La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa impulsa una iniciativa para fomentar la reinserción laboral de personas que han recobrado su libertad.
El ‘Chino’ se arremanga su buzo para mostrar que no tiene cicatrices de una puñalada ni cortes. “Puedo decir que soy un afortunado porque salí sano de la cárcel”.
El ‘Chino’ se llama Carlos Alberto Álvarez y fue procesado con prisión a los veintiocho años por un delito de lesiones graves. Además, anteriormente fue procesado sin prisión durante dieciocho meses por un delito de lesiones leves. Su condena fue de cuatro años y ocho meses, que cumplió en el Comcar. Pasó por los módulos cuatro, cinco y ocho del centro penitenciario hasta que le otorgaron la libertad anticipada un año antes.

Carlos Alberto Álvarez, el ‘Chino’. Fuente: Romina Fernández
Son las siete de la tarde del viernes 19 de julio y el ‘Chino’ está en una sala fría del hogar “Lo de Carlo”, en Progreso (Canelones), donde vive desde hace un año y tres meses. En esta casa funciona la organización Nuestros hijos nos esperan, que apoya a los liberados de las cárceles para que puedan conseguir una ocupación y reinsertarse en la sociedad.
El ‘Chino’ tiene en la actualidad cuarenta y cuatro años. Es morocho y delgado, y viste buzo bordó, jeans negros y championes negros. Al hablar, muestra que le faltan algunos dientes.
Su piel marca el antes y el después de su vida. En el antebrazo izquierdo tiene tatuado un dragón y, en la mano, la cara de un diablo. Ambos dibujos están borrosos y descoloridos. En el antebrazo derecho, en cambio, lleva tatuado —desde hace casi tres años— dos manos juntas con un rosario en actitud de oración. “Yo creo en Dios porque me protegió de muchas situaciones”.
***
“Comencé a trabajar a los doce años. Fui chapista, pintor de autos, herrador, soldador, albañil. Pero al salir de la cárcel se me cerraron todas las puertas laborales. Me sentía juzgado por todos. Creía que las buenas oportunidades que me había dado la vida las había perdido”, dice el ‘Chino’.
Decidió irse a vivir a la intemperie, en Carrasco Sur, para estar cerca de sus hijos: un varón que hoy tiene veintitrés años y una mujer de veinte, quienes viven en Carrasco Norte junto a su madre. El lugar que encontró para dormir fue debajo de un alero, en la esquina de Arocena y Schroeder. Así estuvo durante once años. “Cuidaba y limpiaba autos. Hacía alguna changa, como arrancar piñas de los árboles para vender. Ganaba mucha plata”.
Pero ese dinero que obtenía, lo usaba para comprar droga. Consumía cocaína y alcohol desde los catorce años. “Empecé con problemas de salud, sentí que me moría”. En la calle conoció a Gabriel Camilo, fundador de Nuestros hijos nos esperan, quien lo llevó a vivir a la casa ubicada en Progreso.

Gabriel Camilo, fundador de Nuestros hijos nos esperan. Fuente: Romina Fernández
“Llegué muy enfermo y el médico me indicó que no tenía nada. Cuando me di cuenta de que tenía más tiempo para vivir, supe que tenía una segunda oportunidad en la vida”. Al mes de vivir en el hogar, comenzó a trabajar en Teyma, empresa uruguaya dedicada a la ingeniería, construcción y servicios industriales.
Su primer empleo tras recuperar la libertad fue como medio oficial del Centro de Operación y Mantenimiento del Ferrocarril para UPM, ubicado en Juanicó, Canelones. “Con ese trabajo empecé mi nueva carrera laboral, como una persona normal. Esto fue posible gracias a la ayuda que recibí del hogar ‘Lo de Carlo’, la confianza de la empresa, la voluntad divina y la mía”.
El contrato era por un mes. Al finalizar la obra, estuvo desempleado durante dos semanas hasta que fue llamado por Saceem, empresa uruguaya que se especializa en ingeniería, construcción y concesiones. “La recomendación fue por parte de Teyma dado que fui bien evaluado”, dice el ‘Chino’.
Su segundo empleo tras recuperar la libertad fue en el viaducto que se levantó en la avenida Millán entre Eugenio Garzón y la calle Vedia, por encima del trazado del ferrocarril. El contrato era por nueve meses. Con el aguinaldo que obtuvo, se compró una moto, que hace pocos días se la regaló a su hijo. Al concluir la obra con Saceem, estuvo en seguro de paro durante tres meses.
Desde mayo pasado trabaja de nuevo para Teyma, como operario de mantenimiento en la Planta de Tratamiento de Lixiviados que está en las inmediaciones de la usina de residuos domiciliarios Felipe Cardoso.
***
Jorge Penedo, director de Recursos Humanos y Relaciones Laborales en Teyma, dice en su oficina ubicada en el centro de Montevideo: “El ‘Chino’ tiene un buen trabajo, está en condiciones de estabilidad y con un contrato por tres años, con posibilidad de renovarse”.
Teyma trabaja con liberados desde hace diecisiete años, en el marco del Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados, que fue creado por decreto el 7 de marzo de 1934. “Es una política que inspira a Teyma en todas sus líneas de trabajo porque tratamos de tener un impacto social positivo. El concepto que manejamos es que en cada obra hay al menos una persona liberada”, explica Penedo.

Jorge Penedo. Fuente: Romina Fernández
La empresa ofrece oportunidades de empleo para personas liberadas en tres sectores: limpieza, mantenimiento y construcción. Sobre el tercer rubro, Penedo explica: “Es el más dinámico. Se contratan a personas para una obra determinada y, cuando esta termina, empieza otra y se genera otra vacante para un nuevo proyecto. Hacemos evaluaciones a todos los trabajadores. Un empleado que tiene buen desempeño en un proyecto puntual puede llegar a ser trabajador permanente”.
***
El proyecto Liberados es impulsado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Su objetivo es fomentar la reinserción laboral de personas que estuvieron privadas de libertad. Para ello, ACDE trabaja en conjunto con el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) —que depende del Ministerio del Interior— la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado (DINALI) —que depende del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES)— y, además, conforma el contacto empresarial.
Teresa Cometto es la coordinadora del proyecto Liberados de ACDE y, además, integra la Pastoral Penitenciaria desde hace diez años. En esta década ha concurrido a la Cárcel de Mujeres y a Punta de Rieles para llevar un mensaje de esperanza a las personas privadas de libertad. “La Pastoral Penitenciaria se enfoca en los presos, pero la inquietud que me surgió fue qué pasaba con ellos cuando recuperan la libertad”.
Marcelo Scavuzzo, presidente de ACDE desde 2023 y agente pastoral, le propuso a Cometto ser la “articuladora” entre las organizaciones, las empresas y el Estado para promover la reinserción de liberados en la sociedad y evitar el efecto de “puerta giratoria”: que los individuos salgan y entren a la cárcel. Para ello, se realizaron reuniones con gerentes generales y de recursos humanos de empresas socias de ACDE con el fin de exponer el proyecto. La propuesta fue presentada el 30 de mayo de 2023.
***
El proyecto Liberados se organiza en tres equipos de trabajo: voluntariado y reinserción de liberados; oficina de liberados en el ex Comcar y la red oportunidades.
El equipo de voluntariado y reinserción de liberados es liderado desde junio pasado por ManpowerGroup —servicio de recursos humanos presente en Uruguay desde 1981— y financiado por el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP). El proyecto se creó el año pasado y se llama Derribando Estigmas, que se integró al de ACDE para abordar el tema de una forma global y unir esfuerzos. Su trabajo consiste en la elaboración de currículums y perfiles de los liberados, promover capacitaciones y la coordinación de los voluntarios que acompañan.

Teresa Cometto. Fuente: Romina Fernández
Alejo Acosta, gerente de consultoría en recursos humanos en ManpowerGroup Uruguay, dice: “Tenemos muchos perfiles y currículums de liberados que no tendrían ningún problema si lo presentamos directamente a las empresas. Pero, como vienen con este estigma detrás, son rechazados”.
Un pilar fundamental es la participación de voluntarios que acompañen a los ex presos, por lo menos, en los primeros cuatro meses. En la actualidad solo hay cuatro que se reúnen con los liberados fuera de su lugar de trabajo. El objetivo es llegar a tener entre treinta y cuarenta voluntarios y, que cada seis de ellos, haya un coordinador. “Acompañar a un liberado implica varias cosas. La idea no es resolver todos sus problemas, pero sí darle una guía para que no decaiga”, explica Cometto.
“El objetivo es darle a las empresas las mayores garantías de que las personas están realmente acompañadas durante la primera etapa”, dice Acosta. Para Penedo, de Teyma, el acompañamiento por parte de los voluntarios es fundamental dado que “los jefes y capataces deben tratar a todos los trabajadores por igual”.
El segundo equipo de trabajo del proyecto Liberados funciona en el ex Comcar. Allí, el INR asignó a ACDE una oficina con el objetivo de formar y ayudar a las personas privadas de libertad que obtendrán la libertad en poco tiempo, en promedio seis meses. El equipo de ManpowerGroup concurre una vez por semana y ayuda a los presos a elaborar sus currículums y los prepara para una futura entrevista laboral. “Los primeros días y las primeras semanas de libertad del individuo son clave”, dice Cometto.
Por último, está la red oportunidades, una iniciativa del MIDES que está conformada por empresas privadas, organizaciones sociales e instituciones estatales que unen esfuerzos y recursos con el objetivo de lograr la inclusión social efectiva de personas que recuperan su libertad.
“La mayoría de las empresas tienen miedo de contratar a personas liberadas o, también, ser la primera empresa que contrate a un liberado. La red ayuda a ser un nexo para consultar las referencias sobre los ex presos porque se crea un perfil de cada individuo. Sus antecedentes no son penales, sino laborales”, dice Penedo.
En 2023, Teyma contrató a dieciséis personas liberadas. Para este año, el objetivo por parte de la empresa es duplicar el número.
***
ManpowerGroup trabaja con cuatrocientas empresas en Uruguay, pero son “muy pocas” las interesadas en trabajar con liberadas. “Gracias a ACDE, varios empresarios se han mostrado interesados en el proyecto. En las dos últimas semanas tuvimos unas treinta reuniones con empresarios y directivos”, dice Acosta.

Alejo Acosta. Fuente: Romina Fernández
Para Cometto, el proyecto Liberados no solo genera impactos en la vida de quien estuvo privado de libertad sino también en la interna de la empresa: “Los empleados le dan un sentido mayor a su trabajo cuando le dieron posibilidades de inclusión a alguien que estuvo en un entorno muy vulnerable”.
Penedo, por su parte, evalúa como “positiva” la experiencia de trabajar con liberados y destaca el diálogo que hay entre la empresa con organizaciones que trabajan con esta población: Ceprodih, Tacurú, Fundación Winners Uruguay, Quebracho, Iglesia anglicana y Nuestros hijos nos esperan. “Esto es más que una oportunidad laboral, se trata de una sostenibilidad del empleo. A veces se escucha decir: ‘La gente no tiene oportunidades’. Sí, sin dudas que eso sucede. Pero también sucede que hay gente que tiene oportunidades pero que no está en condiciones de aprovecharlas”.
El proyecto Liberados de ACDE se encuentra en el fin de la primera etapa, con pruebas pilotos que involucraron a ochenta personas. De esta cantidad, fueron contratados “un número importante”, dice Cometto. “Muchos se integraron al mercado laboral y otros están en lista de espera. Han sido acompañados, se han capacitado y tienen su currículum. Están haciendo pasantías o tienen trabajos que no son de tiempo completo”.
De cara al próximo año, el objetivo es “duplicar el número” de liberados que se inserten al mundo laboral. Pero además hay otra meta que se plantea ACDE: apoyar la creación de una ley de promoción de empleo exclusiva para liberados.
***
Son las tres de la tarde del lunes 22 de julio y el ‘Chino’ está trabajando. Viste una campera de tela polar azul, que tiene dos franjas horizontales de color amarillo flúo y el logo de la empresa. Además, usa pantalón azul y sus zapatos están embarrados. Trabaja junto con dos compañeros, José y Jairo, en la laguna de amortiguación en el predio de Felipe Cardoso.
“Yo conté que estuve preso. A mis jefes y compañeros les gustó que les contara mi historia porque sentían la curiosidad de lo que es estar tras las rejas. Pero nunca sentí discriminación. Nunca me escondí de donde vengo. No me da vergüenza, me da orgullo decir que estuve en la cárcel y que pude salir adelante”, dice el ‘Chino’.

El ‘Chino’ mientras trabaja para Teyma en la laguna de amortiguación, en el predio de Felipe Cardoso. Fuente: Romina Fernández
“Ninguna persona ingresa a trabajar con la etiqueta de ‘liberado’”, explica Penedo. “Es parte de preservar la intimidad de su pasado. Entra como cualquier otro empleado y en las mismas condiciones que los demás: se le aplica el mismo reglamento de trabajo, el mismo tipo de contrato y la misma remuneración”.
El ‘Chino’ pudo comprarse un auto con sus ahorros, generados a partir de sus sueldos en Teyma y Saceem. Pero hay algo que actualmente lo hace más feliz: “Hoy tengo esperanza de vida y trabajo. Dejé las drogas y gané en salud. Estoy saliendo adelante. Recuperé a mis hijos. Me siento una persona normal”, dice con los ojos brillosos.
¿Cómo formar parte del voluntariado del proyecto Liberados?
Contactarse con Alejo Acosta, de ManpowerGroup, a través del correo aacosta@right.com.uy o el celular 091 947 306.
Por: Fabián Caffa
Redacción Entre Todos