A propósito de la iniciativa "Liberados" de ACDE. Escribe José María Robaina, de la Pastoral Penitenciaria.
En uno de nuestros últimos artículos hacíamos referencia al proyecto “Liberados”, iniciativa de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) que tiene el objetivo de brindar oportunidades laborales a personas liberadas del sistema carcelario, generando procesos de reinserción sostenibles mediante la participación activa del sector público y privado.
Para continuar impulsando dicho proyecto, el 21 de noviembre pasado se firmó en el polo industrial del Comcar un convenio entre dicha asociación, los Ministerios de Industria y Energía, Desarrollo Social e Interior y las cámaras de industria, de comercio y de la construcción. Dicho evento contó con la presencia de más de cien empresarios y autoridades de organismos públicos
Esta estupenda iniciativa de ACDE, y su permanente profundización a través de acuerdos con el Estado y otras instituciones privadas, nos invita a reflexionar acerca del papel de la sociedad civil en la construcción de una sociedad más justa y compasiva.
Hay, en efecto, en el seno de la sociedad una responsabilidad compartida entre el Estado y la sociedad civil en la búsqueda de mínimos de justicia, que se manifiesten en el respeto a la dignidad de las personas a través del reconocimiento de sus derechos.
La responsabilidad del Estado en la construcción de esos mínimos de justicia, emana de su propia razón de ser, que es la búsqueda del bien común, mientras que la responsabilidad de la sociedad civil —integrada por las familias, las organizaciones empresariales o solidarias, las universidades, las iglesias, los medios de comunicación, etc.— emana de una ética cívica que comprende el cultivo de valores tales como la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia. el respeto recíproco, etc., que se encarnan en derechos.
Ya nadie duda de que el Estado por sí solo no puede garantizar esos mínimos de justicia y que muchas veces es necesaria una sinergia del Estado y la sociedad civil como lo ilustra el proyecto “Liberados”. Un ejemplo paradigmático de esfuerzo colaborativo entre el sector público y privado, cada uno aportando lo suyo en aras del bien común.
La omisión de las organizaciones de la sociedad civil en asumir su responsabilidad social —sobre todo cuando están comprometidos derechos humanos— no solo denota su estar “bajas de moral”, sino que resiente la calidad de la democracia, que se asienta en el reconocimiento y el respeto de la dignidad de la persona y de sus derechos.
Una dignidad que constituye el núcleo de la ética cívica moderna, de acuerdo a la formulación kantiana del imperativo categórico: “Trata a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca como un medio”
Para los cristianos y las organizaciones de inspiración cristiana concurre un fundamento adicional, ya no solo de la dignidad de la persona sino también de su sacralidad: Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26) y, además, como expresa la Constitución conciliar Gaudium et spes (22, 2), aludiendo a la encarnación de Jesús: “En Él la naturaleza humana ha sido asumida… por esa razón la misma ha sido también en nosotros enaltecida a una dignidad sublime. Con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre”.
Ojalá que esta iniciativa de ACDE —digna de admiración y de gratitud— contribuya al objetivo de generar oportunidades laborales para las personas liberadas.
Sin esas oportunidades dichas personas verán dificultada su reinserción social positiva y serán condenadas a la pobreza, entendida en el sentido amplio que le otorga Amartya Sen, como la absoluta falta de libertad para tomar las riendas de su vida, es decir, para llevar adelante los planes de vida que tengan razones para valorar. Ello sin contar el riesgo de reincidencia que las devolvería a la cárcel.
Y ojalá también que el testimonio solidario de ACDE aliente a las distintas organizaciones de la sociedad civil a asumir su responsabilidad social, cultivando una ética cívica preñada de sentido de justicia y de compasión que genere la esperanza de una sociedad más humana.
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Felicitaciones a todas las personas que contribuyen con este proyecto!