Ordenación diaconal de Miguel Ángel Hernández
El domingo 31 de marzo, en el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús, se celebró la ordenación diaconal de Miguel Ángel Hernández. El nuevo diácono de Montevideo, en camino al sacerdocio, es de origen colombiano, tiene 28 años y forma parte del Camino Neocatecumenal. Su formación tuvo lugar en el seminario Redemptoris Mater, ubicado junto al Santuario del Cerrito de la Victoria.
La Misa fue presidida por el Card. Daniel Sturla, y contó con la presencia de los Obispos auxiliares de Montevideo, Mons. Luis Eduardo González y Mons. Pablo Jourdan, así como sacerdotes, diáconos y seminaristas. Además de los padres de Miguel Ángel Hernández, llegó desde Colombia el responsable de la comunidad del Camino Neocatecumenal donde dio sus primeros pasos en la fe el ahora diácono.
Otros puntos destacables fueron la animación de la Eucaristía, a cargo de un coro vinculado al Camino Neocatecumenal, y la buena cantidad de personas que acompañaron a Miguel Ángel en este importante paso en su trayecto hacia el ministerio sacerdotal.
El lema que eligió Miguel Ángel Hernández para vivir su ministerio fue: «Más, cuando Aquel me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a mí a su hijo para que lo anunciase» (Gál.1,15-16).
Luego de leído el evangelio y antes de comenzar la homilía, como inicio al rito de la ordenación diaconal, el candidato fue llamado por su nombre. El P. Fernando Lema, Rector del Seminario Redemptoris Mater, pidió entonces al Card. Daniel Sturla que ordene para el ministerio diaconal a Miguel Ángel Hernández.
La alegría de ser cristianos
Al comenzar la homilía el Card. Daniel Sturla recordó que ese día, el cuarto Domingo de Cuaresma, se celebraba el Domingo Laetare y sobre el tema de la alegría centró sus palabras. “Tenemos la alegría de la ordenación diaconal de Miguel. Esto nos hace recordar la vocación de servicio que supone el diaconado, pero en el caso de Miguel un diaconado en camino hacia el sacerdocio”, explicó.
El Arzobispo de Montevideo sostuvo que “la alegría de Miguel la compartimos todos” y mencionó especialmente a los padres del nuevo diácono, Jorge y Beatriz, que llegaron desde la ciudad colombiana de Medellín. “Si Dios quiere a la ordenación sacerdotal también vendrán sus hermanos, que son 10”, añadió.
Además, el Card. Daniel Sturla habló sobre la alegría de una familia como la de Miguel Ángel “que ha apostado a la vida, hasta el punto que los cuatro hermanos menores son dos pares de mellizos. Así que queridísimos Jorge y Beatriz, ¡gracias por su coraje, por su valentía y por estar compartiendo con nosotros el gozo de la ordenación diaconal de Miguel!”.
Tampoco olvidó mencionar la alegría expresada por las comunidades del Camino Neocatecumenal que acompañaron al nuevo diácono; principalmente la del seminario Redemptoris Mater, justamente ubicado junto al Santuario del Sagrado Corazón de Jesús en el Cerrito. Otro motivo de alegría “será la celebración, el 23 de noviembre de este año, de los 100 años de la colocación de su piedra fundamental del propio Santuario”, mencionó el Arzobispo.
Alegría en tiempo de misión
Luego, dirigiéndose a los presente, el Card. Daniel Sturla explicó que “toda la Iglesia de Montevideo se alegra porque cuenta con un nuevo diácono, incardinado en nuestra Arquidiócesis, que nos hace ver la importancia de este donar la vida de los sacerdotes, de los diáconos; pero quiero subrayar también a los misioneros, la disponibilidad misionera de la Iglesia que hace que algunos dejen su casa, su familia, su tierra, para ir donde Dios los envíe”.
Más adelante, el Arzobispo hizo referencia “a la alegría que estamos viviendo como Iglesia en Montevideo con la misión ‘Casa de Todos’ que comenzará en la próxima Pascua. Queremos llevar el anuncio del Evangelio a todos los lugares, pero también a escuchar a la gente”.
El celibato como entrega a Dios
Volviendo sobre el ahora diácono, el Arzobispo subrayó como motivo de alegría la promesa pública de celibato que Miguel Ángel Hernández iba a realizar. “Esto nos habla de una entrega a Dios que quiere ser sin retaceos: ‘Señor, te entrego toda mi vida, te entrego mi corazón, quiero ser tuyo, pertenecerte totalmente’. Es desde esta pertenencia total al Señor que se entiende el celibato, identificado con Cristo cabeza y pastor, esposo de la Iglesia”, agregó.
Un padre que espera con los brazos abiertos
También el Card. Daniel Sturla quiso hacer mención a las lecturas de la Misa y recordó que el apóstol San Pablo pedía a los cristianos “Déjense reconciliar con Dios”. “Estamos llamados a una apertura al Señor que nos permita trabar siempre esta amistad con Él, que nada ni nadie pueda romper”, sostuvo.
Y recordando el Evangelio del hijo pródigo aseguró: “sabemos que siempre el Padre Dios nos está esperando con los brazos abiertos. Su casa es nuestra casa, por eso hemos querido llamar a esta misión ‘Casa de Todos’. La motivaciones pueden ser muy variadas, pero cuando llegamos a su casa, cuando nos abrimos a su Espíritu lo que nos encontramos es un Padre que sale al encuentro con los brazos abiertos y que hace fiesta porque hemos regresado”.
Dirigiéndose nuevamente a Miguel Ángel, el Arzobispo le dijo: “serás como sacerdote también ministro de la reconciliación y tu vida adquirirá sentido en la medida en que tu amor a Cristo, tu pertenencia a Él, te haga entrega hacia tus hermanos”.
Al concluir, el Card. Daniel Sturla le dirigió al futuro sacerdote estas palabras: “Sabemos que nuestra vida adquiere todo su sentido al final del camino, que algún día nos encontraremos con Dios cara a cara. Hoy, entre nosotros, aletea el Espíritu de Dios que hoy te llama a emprender este camino. Que al terminarlo definitivamente y encontrarte con Él puedas estar contento de entregarle tu corazón, de haber sido ministro del Señor. Y que Él pueda decirte a ti, como esperamos que diga a cada uno de nosotros y de un modo especial a los sacerdotes al entregar su vida: ‘Ven siervo bueno y fiel, entra al gozo de tu Señor’”.
Montevideo tiene un nuevo diácono
Una vez terminada la homilía, Miguel Ángel Hernández manifestó públicamente su deseo de recibir libremente el ministerio del diaconado y de cumplir con devoción sus promesas. Seguidamente, el futuro diácono se acercó al Card. Daniel Sturla y, de rodillas ante él, juntó sus manos prometiendo respeto y obediencia al Arzobispo y a los superiores de su comunidad.
Después del momento de la Letanías, en el que se pidió la bendición de Dios y la protección en su misión para Miguel Ángel Hernández por intercesión de los santos, se llegó al momento central de la ceremonia. Allí el Card. Daniel Sturla impuso sus manos sobre la cabeza de Miguel Ángel y pronunció la Plegaria de ordenación.
En otro pasaje emotivo de la celebración, los padres del nuevo diácono acercaron al altar los ornamentos diaconales: la estola y la dalmática, signos visibles del carácter de su ministerio. Dos sacerdotes lo ayudaron a revestirse.
El rito de la ordenación concluyó con la entrega al nuevo diácono, por parte del Arzobispo de Montevideo, del libro de los Evangelios, a lo que se sumaron las siguientes palabras: “Convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”.
Hora de agradecer
Sobre el final de la Misa el Diácono Miguel Ángel Hernández tomó la palabra y exclamó: «Agradezco a Dios por este regalo y por el llamado que me hace». Recordó el apoyo brindado por el Card. Daniel Sturla y por los obispos auxiliares, destacando la cercanía que sintió en todo momento. No quiso dejar de agradecer por la gracia de “haber conocido a muchos sacerdotes y muchas religiosas que han entregado su vida a Dios y a la Iglesia, a pesar de las adversidades».
Por supuesto agradeció a su familia: “hoy, en este día especial, me acompañan mis padres, a quienes les agradezco el don de la vida y haberme transmitido la fe». Finalmente agradeció a sus formadores y sus compañeros de comunidad dentro del Camino Neocatecumenal.