La institución católica, gratuita y de gestión privada ubicada en Casavalle ofrece a mayores de veintiún años concluir sus estudios secundarios desde 2011.
Madelón Lescano (42) dice que nunca fue “rebelde” con los estudios pero admite que no le iba bien. Eso se debió a múltiples factores.
Su niñez y adolescencia la vivió entre Paysandú, más precisamente en el pueblo Porvenir, y Montevideo. Cuando tenía cuatro años, emigró a la capital por primera vez, dado que su familia buscaba un equilibrio económico. A los diez años, regresó a su pueblo natal debido a que la economía familiar no prosperó. A los trece volvió a Montevideo y nunca más se fue. Por eso, pasó de escuela en escuela, entre la capital y el interior. Egresó de primaria con trece años.
La estabilidad económica siempre fue una carencia en la familia de Madelón. «Mis padres contaban las monedas para decidir qué comíamos». A los quince empezó a trabajar de niñera y en una feria. Sus trabajos eran intermitentes. Eso la llevó a atravesar períodos de depresión y ansiedad que no podía sanar, debido a que no tenía los medios para acceder a un tratamiento psicológico. «No era que no quería estudiar, a veces no podía por estos factores».
Madelón retomó sus estudios y comenzó el ciclo básico en el liceo N°18, en Montevideo. Cursó primero y segundo, pero no lograba concentrarse en eso. Y además, no le alcanzaba el dinero para pagar los boletos del ómnibus. «Tenía que elegir ir o volver caminando». Caminaba más de cuatro kilómetros y medio por día. No asistía los días de lluvia y eso la llevaba a tener varias inasistencias. Por lo tanto, perdía las materias.
Quería progresar en sus estudios, pero veía que siempre sucedía algo. A los dieciocho años fue madre soltera de su primera hija, Florencia, quien hoy tiene veintitrés. Eso la llevó a dejar el liceo. Su deserción estudiantil se debió a varios factores. El principal fue emocional. «Es difícil para un adolescente enfrentar tantas carencias con una mirada adulta, cuando no lo sos».
Empezó a buscar un trabajo más formal, de más horas. Pero no encontraba. Cuando su hija tenía un año y medio, lo logró. En 2009 nació su segundo hijo, Joshua.
Pero terminar el liceo era su sueño pendiente. Cuando su hija tenía cinco años, Madelón se inscribió en el liceo N°27, que en aquel tiempo se ubicaba en Ciudad Vieja. «Asistía a clase durante los primeros dos meses o a veces hasta el invierno y dejaba por el agotamiento y porque extrañaba a mi hija».
Desde los catorce años, Madelón vivió junto a sus padres en una vivienda que obtuvieron mediante concurso y que queda a pocas cuadras del Liceo Jubilar Juan Pablo II.
A principios de 2011, se enteró por el boca a boca en el barrio de que el Liceo Jubilar ofrecía la posibilidad de que mayores de veintiún años terminaran el ciclo básico. Lo que más le sorprendió fue que la institución es gratuita y de gestión privada. Averiguó los requisitos y se inscribió. Fue así que formó parte de la primera generación.
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Apoyo académico para todos
El Liceo Jubilar (Román Arana Iñiguez 5321) fue fundado en 2002. Dos años después, la directiva y el equipo de docentes empezaron a manejar la posibilidad de trabajar con los adultos de la zona y con los familiares directos —padres y hermanos mayores— de los alumnos que no habían terminado el ciclo básico. El proyecto se empezó a elaborar en 2010 y se concretó al año siguiente.
Belky Jeres (51) es profesora de Química y Física, ingresó al Jubilar en 2004 y actualmente es la subdirectora académica del liceo para adultos. “Para la primera generación, el cupo fue de ochenta estudiantes que se dividían en cuatro grupos de veinte cada uno. La mayoría de los alumnos tenían de treinta y cinco años para adelante. Actualmente la capacidad permite recibir a ciento veinte estudiantes”.
El liceo para adultos del Jubilar tiene un plan de acreditación que está dividido en doce asignaturas y dos proyectos. A diferencia del liceo para adolescentes, no está dividido por niveles sino que el plan consiste en aprobar todas las materias, que tienen la misma carga horaria, dos horas semanales. A su vez, para cada asignatura se realizan quince clases, que se dictan de lunes a viernes de 18:30 a 22:05 horas.

Belky Jeres, actual directora del liceo para adultos del Jubilar. Fuente: Leandro Lia
Jeres dice que las motivaciones que llevan a los adultos a cursar el ciclo básico son variadas. «Algunos lo hacen porque quieren continuar el bachillerato, ya sea de secundaria o de UTU. Otros están interesados en hacer cursos. En estos años tuvimos militares, policías y funcionarios de la Intendencia que se formaron para ascender de grado».
“No se enseña desde el mismo lugar”, dice Jeres acerca de las diferencias que hay entre el trabajo con adolescentes y adultos. «El trabajo con mayores implica otros cuidados. Su vida está atravesada por problemáticas económicas, sociales y familiares que pueden hacer que ellos bajen los brazos. El acompañamiento y el apoyo desde el equipo de referentes es continuo».
La subdirectora académica señala que “los adultos tienen una experiencia de vida y laboral y poseen conocimientos prácticos que van al aula”. Pone como ejemplo cuando en el salón se estudian los enlaces químicos y un estudiante, que trabaja en una fábrica de pintura, habla sobre el solvente y su relación con el tipo de material. «Es muy gratificante, hay mucho ida y vuelta de conocimientos».
Para Virginia López (40), profesora de Idioma Español y Literatura, la diferencia radica en la comunicación y recepción de los conocimientos. «A los adolescentes hay que llamarles un poco más la atención y en el caso de los adultos no, porque ellos han elegido estar allí y van con otra impronta».
La docente explica que los procesos de aprendizaje para ambas generaciones son similares. No obstante, dice que para sus clases las propuestas son diferentes. «Para los adultos elijo textos más acordes que van a su perfil para que sea más beneficioso. Más allá de que se den conceptos, el docente educa para la vida. Cuando se trabajan los temas, tienen que ser herramientas que les permitan continuar”.

Virginia López. Fuente: Leandro Lia
Jeres indica que hay otros aspectos acerca del trabajo con adultos que tienen que ver con la frustración. “Una de las razones está relacionada con el creer que no pueden salir adelante». Para ello, los docentes buscan distintas estrategias al momento de evaluar para que el estudiante encuentre experiencias positivas. “Eso los fortalece y los ayuda a vencer la frustración».
Los educadores también se forman a través de capacitaciones. “En las reuniones de profesores está la mirada crítica de lo que se ha logrado y cómo se puede mejorar”, dice López.
Cumplir metas
En diciembre de 2011, Madelón egresó del Liceo Jubilar con el ciclo básico completo. «Fue el gran impulso para reconstruir mi vida. Más allá del tema educativo y académico, me encontré con una red humana que fortalece determinadas cosas de su vida».
Su paso por el Liceo Jubilar la impulsó a continuar el bachillerato. Pero en 2012 no pudo. Su pareja de aquel entonces y padre de su hijo no la motivaba. En 2013 se separó y empezó a cursar cuarto año en el liceo N°69, de Piedras Blancas. Quinto y sexto los hizo en el liceo N°9, de Colón. Siguió la orientación humanística y derecho.
Debido a su trabajo y su vida familiar, Madelón hizo los estudios a su ritmo y en febrero de 2019 se convirtió en bachiller. Su último examen lo rindió el 25 de febrero y al día siguiente se anotó en la facultad.
En un principio pensó en inscribirse en Psicología. Pero lo descartó. Averiguó sobre otras carreras y se anotó en la Licenciatura en Relaciones Laborales, en la Universidad de la República. «Me gusta lo social y esta carrera es de libre asistido. Eso me dio la comodidad que necesitaba».

Madelón Lescano, Belky Jeres y Virginia López en el patio del Liceo Jubilar. Fuente: Leandro Lia
Desde el Liceo Jubilar, existe un acompañamiento para los estudiantes que quieren continuar el bachillerato o carreras terciarias. “Le mostramos el abanico de posibilidades que existen y los orientamos a cómo deben prepararse”, dice Jeres.
La historia de Madelón motivó a los demás integrantes de su familia a que terminaran el ciclo básico en el Liceo Jubilar. El esposo de su madre estudió con ella en 2011 y al año siguiente lo hicieron su madre y su hermano menor.
Cada año, el Jubilar registra una tasa de egreso entre el 70% y 80% de los estudiantes del liceo para adultos. «Estamos en un buen porcentaje para lo que es la educación para mayores en Uruguay», señala Jeres.
A Madelón le quedan cursar diez materias para recibirse de licenciada en Relaciones Laborales. En los próximos días, obtendrá el título intermedio de la carrera, que la convertirá en técnica asesora. Será la primera universitaria de la familia.
Quiere seguir estudiando. Ya tiene programado, para febrero de 2025, hacer un curso en la Universidad de Salamanca (España) sobre coaching ejecutivo y liderazgo. No descarta hacer un posgrado o un doctorado.
Por: Fabián Caffa
Redacción Entre Todos
3 Comments
Más información quiero terminar el ciclo básico soy adulto
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Rosario
Hola quisiera saber si tienen lugar para adulta de 51 años? Para comenzar en 2025 y saber horarios porque trabajo. Saludos cordiales