En la mañana del viernes se realizaron las exequias del padre Eduardo Sánchez.
La comunidad de la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Cordón, sacerdotes, compañeros y amigos, despidieron los restos mortales del padre Eduardo Sánchez, quien falleció el 21 de octubre a los 78 años.
¡Gracias Eduardo!
Pasada la hora 10, comenzó la ceremonia de despedida al padre Eduardo Sánchez; sacerdote de la arquidiócesis. Presidida por el arzobispo de Montevideo, cardenal Daniel Sturla, y acompañado por sacerdotes concelebrantes, sus amigos, compañeros y seres queridos le dieron el último adiós.
En la homilía, el párroco Washington Hernández, dio gracias por la vida y el ministerio del hermano Eduardo. “Sin lugar a dudas, anidan en nuestro corazón, sentimientos encontrados: por un lado la tristeza por la pérdida física, pero con la esperanza y la plena confianza de que Cristo resucitó de entre los muertos, y en Él nuestra muerte ha sido vencida, la vida puede más; esta certeza ilumina nuestro peregrinar”, destacó.
El padre Eduardo, cumplió 78 años el pasado 18 de octubre. Oriundo de la Provincia de Catamarca, República Argentina, decidió misionar en Uruguay donde pasó por muchas parroquias.
Así lo recordó el párroco del Cordón: “Te ganaste el corazón en todos lados. En el Seminario de Toledo. Dejaste huellas en la parroquia San Miguel Arcángel, también por Villa Española y en Comercio. En la parroquia del Carmen y San Cayetano, y en el Cordón. En Reducto, en Parque Rodó, en Pocitos, en la parroquia San José Obrero y la Anunciación, en la parroquia de Los Vascos y, por último, en la capilla de Lourdes junto a las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto y en la parroquia del Cordón”.
El 22 de octubre del año 2018 falleció la madre del padre Eduardo; así lo recordó su excompañero de comunidad: “Gracias Eduardo por todo lo que nos regalaste, por todo lo que nos enseñaste, no solo latín. Hoy es la fecha de fallecida tu mamá Julia del Carmen, a quien fuiste a preparar para el bien morir en el año 2018; con tu cercanía y cariño”, contó.
La huella de un sacerdote amigo
Hombre bueno, paciente, humilde, sencillo, afable, sumamente tierno y prudente. De buen humor, conciliador, de mil sabias anécdotas, profundamente humano e inmensamente espiritual; así lo recuerdan quienes lo conocieron.
El padre Mauro Fernández, ex alumno del padre Eduardo, recordó con emoción a su profesor de latín: “Un grande, sabía muchísimo. No tenía reparo en explicar una y otra vez, un hombre de gran pedagogía”. Y agregó: “Como hermano en el presbiterio siempre fue un sacerdote disponible, atento, fraterno, siempre era un placer compartir con él”, destacó.
Una persona muy querida y sabia; capaz de dar un consejo y una palabra, con una gran capacidad de escucha.
El periodista y director del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional (Secan), Gerardo Sotelo, participó de la celebración junto a sus excompañeros del grupo de jóvenes de la parroquia. Para ellos, el P. Eduardo no fue un sacerdote más; fue símbolo de su experiencia de Iglesia.
Recordando una época difícil de la historia del país, Sotelo recordó la importancia de ese sacerdote amigo para los adolescentes de esa época: “fue una persona extremadamente importante para todo el grupo de jóvenes de aquel entonces. Nos ayudó a formarnos en valores espirituales y morales durante la adolescencia, en una época muy complicada del país”.
Y agregó: “Hubo que armarse de herramientas para vivir: para vincularse con el prójimo, para relacionarse con la pareja, para integrarse al mundo del trabajo, entre tantas otras cosas”, enfatizó.
Guardado en el corazón
Su ex compañero de comunidad, el padre Washington, compartió momentos vividos en fraternidad, como la cena. “¡Cuántos recuerdos lindos!; añoranzas que guardamos en el corazón. Me voy con mi lechuza, decía Eduardo, todas las noches con su tacita de leche caliente antes de ir a dormir”.
Su última casa fue la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Allí, acompañado por sus hermanos sacerdotes y la comunidad, transitó la pandemia. Su testimonio sacerdotal atravesó muchos avatares, pero nunca dejó de vislumbrar su felicidad; con más de 50 años como presbítero, servidor de la Palabra y de los sacramentos.
Sotelo y sus ex compañeros, nunca perdieron el contacto con el sacerdote, fue esporádico pero se mantuvo a lo largo del tiempo. Todos ellos, hombres y mujeres, recuerdan su gran sencillez y su profunda espiritualidad, además de su gusto por el latín.
El periodista rememoró su cercanía y afecto: “la espiritualidad se puede vivir de muchas maneras, la de Eduardo era una espiritualidad muy sencilla en el sentido más cristiano del término; te llegaba. Era una persona cercana, afectuosa”.
Y añadió: “murió donde lo conocí. Para nosotros la parroquia del Cordón es parte de nuestra vida, es muy conmovedor. El velatorio realizado en la parroquia le dio un grado de familiaridad, no lo hubiese tenido si lo hubieran velado en otro lado”, destacó.
El padre Washington mencionó en su homilía las últimas palabras del padre Eduardo: “Me siento como vacío”, y las interpretó de la siguiente manera: “Siempre quisiste ser signo de servicio y fidelidad en la entrega a Dios y a la Iglesia, hasta el final. Te vaciaste de ti mismo para llenarte de Jesús. Hombre de fe, sacado de entre los hombres, para la gloria de Dios y salvación de las almas”, concluyó emocionado.