El Consejo Permanente de la CEU recibió ayer a Wilder Tayler (director de la Institución Nacional de Derechos Humanos), al fiscal Ricardo Perciballe y a Nelson Villareal, presidente de Obsur. Compartieron un comunicado y hoy realizaron una conferencia de prensa.
Los obispos del Uruguay se reunieron en la jornada de hoy y luego dialogaron con distintos medios de comunicación, con relación al comunicado que compartieron ayer con respecto a la compleja situación que se vive en Venezuela y acerca de la búsqueda de restos de desaparecidos.
Mons. Arturo Fajardo, el Card. Daniel Sturla y Mons. Heriberto Bodeant hicieron referencia al encuentro de ayer del Consejo Permanente de la CEU (que recibió a Wilder Tayler, director de la Institución Nacional de Derechos Humanos, al fiscal Ricardo Perciballe y a Nelson Villareal, presidente de Obsur) y respondieron las distintas preguntas de la prensa.
Ayuda en la búsqueda de la verdad
El primero en hacer uso de la palabra fue Mons. Fajardo, quien destacó la importancia de la reunión de ayer y contextualizó el labor de nuestra Iglesia: «En el encuentro que hemos tenido desarrollamos dos temas importantes. Por un lado, expresamos la solidaridad con la Iglesia de Venezuela y con todo su pueblo por la situación que están viviendo. También recibimos a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y al fiscal de estos temas en un encuentro donde también hablamos de la disposición de la Iglesia a seguir colaborando, como ya lo ha hecho en muchas oportunidades, en el tema de la búsqueda de los desaparecidos». Consultado por los medios presentes, Fajardo aclaró que no se ha recibido algún tipo de información nueva sobre la búsqueda de desaparecidos, pero remarcó: «Toda la información que se pueda recibir será bienvenida y será acercada a estos organismos oficiales».
Posteriormente, el Card. Daniel Sturla hizo referencia al trabajo de nuestra Iglesia para esclarecer estos hechos, que se remonta a gestiones anteriores: «Recordemos que cuando el presidente Jorge Batlle creó la Comisión Nacional para la Paz. Estuvo integrada, entre otros, por el entonces arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotuño, y por el padre Luis Pérez Aguirre, que había tenido un amplio trabajo a través del Serpaj (Servicio de Paz y Justicia). Después de la muerte de Pérez Aguirre hubo otro sacerdote, Jorge Osorio, de la diócesis de Melo. Es decir que la Iglesia ya se encontraba colaborando. Después hubo distintas intervenciones al respecto, como por ejemplo de monseñor Pablo Galimberti».

Mons. Arturo Fajardo, el Card. Daniel Sturla y Mons. Heriberto Bodeant respondieron las distintas preguntas de la prensa, en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey. Fuente: Leandro Lia
En este sentido, el arzobispo de Montevideo también destacó la revisión de todos los archivos de las distintas curias a nivel nacional, para evaluar si había información relevante que pudiese ser de utilidad para la búsqueda de desaparecidos. «Cuando se revisaron los archivos para ver si se encontraba algún dato importante, de hecho hubo dos trabajos. En Montevideo, por ejemplo, estuvo Mario Cayota, que todos lo recordarán. Fue presidente del Partido Demócrata Cristiano y embajador en el Vaticano, él estuvo trabajando acá y allá a ver si encontraba algún dato. En ese momento, durante la presidencia de Vázquez, hubo también un llamado a que personas que tuvieran algún dato lo pudieran comunicar. Los obispos hemos recibido alguna información —yo recibí también, porque algunas personas iban a las parroquias— y lo entregábamos directamente a los familiares de desaparecidos. También recibí en una oportunidad al grupo de antropólogos. En esta instancia que tuvimos de diálogo, resurgió la posibilidad de que las parroquias reciban algún dato de gente que quiera aportar y que, a través de los obispos, llegue a familiares o a la Comisión de Derechos Humanos».
Consultado acerca de cómo se procedería con esta propuesta, el cardenal recordó que «en muchos casos, la persona habla con un sacerdote, pero no quiere decir necesariamente que sea un confesión. Es justamente decir y confiar en la confidencialidad del sacerdote. Es una cuestión anónima, pero el sacerdote puede anotar los datos que le brindan todo eso se transmite directamente al obispo para que unifique el contacto posterior con los familiares de los desaparecidos, o con la Comisión de Derechos Humanos. Otros casos, que pasaron hace unos años, son aquellas personas que dejan una carta —incluso recuerdo alguna con algún dibujo que indicaba un lugar en específico—, y todo ese material fue enviado».
Solidaridad con el pueblo venezolano
Por último, Mons. Heriberto Bodeant reflexionó sobre la compleja situación en Venezuela. En primera instancia remarcó que desde la Conferencia Episcopal del Uruguay se mantiene constante contacto con las Iglesias de aquel país: «Seguimos lo que los otros episcopados, las otras conferencias episcopales de América Latina y los obispos venezolanos están expresando, que es fundamentalmente su preocupación, su consternación sobre la situación que se vive. Un estado de confusión, con un resultado que no termina de esclarecerse de forma convincente para todos, pero también con la violencia que parece acrecentarse día a día. Por eso realizamos una declaración que hacemos llegar también a los hermanos obispos de Venezuela, de solidaridad con ellos, con su iglesia y con todo el pueblo venezolano.
«Recordamos también los numerosos venezolanos que tenemos aquí en Uruguay, muchos de ellos también participando activamente en la vida de nuestras parroquias y que también nos transmiten sus angustias y sus esperanzas», contextualizó Mons. Bodeant, para luego precisar que esta declaración es más de apoyo que de acción: «Es para acompañar la situación que viven nuestros hermanos. Claro que estamos pendientes de lo que pasa allí, los estamos apoyando, Desde la Iglesia, si hay algo fundamental con lo que contamos, es con la oración, además del llamado permanente a buscar caminos de encuentro, de paz, de reconciliación. Se ve una división fuerte que los está afectando en este momento».
Desarrollo del comunicado
Los Obispos del Uruguay, conmovidos por la situación que vive Venezuela, se unen a las otras voces eclesiales que, desde distintos países de América Latina, manifiestan su solidaridad con el pueblo venezolano, orando para que éste encuentre caminos de paz, justicia y reconciliación, superando la confusión y la violencia que ha seguido a la realización de elecciones. Pensamos con afecto en los muchos venezolanos que viven en nuestro país, de los cuales no pocos frecuentan nuestras parroquias, quienes nos transmiten sus angustias y esperanzas. Recogemos y hacemos nuestras las palabras que los obispos de Venezuela han expresado como pastores: “¡Es Cristo mismo quien sostiene nuestro país! Que el desaliento y la desesperanza no encuentren lugar en la vida del cristiano.” Invitamos a nuestras comunidades a invocar a la Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, patrona del país hermano, para que su manto de Madre abrigue, consuele y ayude a sus hijos e hijas a encontrar caminos de reencuentro.
En el día de ayer, el Consejo Permanente de la CEU recibió al Dr. Wilder Tayler, de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo y al Dr. Ricardo Perciballe, fiscal de crímenes de lesa humanidad, acompañados por Nelson Villarreal, presidente de OBSUR. Los dos primeros expusieron sus trabajos en lo que concierne a la búsqueda de personas detenidas desaparecidas en el Uruguay, reconociendo el sentir de familiares y de muchos uruguayos que desean que esos restos puedan ser encontrados y sepultados dignamente. Ambos piensan que muchas personas pueden haber sido testigos tangenciales de enterramientos y, por tanto, estarían en condiciones de facilitar información al respecto. Al mismo tiempo, son conscientes de que muchas personas tienen temor de hablar. En distintas oportunidades la Iglesia ha ofrecido la posibilidad de recibir información, a través de los párrocos y de los obispos, guardando el secreto acerca de su origen. En la asamblea de hoy, recibido, el informe, los Obispos acordaron volver a ofrecer esta posibilidad, buscando contribuir así a la sanación de una herida que sigue abierta en el corazón de nuestro pueblo.