La alegría por la beatificación de Mons. Jacinto Vera llegó a Roma, donde la comunidad de uruguayos celebró con una Misa presidida por el Card. Daniel Sturla. Este grupo de orientales se reúne todos los meses para una Misa en torno a la Virgen de los Treinta y Tres. En esta ocasión también congregó Jacinto, en una ceremonia emotiva para todos, pues por primera vez se celebraba la Misa propia del obispo gaucho en el centro de la cristiandad y junto a los restos de San Felipe y Santiago, patronos de Montevideo.
Junto al Card. Sturla —de paso por Roma para trabajar en asuntos de la Secretaría del Sínodo— se encontraba Mons. Pedro Wolcan, obispo de Tacuarembó-Rivera, que participa en reuniones de trabajo de Cáritas. Ambos trajeron a los “romanos” los relatos de la beatificación. Si bien todos los presentes la habían podido seguir por ICMtv, agradecieron que les contaran de primera mano cómo se había vivido en la capital uruguaya. En la homilía, el Arzobispo de Montevideo destacó los rasgos principales del beato y lo describió como “un fruto preciado de nuestra tierra, de nuestra Iglesia”.

Laicos, una religiosa y sacerdotes participaron en el encuentro. Fuente: C. Bellocq
Jacinto Vera no solo hizo mucho por la Iglesia a nivel “institucional” —fomentando la mejora del clero, invitando a congregaciones a instalarse en el país, creando el seminario para la formación de nuevos sacerdotes, etc.— sino que además tenía una gran calidad humana. “Era una figura extraordinaria, con una armonía de naturaleza y gracia propia de los santos. Era un hombre firme, con buen humor, que confiaba en la providencia”, destacó el Card. Sturla.
Mons. Wolcan guió la acción de gracias en voz alta y mencionó varios motivos por los que estar felices. Entre otros, destacó que en la Misa del sábado hubo gente de todos los puntos del país y señaló que eso mismo fue un reflejo de la huella dejada por Jacinto Vera que, si bien fue obispo de Montevideo, en realidad lo fue de todo Uruguay, porque en ese entonces no había más que una diócesis. Valoró también la presencia el pasado sábado del obispo de Florianópolis -donde Mons. Vera fue bautizado- y la del cardenal de Buenos Aires, donde el beato se preparó para el sacerdocio.

La Misa fue ante la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, a pocos metros de donde reposan los restos de los apóstoles San Felipe y Santiago. Fuente: C. Bellocq
Entre los presentes había tres sacerdotes, una religiosa, un seminarista y una quincena de laicos de todas las edades. La mayoría vive en Roma pero también participaron algunas personas que coincidentemente estaban de paso por la ciudad. Recibieron con gran alegría los materiales llevados por el cardenal, que los ayudarán a conocer mejor la figura del flamante beato: el comic Jacinto Vera, la vida del primer obispo oriental, el libro Con los zapatos al cielo, pegotines y estampas con reliquia.
La Misa terminó con el canto, en alto y con varias voces, del himno a la Virgen de los Treinta y Tres. La imagen presidió la celebración, flanqueada por el pabellón nacional y la bandera tricolor de los libertadores.

Uruguayos residentes en Roma participaron en la celebración. Fuente: C. Bellocq
El Card. Surla estaba feliz. Al terminar, declaró: “Fue una hermosa celebración, un eco de lo que pasó el sábado. Estábamos todos muy emocionados (…). Fue una alegría enorme celebrar también en Roma la Misa en honor del beato Jacinto Vera”.
Por: Carolina Bellocq
Corresponsal desde Roma