La actividad del Card. Daniel Sturla en la asamblea de obispo en Roma
Del 3 al 28 de octubre se está celebrando en Roma el XV Sínodo de los obispos, cuyo tema son los jóvenes, la fe y el discernimiento. En este sínodo Uruguay cuenta con dos representantes, Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo, designado por la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), y el Card. Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, invitado por el Papa Francisco.
El pasado domingo 7 de octubre, el Card. Daniel Sturla compartió en su espacio radial “La Alegría del Evangelio” el significado de la celebración de esta asamblea y algunas impresiones sobre lo que se está viviendo por estos días en Roma.
Tiempo de trabajo
Antes que nada, el Arzobispo de Montevideo explicó que el término «synodo» es de origen griego y significa “caminar juntos”. Remarcó que puede ser sínodo a nivel universal, como el que ahora se está llevando a cabo, o diocesanos. De hecho Montevideo ha tenido cuatro sínodos diocesanos, el último convocado por Mons. Nicolás Cotugno, entre los años 2001 y 2005.
Sobre la dinámica que sigue el sínodo, el Card. Daniel Sturla explicó que hay reuniones plenarias donde se escucha, durante un máximo de 4 minutos, a los padres sinodales para exponer sobre cada uno de los puntos. Como insumo para estas reuniones plenarias se redactó un documento previo de trabajo, el “instrumentum laboris”, que proviene de “una reflexión hecha a lo largo y ancho del mundo, y después sintetizada”, dijo.
El Arzobispo de Montevideo mencionó que también están los círculos menores, instancias en las que se trabaja por grupos lingüísticos (francés, italiano, inglés, portugués, español y alemán). Allí se corrigen los textos y se preparan propuestas, dialogando, discutiendo. “Por supuesto que en la sesiones plenarias está el Papa Francisco presente”, enfatizó.
La última etapa se da cuando todo lo elaborado pasa al Santo Padre y “lo que suele suceder es que después él escribe una exhortación apostólica, que no solo es el documento mejorado, sino que el Papa también introduce sus propios pareceres”. “Después sin dudas será una luz para el caminar de la pastoral juvenil y vocacional de todo el mundo. Entendiendo por vocación no solo la sacerdotal o religiosa, sino la de todo cristiano, llamados a la vida cristiana y a la santidad”, concluyó.
Encuentro con el Papa
Por su parte, el Card. Daniel Sturla relató parte de sus vivencias en este Sínodo, que comenzó el miércoles con una Misa celebrada en la Plaza San Pedro, donde tuvo la oportunidad de saludar al Papa.
Más adelante, el sábado 6 de octubre, el Arzobispo de Montevideo fue recibido, en entrevista privada en la Casa Santa Marta, por el Santo Padre. “Le llevé la carta que los laicos le habían escrito en el 35° Encuentro Nacional, del 29 de setiembre, manifestándole su apoyo, su adhesión. El Papa quedó muy contento con la carta”, comentó.
También le obsequió el libro de los 400 años de presencia de la Iglesia en el Uruguay, Desde la matriz. “Hablé con el Papa Francisco de Mons. Jacinto Vera, nuestro Venerable Siervo de Dios y como para nosotros sería algo tan importante que se pudieran acelerar los trámites de su beatificación”, añadió.
Otro de los momentos que destacó el Card. Daniel Sturla fue el encuentro del día sábado 6 de octubre de los padres sinodales con 6000 jóvenes, en el Aula Pablo VI del Vaticano. “Allí hubo testimonios muy tocantes por parte de jóvenes de distintas partes del mundo, sobre distintos temas; desde jóvenes que huyeron de la guerra y la persecución, hasta historias de vidas salvadas por la misericordia de Dios. Además hubo una representación artística que iba unida a estos testimonios”, mencionó. En este encuentro también participó el Pontífice.
Intervención del Cardenal Daniel Sturla
En la mañana del miércoles 11, en su condición de padre sinodal, el Card. Daniel Sturla llevo adelante su intervención en el Sínodo de obispos. El tema de la alocución fue “La libertad interior”. ICM comparte con ustedes el texto integro de la intervención del Arzobispo de Montevideo.
«Para ser libres Cristo nos ha liberado». La hermosa expresión de la carta de San Pablo a los Gálatas adquiere toda su fuerza a lo largo de la vida en la medida que descubrimos la libertad como el don más grande que Dios nos ha dado y el que más nos asemeja a su naturaleza divina.
Cuando estaba por entrar en la casa de formación salesiana como novicio, un antiguo maestro, religioso de los Hnos. de la Sagrada Familia, me dijo. «Daniel, nunca pierdas tu libertad interior». No entendí mucho estas palabras pero no las olvidé y a lo largo de mi vida, como religioso, sacerdote, obispo y ahora tb cardenal, han sido un faro en mi camino.
Somos más libres cuanto más vivimos con una conciencia recta, pidiendo al Buen Dios la simplicidad del corazón. San Francisco de Asís decía de vivir el evangelio simplemente, sin glosas. Una palabra de Jesús ilumina con claridad cuál es la fuente de la libertad: «La verdad los hará libres».
Educar en la libertad y para la libertad supone la búsqueda de la verdad hecha con honestidad y sinceridad: sin doblez. Una santa joven como Santa Teresita hacía un culto de la verdad: «yo no he buscado más que la verdad». Los jóvenes buscan la autenticidad, de un modo especial en sus educadores y acompañantes.
Educar cristianamente es educar en la libertad, de un modo especial en el acompañamiento a los jóvenes, supone al mismo tiempo suscitar en su corazón el anhelo de la verdad, respetar sus opciones, tener paciencia.
En el Instrumentum Laboris hay muchas menciones a la libertad y a la conciencia. El N° 121 al hablar del acompañamiento, dice: «el acompañamiento vocacional es un proceso capaz de liberar la libertad…»
De eso se trata. Un buen acompañante hace de espejo para que el acompañado se conozca y pueda hacer sus opciones con libertad. La libertad interior impide la manipulación y el abuso por parte de otros. Ayuda a tener una idea propia de las cosas, a no dejarse llevar por la masa; por los aplausos, ni por los silbidos; a tener una distancia razonable de todo líder carismático, y libre también del acompañante. Seguimos sólo al Señor. Siguiendo a Cristo y sus mandamientos, vividos sincera y honestamente, recurriendo al sacramento de la penitencia cuando fallamos, abiertos a la gracia, vamos haciendo camino de libertad interior.
Pasamos de la moral de esclavos del cumplimiento a la moral de hijos agradecidos. Podemos así obedecer y ser libres, o estar presos y ser libres… O ir al martirio siendo libres… Era más libres Mons. Romero que quienes lo mataron o mandaron matar.
Don Bosco en el oratorio, siguiendo a san Felipe Neri, promovía la libertad, impulsaba la iniciativa creadora, mostraba un rostro de Dios paterno, cercano, amigo; pero era al mismo tiempo claro y transparente en lo esencial de la vida cristiana. Por eso atraía.
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Excelentes palabras. La libertad llevada Cristianamente da Paz y Alegria al alma y corazon.