Agustina Da Silveira es doctora. Graduada en medicina en el año 2019, actualmente es estudiante de Ética y Justicia en la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Hace pocos días fue entrevistada por el P. Fabián Rovere en el programa Hoy quiero hablarte, de Radio Oriental. Compartimos con ustedes parte de este diálogo.
¿Cómo llegaste a cursar un máster en Ética y Justicia?
Vi que empezaba en el país la discusión sobre eutanasia y suicidio asistido y entendí que como médica precisaba profundizar más mi formación al respecto, entonces empecé a buscar másteres dirigidos a estudiar ese tema.
¿Qué fue lo que te llevó a formarte en eutanasia?
Dos cosas muy puntuales que me preocupaban. Primero, qué pasa con aquellos pacientes vulnerables a nivel socioeconómico, bajo una ley que facilita la eutanasia. Una de mis grandes preocupaciones eran todos los determinantes de un posible deseo de morir y cómo toda esa libertad de elección de la que se habla no está ahí. La mayoría están condicionados; para muchos es realmente “la única opción en el plato”. Por suerte hace poco se aprobó una ley en el parlamento que garantiza la universalidad de los cuidados paliativos, pero hasta ahora no todos los pacientes accedían a ellos. Otra de mis preocupaciones, es el cambio cultural y la presión que se ejerce sobre los vulnerables, que genera que sea un lujo y una locura querer morir de muerte natural. Entonces, ¿qué presiones sutiles y casi imperceptibles pero fuertes se empiezan a ejercer? Al legalizar la eutanasia para casos difíciles estamos estigmatizando a estas vidas y enseñando que esa es la salida.
Da la impresión de que hay otros intereses, como la idea de la persona improductiva como un generador de gastos.
La aplicación de los cuidados paliativos genera gastos al principio pero un ahorro después. Los pacientes con grandes síntomas mal controlados generan un gasto para el sistema de salud, ya que necesitan consultas reiteradas. Con los cuidados paliativos se vuelve a la muerte en el domicilio y muchas veces se desmedicaliza el final de la vida, entonces a largo plazo genera un ahorro. De todas formas, estoy muy de acuerdo en que hoy se perciben como un peso los pacientes más vulnerables. Les estamos fallando en muchas cosas. Creo que hoy en día queda muy bien la bandera del “poder elegir”; se cree de vanguardia y para mí vanguardia y progreso tienen que ver con cuidar a nuestros pacientes y no abrirles “la puerta de atrás.”
¿Qué hay en la sociedad del Reino Unido que la ha llevado a rechazar los proyectos de legalización de la eutanasia?
En el Reino Unido investigaron lo que pasó en otros países en los que se legalizó. Lo que vieron fue que se despenalizó convenciendo de que sería una medida excepcional, pero luego se fue de las manos. Se entendió que no había garantías para legalizar esta práctica en las condiciones en las que se plantea.
¿Cuál es el concepto de eutanasia a la hora de pensar en este proyecto?
Dos cosas que no son eutanasia: por un lado, el famoso cóctel. Está instalado en la sociedad uruguaya que la eutanasia se aplica de forma silenciosa y es mentira. El cóctel lo que hace es sedar a la persona para evitarle una muerte con dolor. Una persona con una enfermedad terminal que se encuentra en sus últimos días presenta síntomas llamados ‘refractarios’, que con los mayores tratamientos terapéuticos no se van. En estos casos, es de buena práctica médica sedar a ese paciente. A veces, esa sedación termina en el momento en el que el paciente muere, pero esto no se da por causa de los fármacos que se le suministran, sino por su muerte natural. Por otro lado, me gustaría destacar tres diferencias entre eutanasia y sedación paliativa. En el objetivo, en el procedimiento y en el resultado. El objetivo de la eutanasia es terminar con la muerte de la persona. A su vez, el objetivo de la sedación paliativa es aliviar el sufrimiento y no matar al paciente. La segunda diferencia es en el procedimiento: en la eutanasia, el procedimiento es una inyección letal, pero la sedación paliativa es con sedantes. El resultado de los cuidados paliativos es un paciente que no está sufriendo, mientras que el resultado de la eutanasia es un paciente muerto.
O sea, la eutanasia lo que hace es matar al paciente y la sedación paliativa le permite esperar su muerte natural sin sufrimiento.
Exacto. Además, la sedación paliativa es reversible y siempre con el consentimiento del paciente. Por otro lado, el ensañamiento terapéutico es cuando el médico no identifica el momento en que los tratamientos pasan a ser fútiles y prolongan la vida causando mucho más daño que beneficio. Eso no es nuevo, está en el corazón de la práctica médica y es una de las competencias que como médicos tenemos que tener.
Es necesario entonces aclarar que el ensañamiento terapéutico no está dentro de los cuidados paliativos.
No, el ensañamiento terapéutico sería mala praxis, así como es de buena práctica médica aceptar la muerte. Como médicos no luchamos “a capa y espada” contra la muerte a cualquier costo, sino cuando es razonable y eso se va conversando con el paciente.
Como paciente, ¿se puede aclarar que no se quiere llegar al ensañamiento terapéutico?
Sí. Uruguay cuenta con una ley de voluntades anticipadas, que permite firmar la voluntad de no recibir tratamientos que vayan a prolongar la vida cuando esto será en detrimento de la calidad frente a situaciones graves. Otra cosa, y que no es eutanasia, es desconectar a un paciente que está vivo con ayuda. Cuando la vida está prolongada solo por medios artificiales y se cesa ese apoyo, el paciente muere porque su condición de salud lo lleva a morir. La eutanasia es una inyección letal a pedido del paciente por tener un sufrimiento insoportable. Eso es lo que se busca legalizar en el proyecto de ley. Contando con cuidados paliativos universales, un pedido de muerte anticipada de un paciente pasaría a ser una intención de suicidio como cualquier otra, porque estamos hablando de un paciente que ya no tendría ese sufrimiento insoportable.
¿Qué argumentos podemos presentar aquellos que no apoyamos la eutanasia?
Se pueden resumir en tres: primero, quienes defienden la eutanasia creen que hay vidas que valen menos que otras y miden el valor de la vida de acuerdo a su calidad. Quienes nos oponemos a la eutanasia creemos que la vida es un derecho irrenunciable y siempre es digna. Lo que es malo es el sufrimiento, no la vida. Aquí radica la grandeza de los derechos humanos; no pueden ser violados aunque uno así lo pida. La segunda gran diferencia es el tema de la autonomía; somos autónomos siempre y cuando no estemos ocasionando daños. Además, son unos pocos quienes realmente pueden tomar una decisión autónoma en un país con eutanasia legal. La mayoría son víctimas, tanto de eutanasia social como vital, sin estar realmente ejerciendo autonomía. Al mismo tiempo, la mayoría de los pacientes que piden la eutanasia no afirman que no quieren vivir más, sino que no quieren vivir ‘así’. Tampoco creemos que la eutanasia sea una necesidad, porque la alternativa no es un paciente sufriendo.
¿Cómo es la experiencia de países que han legalizado la eutanasia?
Los países que la legalizaron no proponían en sus inicios lo que hacen hoy; sino que la propuesta era la misma que la que se está proponiendo aquí. Era una obligación moral para quienes padecían sufrimiento insoportable y sería algo excepcional. El problema con el sufrimiento insoportable, es que es totalmente subjetivo. No se puede constatar o medir y queda en manos del médico el decidir a quién se le concede la eutanasia y a quién no. En ejemplos como Holanda y Bélgica comenzó siendo solo para adultos, pero desde 2014 no hay límite de edad. Siempre se habla de la eutanasia solo voluntaria pero está claro que se termina permeando en eutanasias involuntarias, como son las de bebés con discapacidades o pacientes con demencia. Lo que sucede, es que comienza a pasarse a la eutanasia de último a primer recurso, por su característica de ser “para todos”.
Para aclarar también, ¿estamos de acuerdo en que esto no es un tema religioso?
Sin dudas. Yo personalmente no practico ninguna religión. Es un tema que no está atado a religiones ni partidos políticos, es un tema humano.
¿Algo que quieras subrayar?
Principalmente destacar que, de quienes están a favor de la eutanasia, hay quienes sí lo están efectivamente, pero la mayoría tiene una confusión con lo que realmente es. La eutanasia no es la sedación paliativa, tampoco el impedimento de ensañamiento terapéutico. Es importante aceptar la muerte y esperarla sin dolor con los cuidados paliativos, los cuales son capaces de ofrecer una muerte digna.
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Gracias por tan clara explicacion.
Siempre a favor de la vida, de la dignidad que todos merecemos.