Séptima Jornada de Pastoral Social. Por el Diác. Juan de Marsilio.
Desde 2017, el papa Francisco dispuso que el Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario tuviera lugar la Jornada Mundial de los Pobres. Desde 2019, el día anterior, se realiza la Jornada de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Montevideo. Este año, fue anfitriona la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Óscar Arnulfo Romero, en la Cuz de Carrasco.
El lema y la carta
Esta IX Jornada Mundial de los Pobres se ha vivido en clave de jubileo, porque estamos en año jubilar. ¿Júbilo y pobreza juntos? Que responda Jesús: «Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3). El lema elegido por el papa León para la convocatoria de esta IX Jornada es: «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal 71,5).

Desde ese punto de partida es que el santo padre concluye que la mayor pobreza es no conocer a ese Dios de la esperanza, y nos invita a anunciarlo, no solo con las palabras, sino también con la conducta, yendo hacia los más pobres, viendo en ellos al Cristo necesitado del capítulo XXV de Mateo, y contribuyendo, desde nuestra fe, a la búsqueda de soluciones a la injusticia social. Es enriquecedor leer la carta del papa León convocando la Jornada, que anticipa lo que más acá en el tiempo nos propone en la exhortación apostólica Dilexi te.
La parroquia
La Parroquia de la Cruz de Carrasco está enclavada en una barriada popular del Este de Montevideo, no muy lejos de uno de los barrios más prósperos de la ciudad. Este año le ha tocado ser iglesia jubilar, y hasta el 6 de enero es posible obtener allí la indulgencia plenaria. La comunidad nos recibió en su hermoso patio —¡ah, la impagable sombra del inmenso ombú!— y los voluntarios se desvivieron por hacernos sentir bienvenidos. Éramos cerca de ciento cincuenta personas.

La jornada
La actividad se inició con una dinámica de integración, consistente en caminar al azar y, a la voz de alto, juntarse con alguien a quien uno no conociese, presentarse y conversar (en esas charlitas comenzaron a tejerse redes para trabajo en común). Luego de la dinámica, el diácono Mauricio Calleo, director de Pastoral Social, hizo una breve exposición sobre la carta del papa convocando a la Jornada. También saludaron a los presentes el párroco y nuestro arzobispo, el cardenal Daniel Sturla.
Hubo tres talleres: uno sobre trabajo en red, coordinado por Agustina Langwagen, de Cáritas; otro sobre ecología integral, llevado adelante por un equipo del Movimiento Laudato Si, y Virginia Cáceres, representante de la Cooperativa de Clasificadores Géminis, y el tercero sobre migrantes, conducido por la Hna. Marialis, esclava del Sagrado Corazón de Jesús, y el diácono Jorge Vargha, del equipo de Pastoral Social.

El servicio fue una plantación de árboles en el patio y jardín de la parroquia. Uno de ellos, plantado por el arzobispo, es especial: por un lado, se trataba de un olivo en homenaje al papa Francisco; por otro, junto a él se enterró una cápsula del tiempo con mensajes de esperanza de los presentes, que será desenterrada en el próximo año jubilar.
El punto culminante fue la eucaristía, tras la que, por aquello de que luego de la mística sigue la mástica, hubo un ágape fraterno: hamburguesas, abrazos, risas y jolgorio.
Un migrante
Imposible reseñarlo todo, pero algunos testimonios darán idea de lo que se vivió. Empiezo con el de Armando, joven cubano de la Parroquia Mater Admirabilis.
—¿Hace cuánto estás Uruguay?
—En Uruguay estoy desde hace once meses recién cumplidos. Me siento bien aquí: este es un país que abre las puertas a los inmigrantes, y en especial a nosotros los cubanos, ante la decadencia que hay allá. Me vine para acá, dejando allá la familia: mi mamá, el esposo de mi mamá, que es como un padre para mí, mi padre de sangre, mis abuelos y abuelas. Uno está acá pero el corazón sigue estando allá. Pero yo le agradezco a Uruguay y a los uruguayos, son personas muy cálidas.
—¿Por qué viniste a la Jornada?
—Fue una amable invitación del Diác. Daniel González, persona de gran corazón y buen amigo mío. Me siento muy bien aquí.
—Dios bendiga a tu patria y que aquí encuentres una segunda.
—Amén.
Servidores
Me topé luego con dos personas muy queridas para mí, Karina y Blanca, de la Parroquia Santa Magdalena Sofía Barat y San José, barrio Aires Puros.
—¿Por qué vinieron a la Jornada?
Karina —Venimos siempre. Es un lindo momento de encuentro, de compartir. Nos gustan mucho los testimonios y ver cómo trabajan otras parroquias y grupos de la Iglesia, y volver a encontrarnos con los hermanos que vamos conociendo año a año.
Blanca —Espiritualmente también nos sirve y ayuda mucho.

—Cuéntenme un poco sobre sus tareas de pastoral social en la parroquia.
Karina —Tenemos un grupo que reparte canastas de alimentos no perecederos a personas y familias de nuestro barrio en situación vulnerable. Lo hacemos los terceros jueves de cada mes, en base al aporte de nuestra comunidad parroquial y algunas otras donaciones.
Blanca —Yo además soy ministra de la comunión, y ayudo en todo lo que esté a mi alcance.
Me encontré con Romina, de Paso de las Duranas, que tomaba fotos, con excelente cámara y rigor profesional, para compartirlas con quien se las pidiera. Suyas son las fotos que ilustran esta nota.
Hablé con Sebastián y Antonio, del Comedor Fray Marcelino, Parroquia San Antonio y Santa Clara, Cordón Sur, a cargo de los capuchinos.
—¿Hace cuánto funciona el comedor?
Sebastián —Un siglo. Empezó con el Pan de San Antonio, que hacían los frailes, y la sopa. Desde hace algún tiempo damos almuerzo los sábados, a personas mayores de sesenta, en situación vulnerable.
Antonio —Y todo se hace con donaciones de la gente: no contamos con asistencia del Estado ni nada por ese estilo.
Sebastián —Primero se sirve un té, se conversa. Se trata de brindar un lindo servicio, de darle oportunidad de que generen vínculos, comunidad.
Antonio —Hay tres fechas especiales, que la comida se sirve en el comedor de los frailes: San Antonio, San Francisco, y Navidad. Tratamos de hacerles algo especial de comer, en esas fechas, y de que se sientan parte de la celebración.
Era de orden conversar con el Diác. Calleo.
—¿Qué sentido tiene una jornada como esta, Mauricio?
—La Jornada que creó el papa Francisco nos invita a recordar que los pobres, materiales, espirituales o de cualquier otra clase, están en el centro del cristianismo. Son los primeros, no por superiores, sino por ser los débiles, los olvidados y excluidos para el mundo. No son solo objeto de dádiva, sino sujetos de su proceso de salvación y de la tarea de hacer crecer en la fe a los demás. Cuando estamos prósperos, a veces nos creemos autosuficientes, nos olvidamos de que siempre necesitamos a Dios. El pobre, esas cosas, las tiene más claras.
En esas vi a Virginia, de la Cooperativa Géminis, pidiéndole una foto juntos al cura Verde. Me ofrecí a tomárselas y luego charlamos con Virginia.

—Contame un poco cómo surge la cooperativa y cómo la van llevando.
—En 2014, se formaron cuatro grupos que hoy son cuatro cooperativas. Nosotros estamos en Punta de Rieles, en Camino Géminis, y de ahí el nombre. Empezamos en régimen de trabajo protegido y luego nos constituimos en cooperativa, en 2020. Tuvimos que emprender y aprender. Damos talleres sobre reciclaje. Recibimos de los vecinos los materiales para clasificar que nos da la Intendencia y con eso trabajamos.
—¿Trabajan con los bolsones?
—Trabajamos con los contenedores de tapa naranja y también con los bolsones que levantan los motocarros.
—¿Antes trabajaban con carros de caballos?
—Hay de todo. Algunos eran carreros, otros trabajaban en Felipe Cardozo, en el vertedero a cielo abierto, y otros éramos clasificadores independientes y nos pudimos sumar a la cooperativa. Hay que censarse como clasificador, el Ministerio de Trabajo te llama, te entrevista y te deriva a la cooperativa que necesite gente.
—¿Desde cuándo estás en la cooperativa? ¿Qué futuro le ves a la actividad?
—Desde 2016. Hacemos mucha cosa. Hay que generar cultura ecológica. Y avanzar en el interior, porque todavía hay mucho vertedero a cielo abierto. Cuando quieras ir a visitarnos, encantados de recibirte.
Más tarde, mi esposa, que había escuchado la exposición de Virginia, me dijo que ella les había explicado que en Felipe Cardozo había personas que se trepaban a las montañas de basura, a riesgo de hundirse, e iban tirando hacia abajo lo que les pudiera servir. Los llamaban los escaladores. ¡Si será cruel la miseria!
Nuestro obispo
El cardenal estaba muy solicitado, pero se hizo un tiempo.
—¿Qué le diría a los católicos de Montevideo, en esta Jornada tan especial, sobre le compromiso cristiano con los más pobres?
—En estos tiempos estamos muy iluminados por Dilexi te, este nuevo documento del papa León, que continúa lo planteado por el papa Francisco al inicio de su pontificado, que quería una Iglesia pobre para los pobres. Una cosa es vivir la pobreza como austeridad personal, otra es dar un servicio a los más necesitados y otra tercera, más importante, y nosotros tenemos de eso un testimonio absolutamente excepcional en la figura del padre Cacho, es hacer que la gente más pobre, los que han tenido dificultades, carencias, puedan tener las herramientas para salir por sí mismos de la situación de pobreza. Y eso es excepcional, porque Cacho fue a los pobres para encontrar a Cristo, y al encontrar a Cristo ayudó a tanta gente a recobrar su dignidad. Y lo otro, que lo dice el papa León en Dilexi te, es cómo llevar a Cristo, cómo ser sus portadores, cómo anunciarlo y cómo descubrir y ayudar a otros descubran que todos y cada uno de nosotros somos pobres, para así hacer de Cristo el salvador de nuestras vidas.

