El jueves 17 de diciembre la Santa Sede publicó el Mensaje del Santo Padre Francisco para la LIV Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2021 y cuyo tema es «La cultura del cuidado como camino de paz”. El texto, que consta de nueve capítulos, hace foco en la importancia de una sociedad basada en relaciones de fraternidad.
En un año caracterizado por la crisis sanitaria a raíz del El año 2020 se COVID-19, el Papa Francisco quiso recordar, en primer lugar, a los que “han perdido a un familiar o un ser querido, pero también en los que se han quedado sin trabajo. Recuerdo especialmente a los médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, que se han esforzado y siguen haciéndolo, con gran dedicación y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han fallecido procurando estar cerca de los enfermos, aliviar su sufrimiento o salvar sus vidas”.
Hacernos cargo unos de otros
Para el Pontífice la realidad que estamos viviendo nos enseña “la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad”, y así crear una “cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día”.
Para el Santo Padre “en la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos”.
Más adelante, el Papa Francisco explica que “La Sagrada Escritura presenta a Dios no sólo como Creador, sino también como Aquel que cuida de sus criaturas”. En esta misma lógica sostiene que “La vida y el ministerio de Jesús encarnan el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad…Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió ‘para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos’ Estas acciones mesiánicas, típicas de los jubileos, constituyen el testimonio más elocuente de la misión que le confió el Padre”.
La cultura del cuidado
El Obispo de Roma aseguró, además, que “Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva” y que esto se hacía explícito para las primeras comunidades a través de “la costumbre de realizar ofrendas voluntarias para dar de comer a los pobres, enterrar a los muertos y sustentar a los huérfanos, a los ancianos y a las víctimas de desastres, como los náufragos”. Esta realidad el Pontífice la denomina como la cultura del cuidado.
Para el Santo Padre hay una continuidad clara: “La diakonia de los orígenes, enriquecida por la reflexión de los Padres y animada, a lo largo de los siglos, por la caridad activa de tantos testigos elocuentes de la fe, se ha convertido en el corazón palpitante de la doctrina social de la Iglesia, ofreciéndose a todos los hombres de buena voluntad como un rico patrimonio de principios, criterios e indicaciones, del que extraer la ‘gramática’ del cuidado: la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación”.
Brújula para un rumbo común
En el capítulo 7, el Papa Francisco llama a que en “una época dominada por la cultura del descarte, frente al agravamiento de las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas… los responsables de las organizaciones internacionales y de los gobiernos, del sector económico y del científico, de la comunicación social y de las instituciones educativas a tomar en mano la ‘brújula’ de los principios anteriormente mencionados, para dar un rumbo común al proceso de globalización, ’un rumbo realmente humano’”.
Añade que “A través de esta brújula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto será posible sólo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales”. “A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles”, enfatiza.
La educación como factor de promoción
A continuación el Obispo de Roma sostiene que “La promoción de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo”, con las siguientes características: la educación para el cuidado nace en la familia; siempre en colaboración la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicación social; las religiones en general, y los líderes religiosos en particular; y a todos los que están comprometidos al servicio de las poblaciones, en las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, que desempeñan una misión educativa.
El mensaje termina con la siguiente reflexión “La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz”. “Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida”, concluye.