchino. También frecuenté la iglesia de los salesianos y conocí al P.Mangini, P.Magnabosco y al Hermano Coadjutor Gonzlito que era músico. Mi madre era exalumna del Colegio de Morón, Buenos Aires y mantenía relación con algiunas de las Hermanas de allí. Yo conocí de niña a Dinora Gozález Berenguer, que fue o es religiosa salesiana. Luego por razones de estudio yo vine a la Argentina, a Córdoba y allí estudié en el Seminario Mayor y tuve a varios salesianos de compañeros; Dante Simón, Carlos Balmaceda, Mario Yamanouchi y otros. Y tuve de Profesores en ese Seminario los Padres Armando Conti, Leodoro Muchilli y otros.
Soy sacerdote hace 38 años y actualmente estoy en San Luis, aquí está el Colegio Don Bosco de los salesianos y he trabado amistad con varios de los salesianos que han pasado por ese Colegio, Julio Ramos, Clever Gregorat, etc.
También en San Luis está el Colegio María Auxiliadora, pero las Hermanas hace dos años que no están presentes. Recuerdo a las Hermanas Camargo….
Una obra importante han hecho siempre en todos esos lugares por los cuales he pasado y un gran testimonio.
Yo estoy en la Docencia hace 38 años, no salesiano, pero si he aprendido mucho del Método Preventivo de Dons Bosco y he tenido logros entre los jóvenes aplicando ese método.
Pero quería recordar a esa buena Hermana Cármen que armaba en esas vidrieras de la calle Magallanes aquella forma de evangeizar a los que éramos niños en el barrio. Siempre la veía en Misa en los capuchinos ya anciana, muy delgada, erguida, me llamaba la atención que llevaba colgada de la cintura unas «tijeras» y la veía con suma piedad recibir la Eucaristía y después recogerse en oracion de acción de gracias.
Feliz aniversario!