De visita en la fundación Mir. Escribe el diácono Juan de Marsilio, por la Pastoral Social.
Es media tarde, nublada, de un lunes de mayo, cuando llego, casi puntual, a la sede de la Fundación Mir, para entrevistar a su Coordinadora, María Marta Guynot de Boismenu. Como está reunida, me piden que la espere un momento. Apilados por todas partes, aunque muy prolijamente, paquetes de pañales, cochecitos y otros insumos que indican que allí se trabaja con bebés. Como para confirmarlo, desde el fondo llega un llanto —de futuro tenor— que confirma mi suposición. Llega María Marta, me lleva a un breve tour por el local, cálido y acogedor, y nos sentamos a conversar.
El nombre / La espiritualidad
—¿Qué significa Mir?
—Mir, en croata, significa ‘paz’. La Fundación comenzó en 2014, por un deseo compartido de un grupo de personas a las que nos unía el amor a Jesucristo y a la Virgen. Muchas de nosotras participábamos en un grupo de oración de María Reina de la Paz (Apariciones de la Virgen en Medjugorje). El primer mensaje de la Virgen fue: «Paz, paz, paz y únicamente paz. La paz debe reinar entre Dios y el hombre, y entre la gente».
—Una espiritualidad mariana y materna…
—Sin lugar a dudas.
Fortalecer familias
—Uds. trabajan con bebés…
—Sí. Desde diciembre del 2017 tenemos un convenio con INAU, llamado “Los pasos que damos”, que está abocado a la protección de bebés entre el nacimiento y los doce meses. Comenzamos este proyecto para dar respuesta a una realidad de nuestra sociedad: la gran cantidad de bebés que nacen en el ámbito hospitalario y que por diferentes razones no pueden estar bajo el cuidado de sus progenitores ni de su familia extensa. En ese momento el equipo social del hospital solicita una medida de amparo para el bebé, para que ingrese a INAU, para que así pueda haber un trabajo con la familia. Lo que ocurría era que muchos bebés quedaban en espera y permanecían meses en el ámbito hospitalario. Entonces nos presentamos a un llamado en 2017 y en diciembre de ese año firmamos el convenio, cuyo objetivo es valorar la capacidad de cuidado de la familia de origen de esos bebés, trabajar en un fortalecimiento familiar, buscando revertir las debilidades por las que ese bebé fue separado de su familia, y, finalmente, sugerir a la sede judicial el reintegro del bebé a su familia o sugerir que se le otorgue la condición de adopción. Nuestro equipo hace una sugerencia técnica y el juzgado es el que resuelve.
—La adopción es el último recurso…
—Nosotros trabajamos por el derecho del niño a vivir en familia, con la prioridad de que sea en su familia de origen, siempre que estén dadas todas las garantías para ese niño. Siempre es importante valorar el escenario familiar como primera medida.
Familias amigas
—Trabajan con “familias amigas” que no aspiran a adoptar…
—Exacto. La adopción y el acogimiento familiar son caminos paralelos. Somos un proyecto de gestión innovadora, no solo a nivel nacional, sino también regional. El cien por ciento de los bebés que ingresan a nuestro proyecto, ese mismo día son integrados a una Familia Amiga asignada previamente, asociada a nuestro dispositivo de atención. Mientras se transita el proceso judicial, en que el equipo técnico del proyecto trabaja con la familia de origen, el bebé es cuidado en un ambiente de familia, con cuidados exclusivos en el cual se desarrollan vínculos de apego. Lo más interesante de este proyecto es que el bebé, en ningún momento del proceso, está institucionalizado en una residencia: del ámbito hospitalario pasa al contexto de la Familia Amiga y luego a su familia definitiva, sea la de origen o adoptiva.
—Mmm, debe ser complejo
Trabajar con el estado ‘laico’
—¿Cómo es, en Uruguay, para una ONG católica, trabajar con el Estado?
—La verdad es que nosotros, desde 2017, cuando firmamos el convenio, hemos tenido mucho apoyo. Hemos sido un Proyecto muy cuidado y con una supervisión permanente. Realmente hemos tenido una muy buena experiencia con el Instituto. Cuando hemos tenido alguna dificultad, ellos han estado disponibles para intentar solucionar, con mucha apertura al diálogo. Respecto a nuestra fe católica, que como has visto se expresa en todos los rincones de esta casa, no hemos tenido ninguna observación ni problema.
—Habla bien del país, esta buena relación con INAU, pues por las fechas que me das, fue con gobiernos de distintos colores.
—Exacto.
—¿Aceptan Familias Amigas y voluntarios no católicos?
—Sí, aceptamos. Convocamos a las familias interesadas a través de charlas informativas que hacemos en diferentes lugares. Hemos hecho charlas informativas en clubes deportivos, instituciones educativas, centros comunitarios, pero quienes más nos abren las puertas son las parroquias. En esas ocasiones solemos invitar a las instituciones aledañas a la parroquia. En la charla participamos quienes formamos parte de la Fundación, pero también invitamos a alguna Familia Amiga para dar su testimonio, que es lo más atractivo, lo que más conmueve. Luego, las personas interesadas tienen una primera entrevista en nuestro local, con la referente de esa área. Se les explica todos los detalles y, si siguen dispuestos, empiezan un proceso de evaluación con el Equipo de Valoración de INAU.
Amor y duelo
—Debe ser muy difícil acoger a un niño chiquito, del que uno se enamora, pero sabiendo que es a término…
—Nosotros intentamos acompañar mucho a las Familias Amigas en esa etapa. Siempre les decimos que la parte final del proceso, en que hay que trabajar la separación y el duelo…, duele. Y si no doliera, sería porque no se generó un vínculo, cosa casi imposible de que suceda. Por el apego que se genera en ese vínculo afectivo tan cercano, al final del proceso, la transición va a doler. Pero todas las familias han querido repetir la experiencia. Como nos dice una de estas familias, es como cuando se tiene un hijo: el parto duele, pero al tiempo uno se olvida y permanece la satisfacción de lo vivido naciendo el deseo de repetir la experiencia con otro bebé que lo necesite. Claro que necesitan su tiempo de descanso, unos meses, eso lo resuelve cada familia. Hay muchas que siguen en contacto con esos bebés, pero eso lo decide la familia definitiva, sea biológica o de adopción. Para ayudar a las Familias Amigas, a las que a veces, con el bebé, se les complica la organización familiar, tenemos a las Familias Moirú, que en guaraní significa “acompañar”, que son como familias de emergencia. Cuando la Familia Amiga lo necesita, la Familia Moirú, que no tiene la disposición de ser Familia Amiga por temas laborales o familiares, pero quiere ayudar, la auxilia con el cuidado del bebé por unos días. Estas familias también pasan por el proceso de valoración del INAU.
—¿El bebé mantiene contacto con su familia de origen?
—Cada situación tiene sus particularidades, según el bebé se reintegre con su familia extensa o sea de origen (tíos, primos, abuelos, etc.) o se integre con una familia adoptiva. Son muchos los factores que atraviesan estas situaciones, pero en general cuando estamos hablando de un proceso de adopción, hablamos de una desvinculación con sus progenitores. En algunas situaciones la sede judicial solicita se mantengan visitas con la familia de origen.
Necesidades
—¿Y cómo se financia todo esto?
—Aparte de la partida económica del convenio con INAU, recibimos donaciones. Algunas son fijas y otras ocasionales. Sobre todo, artículos para bebés, de particulares o de empresas. Hay una empresa que bimensualmente nos dona pañales, toallitas, papel. Pero también hay personas que, cuando sus hijos crecen, nos donan el cochecito, la silla de comer, etc.
—Así que están abiertos a que los lectores los llamen por donaciones o para ofrecerse como voluntarios…
—Claro.
HIstorias
—¿Con cuántos bebés trabajan? ¿Cuántos bebés han pasado por aquí en estos años?
—El padrón es de veinticinco bebés, es decir, trabajamos con veinticinco situaciones de niños a la vez. Algunas situaciones judiciales se resuelven más rápidamente que otras, el promedio es de unos cuatro meses de acogimiento. Hasta ahora han pasado por el proyecto doscientos veinte bebés.
—¿Se logra revertir las fragilidades de las familias de origen?
—Si hacemos un promedio, aproximadamente el cincuenta por ciento de los bebés vuelven con su familia biológica, y el otro cincuenta con una familia adoptiva. Los que vuelven con su familia de origen, no siempre lo hacen con los progenitores, pues a veces los motivos de amparo son el consumo de sustancias, la situación de calle, la violencia, las patologías psiquiátricas sin tratamiento. Delegación de maternidad o paternidad, son muy pocas las situaciones, pero las hay. Gran parte de la sociedad piensa que los bebés se encuentran abandonados en el hospital, pero la gran mayoría tienen familia presente que los visita. Siempre intentamos recibir en nuestra sede a los padres, antes de que ingrese el bebé, para contarles quiénes somos, que nos vean las caras. Que sepan lo del plan Familia Amiga, que es lo más difícil de comprender: se imaginan que esa familia se va a querer quedar con su hijo. No nos conocen, no nos tienen confianza y está bien, porque somos unos desconocidos para ellos. Los citamos en nuestro local, les mostramos la casa, les presentamos a la dupla técnica que va a trabajar con ellos. Buscamos mitigar el dolor y la angustia de la situación y empezar un camino juntos. A veces podemos revertir las fragilidades en los cuidados de los progenitores, pero en muchas situaciones asumen el cuidado abuelos, tíos, hermanos, etc.
—¿Podrías contar una anécdota que pinte lo que sienten ustedes haciendo esto?
—Te cuento dos. Una es una mamá, con la que tuvimos una primera situación con ella y su hijo bebé, que ingresó al proyecto. Ella estaba privada de libertad y en una situación de consumo. En ese momento no se encontró apoyo de la familia ni ella tenía condiciones para asumir el cuidado del niño, así que se sugirió al juzgado que se le otorgara la condición de adopción, y el bebé se integró con una familia adoptiva. A los dos años, le nació otro bebé, pero en esta situación había recuperado su libertad, había retomado la relación con el papá de sus hijos mayores, y había transitado un proceso de recuperación al consumo. Ayudamos a fortalecer ese proceso y a los dos meses el bebé fue reintegrado con ellos. Mantuvimos la relación con la familia y nos visitan a menudo. Es un lindo vínculo. Ella, con dolor, pero con gran fortaleza aceptó que en ese momento no pudo ofrecerle los cuidados que su otro hijo necesitaba. Su situación no se trató de un abandono.
—Estoy de acuerdo. ¿Y la segunda?
—Trabajamos también con la situación de otro bebé. Su mamá, portadora de una patología psiquiátrica y con un nivel intelectual bajo se encontraba, por períodos, en situación de calle. Y otras veces lograba acceder a pensiones. No tenía la capacidad para cuidar y proteger a su hija. Se hizo un proceso de acompañamiento con ella, cuando sugerimos a la sede judicial que se le otorgara la condición de adopción, lo que finalmente sucedió. Se generó, como en otros casos, un vínculo de tanta confianza, que hasta el día de hoy la mamá viene a vernos todos los días y a darnos un abrazo. Le ofrecemos un café con leche, compartimos un rato y luego sigue su camino. Seguirla acompañando es también un gran regalo para nosotros.
Rezar y ayudar
Recemos a Nuestra Señora para que siga intercediendo por esta buena obra. Agradezcamos los pasos dados hasta aquí y ayudemos a los que, con seguridad, el equipo de Fundación Mir dará en el futuro.


1 Comment
Conozco a esta ONG, conozco a su Gente y a Familias comprometidas. No he visto amar al prójimo como esto que relatan. Son oportunidades de Vida. Impresionante. Gracias a Dios por la esperanza que dan