En 1934, los primeros hermanos se instalaron en el país con el propósito de ser un aporte en la educación católica. Hoy la congregación cuenta con cuatro colegios y tres centros educativos comunitarios.
El hogar San José de los hermanos maristas, en el noroeste de Montevideo, da la bienvenida a quienes llegan con una escultura de cemento que retrata a Marcelino Champagnat (1789-1840) junto a tres niños. La imagen será reemplazada dentro de poco tiempo por una idéntica, pero hecha en hierro y con una estructura plana.
En el parque que rodea al hogar ya hay colocadas otras imágenes de hierro que retratan al fundador de la congregación y algunos momentos de su vida. Son obras del escultor uruguayo Giorgio Carlevaro, exalumno del colegio Juan Zorrilla de San Martín, una de las instituciones que pertenece a los maristas.

El parque del hogar es inmenso y, en su momento, fue aún más vasto. Actualmente cuenta con ocho hectáreas, aunque llegó a tener dieciséis. Está bien cuidado, con caminos arreglados y plantas que se ven fuertes. Tiene una, dos, tres canchas de fútbol.
Además, se encuentra la capilla del bosque, similar a la que hay en Hermitage, una de las primeras propiedades maristas ubicada en Lyon, Francia, que forma parte de un conjunto de edificios, uno de los cuales fue construido en 1824 por Champagnat, junto con otros religiosos y los constructores locales.
El resto del parque es verde.
El hogar San José está compuesto por un edificio con capacidad para ochenta personas, salones para reuniones, una capilla y un archivo, donde pronto se almacenará toda la documentación relacionada con la congregación en Uruguay. A un costado, se encuentra la comunidad de los hermanos maristas.
Así es el lugar, que en sus orígenes, hace setenta años, funcionaba como un seminario donde los jóvenes se formaban para convertirse en hermanos. En aquel entonces, contaba con un sector de viñedos, campos frutales, un criadero de cerdos, gallinas e incluso una sastrería, donde se confeccionaban sotanas, camisas y pantalones.
***
Es la tarde del primer sábado de octubre de 2024. Alberto Guillermo Aparicio está acompañado por la mascota del hogar, una perrita blanca de raza bichón frisé llamada Ceci.
Su vida marista comenzó como estudiante en el Colegio Agropecuario Marista de Darregueira, una localidad del sudoeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde nació el 9 de febrero de 1963. Es hermano marista desde el 8 de diciembre de 1983, tras realizar su primera profesión.

A principios de 2021 fue nombrado animador de la provincia marista “Cruz del sur” que abarca Argentina, Paraguay y Uruguay. Si bien su rol es el de superior en la región, le incomoda el término debido a la formalidad que implica. Llegó a Uruguay en agosto de ese año debido a que las fronteras estaban cerradas por la pandemia. “Es un pueblo que no se adhiere a la religiosidad, pero es fuertemente espiritual”, dice sobre este país.
Aunque está en el gobierno provincial, que abarca a los tres países, gran parte de su trabajo se centra en Argentina. Allí está al frente de la Fundación Educación y Misión (FEM), un proyecto similar al de la Fundación Sophia en Uruguay.
Aparicio no vive solo. Comparte el hogar con otros tres hermanos maristas que ahora no están presentes: Juan Walder, de ochenta años; José Kuhn, de sesenta y cuatro; y Carlos Huidobro, de setenta y dos. Todos son argentinos. Walder y Kuhn siempre vivieron en Uruguay y se formaron aquí. “La comunidad de hermanos trata de mantener, acompañar y formar el carisma y la espiritualidad para que no se pierda”, dice Aparicio.
***
Un resumen sobre la llegada de los maristas a Uruguay podría decir lo que sigue: que en 1932 los hermanos maristas llegaron a Buenos Aires, y desde allí comenzaron las primeras gestiones para instalarse en Uruguay. Que tres hermanos españoles escaparon de la Guerra Civil e ingresaron al país sin ningún conocimiento previo de su realidad y su cultura. Que Macario Luis Roba fue el primer hermano marista en llegar, tras desembarcar el 18 de octubre de 1933 en el Río de la Plata. Que desde 1920, Juan Francisco Aragone, entonces arzobispo de Montevideo, quería que los maristas vinieran al país porque eran “grandes educacionistas reconocidos en el mundo entero”. Que el 2 de febrero de 1934 llegaron los hermanos León Vidal y Félix Bernardino. Que luego de reunirse con varios sacerdotes, fueron orientados a la parroquia Nuestra Señora de los Dolores —Tierra Santa—, que era atendida por los franciscanos, quienes ofrecieron dos salones de ocho por cinco metros, un recibidor y un patio. Que el 5 de marzo de 1934 comenzó a funcionar el colegio Santa María, exclusivamente para varones. Así. Perseguidos, rechazados, empobrecidos. Así llegaron los primeros hermanos maristas a Uruguay.
***
A mediados de 1938, ocho religiosos maristas alemanes llegaron a Uruguay y se hicieron cargo de los nuevos cursos. El 21 de enero de 1939 se firmó un contrato de alquiler, con opción a compra, de la nueva sede del colegio Santa María, que en aquel tiempo tenía cien alumnos, y se trasladó a Avenida 8 de Octubre 2966.
Ese mismo año se fundó el colegio Juan Zorrilla de San Martín, en José Ellauri 527, en el barrio Punta Carretas, que fue construido por donaciones de los fieles de la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón ante la escasez de recursos económicos.
La experiencia fundacional se renovó en 1940, en Rocha, con la apertura del colegio Dámaso Antonio Larrañaga —que en la actualidad no es administrado por los maristas—, y en 1941, con los colegios San Luis de Pando y Durazno.

***
Hoy la congregación tiene siete presencias en todo el país: cuatro colegios y tres centros educativos comunitarios, uno de ellos en convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y otro es financiado económicamente por todos los institutos maristas. Ninguna de las obras es dirigida por los hermanos. “Los laicos se han apropiado del carisma, no para que lo reproduzcan como lo viven los hermanos sino desde una mirada diferente, para presentar a los jóvenes de hoy”, dice Aparicio.
Entonces, ¿qué hacen los hermanos maristas en Uruguay? Acompañan, fomentan el carisma y la espiritualidad, y visitan las obras. Esta es su manera de estar presentes y mantenerse activos. Ese es el caso de Walder, quien viaja todas las semanas a Durazno y se instala durante tres días en el colegio San Luis, del que forma parte desde hace veinticinco años.
Aparicio define el carisma de los maristas con estas palabras: “Nuestra misión es contribuir a la evangelización de la Iglesia a través de la educación juvenil, y desde un espíritu mariano y sencillo. Desde la sencillez de María, nosotros queremos estar presentes”.

Los maristas se dividen en cuatro ramas, cada una con su propia autonomía, aunque todas forman parte de la misma congregación: la sacerdotal, los hermanos, las hermanas y las hermanas misioneras. En el pasado, existió la orden terciaria. Actualmente, en Uruguay, solo están presentes los hermanos.
A principios de los años sesenta, en el contexto del Concilio Vaticano II, había diez mil hermanos maristas en el mundo. Hoy esa cifra disminuyó a dos mil cuatrocientos. Aparicio señala que los lugares con más vocaciones son África, Asia, México, Colombia y el norte de Brasil.
En su historia, el número máximo de hermanos maristas uruguayos fue setenta. En 1985, había treinta y tres. Los últimos hermanos maristas uruguayos nacidos en esta tierra fueron José Luis Urrutia —conocido por reformular la educación sexual— y Luis Fernández, quienes fallecieron en 2009 y 2011, respectivamente.
***
Atardece en el parque y la temperatura comienza a descender. Se encienden las luces de manera automática, mientras a lo lejos se escuchan los ladridos de la perrita.
Aparicio toma mate en el comedor de la comunidad de hermanos.
“Antes los maristas éramos más conservadores. Los jóvenes nos evangelizaron. Ellos nos enseñaron a tener una fe más vivencial. Hicimos un camino juntos. Nosotros éramos de otra línea: cumplíamos las normativas y marcamos las cuestiones”.
La comunidad de hermanos maristas en Uruguay participa en las celebraciones de dos parroquias: Inmaculada Concepción de Pando y San Francisco de Asís, en el municipio de Suárez. Ambas ubicadas en el departamento de Canelones. “Nos gusta ir porque son comunidades de pueblo y porque la fe se vive de una manera poco ritualista”.

En su casa, los hermanos tienen una capilla donde rezan en la mañana y en la tarde. “No vamos a orar porque figure en nuestra condición de religiosos o porque sí. Si alguno está cansado o tiene otra actividad, no hay problema. Nadie le va a protestar su actitud. Hay libertad. No es cumplir por cumplir. Cada uno va porque quiere tener un momento de oración”.
En diciembre próximo, el hogar San José pasará a llamarse Centro de Espiritualidad Marista del Uruguay. El cartel que lo anuncia ya está instalado a la entrada, solo restan algunas reformas antes de su inauguración. El objetivo es que se convierta en un espacio para retiros, campeonatos deportivos y reuniones de directivos de los colegios. Se busca que sea un lugar de encuentro para la comunidad marista del Uruguay, que lleva nueve décadas de presencia en el país.
Ver todas sus notas aquí.
1 Comment
Mi nombre es Carolina, soy ex alumna del Colegio San Luis de Durazno, me emociona rememorar la historia de su llegada, agradecerle a Dios la posibilidad que me dieron mis padres de poder haber sido educada en un Colegio Marista, recordar a los hermanos que nos acompañaron y hoy nos acompañan desde otro lado, especialmente al hno Miguel Brenner que dejó una huella indiscutible de humildad sencillez y modestia.