La Universidad Católica del Uruguay relanza la Licenciatura en Filosofía. Mano a mano con el director de la carrera.
Santiago de Arteaga estudió filosofía. Empezó la licenciatura en la Universidad de Montevideo y la terminó en la Universidad Panamericana de México. Los primeros autores que lo sacudieron fueron Nietzsche y Kierkegaard. Después vino el doctorado en la Universidad Católica de Chile, en codirección con la Universidad de Bangor, Gales.
Pero no quiere que lo llamen filósofo. No lo es, dice. No le gusta, insiste.
“Después de haber leído a grandes filósofos, me suena absurdo decir que soy filósofo. Puedo decir que soy filósofo de corazón, en el sentido de que me importa, me preocupa y, en cierta medida, me encargo de esclarecer lo que es verdadero a mí mismo. De lo que es ser filósofo, estoy lejos”, dice en una sala de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).
La UCU volverá a tener una Licenciatura en Filosofía. Y de Arteaga, de treinta y cinco años, será quien esté al frente como director de la carrera. “Si hay algo que no quiero es que se tome a la filosofía como algo fácil. Para mí, la filosofía es difícil, y tiene que serlo. No en el sentido de ‘te voy a complicar la vida’, sino en el sentido de que aquello por lo cual se pregunta la filosofía es difícil”.
Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Entre Todos.
¿Para qué sirve ser filósofo en la vida?
¿Para qué sirve? Ahí la pregunta ya está puesta en términos de utilidad. Quizá, más que preguntarse para qué sirve, habría que preguntarse en virtud de qué aparece la filosofía. Lo plantearía así. La filosofía es fundamental porque se pregunta por el fundamento y trata de dar cuenta del sentido de la realidad y de la vida humana. No solo de la inteligencia, sino del corazón humano. Y en última instancia asume la pretensión —a veces un poco o quizá demasiado ambiciosa— de dar cuenta de la totalidad de lo real, en la que el ser humano está inscrito. La filosofía es la intensidad más propia de la razón, de la inteligencia. Y considero que no puede haber vida humana sin preguntas profundamente filosóficas.
¿Cómo se aplica la filosofía en el día a día?
En el esfuerzo por discernir lo esencial. Muchas veces estamos perdidos y absortos por mil cosas. Y ahí aparece la filosofía: con su intensidad, con su empeño de discernir, de encontrar distinciones, de buscar lo que es más propiamente esencial y lo que atañe a lo humano. Por eso no hay nada como la filosofía.
Cuando uno se refiere a la filosofía, por lo general la piensa en términos de una disciplina, pero también se puede hablar de ella en cuanto al pensar filosófico. Esto es decisivo para la vida humana porque se trata de pensar, que no es racionalizar meramente ni es un esfuerzo patológico por explicar lo inexplicable. En realidad, es tomar distancia con respecto de uno mismo y de las cosas para verlas en sus propios términos, para verse a uno mismo en sus propios términos. Esta forma de mirar la realidad nos hace capaces de evaluar y llegar a una postura propia que determine, condicione y dirija el curso y la deriva de nuestra vida. Se trata de pensar en vistas a la “verdad”, “belleza”, “bien”, palabras que ya no se pueden ni decir porque todo es relativo.
La filosofía la entiendo como una especie de ejercicio espiritual también. Y cuando digo espiritual, me refiero a algo más profundo, decisivo y amplio del ser humano. No solo en vistas a lo religioso, sino también como una apertura constitutiva del humano frente a lo otro, y la posibilidad de convivir con lo otro. En este sentido, la filosofía me parece decisiva porque uno tiene que discernir y diferenciar, que es algo que a veces olvidamos.
¿La filosofía siempre da respuestas?
Su vocación es intentar dar alguna respuesta, pero me parece que dudosa vez lo logre. Si bien tiene la vocación de ultimidad, de dar cuenta de lo último, no he encontrado con que lo haga definitivamente. Sí me parece que hay una modestia filosófica —en el buen sentido de la palabra y no como una falsa humildad— de decir: la relación con la verdad es aproximativa. Y con esto, lo máximo que puedo hacer es apropiarme de aquello que doy por verdadero y realizarlo existencialmente. Por lo tanto, si bien hay una vocación de totalidad, está la tentación de dar una respuesta definitiva. Me parece que el buen pensar filosófico está un poquito más en los matices y en la comprensión de la aproximación con la verdad, que con la pretensión de dar todo resuelto.

¿La filosofía y la religión van de la mano o entran en conflicto?
Pueden ir de la mano, pueden entrar en conflicto. Esto depende de los movimientos de la mente humana y de sus intenciones: de lo que uno pretenda dejar por fuera y en virtud de qué. Se puede ser profundamente oposicionista con respecto a la religión, por el talante que uno tiene o porque no conoce de lo que está hablando, y establecer una oposición. Por otro lado, están quienes piensan que es complementaria, que también es una opción, depende de dónde esté puesto el esfuerzo para comprender.
En mi caso, no las veo como opuestas ni contrapuestas. A veces las veo como enemigas íntimas. Pero no puedo decir que estén contrapuestas, y me resulta un poco esquivo decir que son complementarias. Para dejarlo claro: sí existe la posibilidad de que fe y razón, ciencia y religión, dialoguen y saquen conclusiones positivas, sensatas y lúcidas para comprender nuestra realidad.
Por otro lado, está la filosofía de la religión.
Sí, en este caso toma la religión como objeto del pensar filosófico, y se pregunta por su sentido, su esencia y sus fines. También por su diferencia específica y los fenómenos que le son propios.
De igual modo, está la filosofía religiosa y la sabiduría ínsita de la religión: la filosofía que ya está presente en la religión, en su esfuerzo por dar cuenta de la totalidad de la realidad, su sentido; el lugar del ser humano, y el sentido de la inteligencia humana y del corazón humano en el devenir de la realidad.
Ya en la religión hay una filosofía y hay una sabiduría propia y vigorosa que es la que uno puede devolver.
¿Por qué la UCU decidió apostar a una Licenciatura en Filosofía?
Lo que me hace sentido es que la Universidad Católica, que cuando surgió tenía a la filosofía como base, tenga, por una cuestión identitaria —y no lo digo en un sentido dogmático, sino en el sentido de que corresponde al propio espíritu, talante e impostación de la Universidad Católica— algo así como la filosofía. En ese sentido, creo que es apropiado, y es una jugada fuerte y lúcida.
En una publicación en Linkedin, en la que anunciaba la propuesta de la UCU, escribió: “La filosofía nos da la posibilidad de pensar con claridad en tiempos confusos”. ¿En qué sentido?
Si tratamos de prestar atención al entorno, hay categorías muy rígidas, muy fuertes, en la que determinados fenómenos o personas caen de forma automática. Por ejemplo, cuando alguien dice que cualquier postura de otro es de derecha, es catalogado de “facho”. O alguien con postura de izquierda, es catalogado de “zurdo” o “progre”.
En realidad, uno no sabe a qué se refiere cuando habla de estas cosas. Y parte de la confusión es hacer converger todo en categorías muy simplistas, que incluso pueden derivar en un espiral de violencia, de fragmentación, de hiperpolarización, muchas veces porque ni siquiera sabemos qué es lo está en juego en lo que decimos. Por eso, la filosofía, con su ímpetu de aclarar, distinguir y dar cuenta de lo que es esencial de algo distinto a todo lo demás, se vuelve fundamental.
¿Cuál sería el perfil de un graduado UCU en Filosofía?
Esta licenciatura no solo quiere formar personal investigador y docente, que es la deriva más clara y típica. La verdad es que el perfil del graduado responde a una voluntad: que pueda formar parte del debate público, de cuestiones que nos interesan a todos a nivel social y político.
¿Hay espacios para el debate filosófico en el Uruguay del siglo XXI?
Hay que generar más espacios. Si bien ya los hay —en la UCU, en la Udelar, en la Universidad de Montevideo—, cada uno tiene sus límites. Si me preguntás si hay un entorno preparado para esta clase de intención, respondería que no completamente, porque no solo hablamos de participar en los medios.
Desde la UCU nos interesa que el graduado pueda formar parte de la discusión en la política, en la salud; que esté con los abogados, que tenga presencia en los medios. Incluso que participe en empresas, en cuestiones de ética empresarial. Si me preguntás cuál sería mi sueño, diría: un graduado UCU en Filosofía en el Senado. Me encantaría.
Creo que hay mucho potencial, posibilidades concretas de mejorar el panorama y de ampliar las probabilidades de inserción. No se trata solo de formar estudiantes, sino de mostrar al entorno que tener estos graduados no solo vale la pena, sino que constituye un diferencial importante para su actividad.
Agenda
El próximo martes 21 de octubre a las 17 horas se realizará una charla informativa sobre la Licenciatura en Filosofía, en la sede central de la Universidad Católica (Avenida 8 de Octubre 2738). Además, los participantes podrán recorrer el Campus Montevideo y conocer las oportunidades de becas. Por consultas, se puede escribir a: preuniversitarios@ucu.edu.uy.
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