En la homilía de la misa de Domingo de Pascua, el cardenal Daniel Sturla —además de comenzar con el tradicional chiste que busca evocar la alegría de esta fiesta— compartió una reflexión centrada en el corazón de la fe cristiana: Jesús resucitado sale al encuentro de las personas y abre un horizonte nuevo, también en medio del dolor, la incertidumbre y la violencia. El mensaje de Pascua, difundido después, retomó esa misma clave con una invitación concreta a construir la paz y defender la vida.
La Pascua anuncia que la muerte no tiene la última palabra. Esa convicción, central para los cristianos, fue presentada en la celebración de este domingo de un modo cercano a la experiencia humana: como encuentro. Así como Jesús resucitado salió al encuentro de María Magdalena, de Pedro, de los discípulos de Emaús, de Tomás y de los apóstoles, también hoy sigue saliendo al encuentro de cada persona.
Desde ahí, la homilía propuso leer la vida con una esperanza nueva. En un mundo atravesado por guerras, inseguridad, enfermedades, sufrimientos y tensiones de todo tipo, la resurrección de Cristo vuelve a afirmar que el mal, el pecado y la muerte no tienen la última palabra. La tiene Dios, su gracia, el bien y el amor.
La Pascua de Jesús toca nuestras vidas concretas, cuando le abrimos el corazón. Y así, como Cristo viene al encuentro de cada uno, también cada uno está llamado a salir al encuentro de los demás. La fe pascual impulsa entonces a abrir puertas, a tender puentes y a romper la lógica del enfrentamiento, incluso en medio de diferencias políticas, culturales o personales.
En esa línea, la reflexión invitó a poner amor donde hay odio, paz donde hay violencia y mansedumbre donde domina la agresividad. No como una idea ingenua, sino como una consecuencia real de la resurrección: quien se sabe alcanzado por Cristo resucitado está llamado también a vivir de otra manera.
En ese mismo tono reaparece en el mensaje de Pascua del cardenal Sturla, donde se retoma el saludo del Resucitado —“Paz a ustedes”— como una palabra especialmente necesaria para este tiempo. Allí se anima a construir la paz y a defender la vida, con una atención particular a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.
La Pascua de Jesucristo no es solo una noticia que se celebra, sino que también se vive: dejarse encontrar por él, renovar la esperanza y abrir caminos de paz en medio de la vida cotidiana.
Iglesia Católica de Montevideo

