Compartimos con ustedes el siguiente artículo, publicado en el quincenario Entre Todos, escrito por el P. Eliomar Carrara
“Hola, ¿cómo estás? Te saludo por tu cumpleaños. ¡Felicitaciones, y que el Señor te bendiga mucho!” Así, la voz del carismático pastor, año tras año, como el Carro del Chaná: un clásico. El 15 de mayo, en Belén, se lo retribuiremos. También en la 14ª Octava Encendida del 26 de mayo, en P.Carretas. El Padre Julio Elizaga bien lo merece.
¡Muchas gracias, Padre, por acordarse de mí otro año más, con todo lo que tendrá para hacer!”, y un signo de gratitud y admiración emergía dentro. Es que se había tomado un tiempo para ti, aunque hiciera mucho que no nos veíamos, porque la vida había rumbeado por otros lados. Y ese saludo no era cuestión de marketing; total, ¿con qué podríamos retribuirle?
Más bien lo había trasuntado siempre, así que no nos resultaba extraño: era una cuestión de celo, el celo del pastor por las ovejas que un día el Buen Pastor del cielo le había encomendado, aún cuando estuviéramos muy alejados, o en otro corral, o quizá intentando —unos pocos— ser pastores de otro redil. Sí, claro, tenía un algo de ese “Oye, aquí estoy yo”, pero seguido de un “para ti, y en el amor de Cristo”; le salía por los cuatro costados, indisimulable, todo ello. Y esa ocasión —que, como dice el dicho, pintan calva porque cuando pasa ya no se la puede agarrar ni de atrás por los pelos— bien que sabía aprovecharla al máximo, y que él traducía machacona y pedagógicamente con el metalúrgico “hay que doblar en caliente”. Así con centenares, y muy precavido: a las damas no les preguntaba la edad. En cualquier caso, una caricia para el alma como venida de lo alto, siempre caía bien. Aquel saludo de cumpleaños que el Padre Elizaga nos regalaba a tantísimos constituía un gesto de certera caridad, ejemplar. Bienvenido ayer, extrañado hoy.
Otro clásico: la lista de cumpleaños semanales
“¡Pah, cuánta gente cumple esta semana!” Sucede que, aún hoy —semper permanens—, en las misas de Belén se lee al comienzo la lista de difuntos, de enfermos y los agradecimientos; al final, los cumpleaños, los recordatorios, y la agenda de la próxima semana. Son los infaltables avisos parroquiales, un planificado orden integrador del drama humano, y en ese claro abanico, trasparentada, el alma del Padre Elizaga.
Alguien dirá: “pero Fulano ya no viene hace años”, “pero Mengana hace años que murió”; no importa: en la familia no se olvida a los que compartieron la misma mesa durante años. Es cosa buena evocar a los ausentes, y más cuando anima la esperanza suprema, la cristiana. “Aunque deba marcharme de aquí, a Belén nunca le diré adiós”, canta un verso del precioso himno parroquial compuesto por él; aunque alguien pudiera decirle adiós, Belén no. Algún día tampoco nosotros estaremos, y la mesa podrá seguir alimentando, más aún si la familia mantuviera firme sus raíces. Vendrán nuevos brotes, promesa de vida nueva. Dios lo quiera.
Ahora sí que se puso dramático
“… La vida del hombre es como la estela que deja el barco en el mar”, y casi trágico en esta otra: “En pocos años nadie se acordará de mí, entonces cuando esté completamente olvidado, estaré completamente muerto”, frases de tapa y solapa de su libro autobiográfico, “Memorias de un cura”, del año 2000.
En realidad, resuena allí algo que le gustaba evocar y a veces hasta comediar grotescamente con fruición y complacencia, y que invariablemente todo oyente le festejaba: el eco cavernoso de la voz de eximios predicadores que, en su época como seminarista, subyugaban el ánimo en los retiros espirituales con hondas, sublimes y hasta terribles imágenes sobre la vida y la muerte, sobre el cielo y el infierno. Pero los que estuvimos años cerca de él constatamos que no era ese su talante natural, y menos su horizonte espiritual, sino más bien este otro que tantas veces le escuchamos decir: “Los que hayan guiado a otros por el buen camino brillarán como estrellas en la luz de la eternidad” (Daniel 12,3). Ergo, el Padre Elizaga no era para nada un ser triste y melancólico, ni el otro extremo, quejumbroso y trágico, sino un hombre naturalmente exuberante y rebosante de vitalidad espiritual, inquieto, vivaz y apasionado, sumamente fecundo porque lleno de esperanza en el poder y en la misericordia de Dios. En su prodigarse por anunciar a Cristo muchos fuimos alcanzados, reinjertados en la vid de la Iglesia. Gracias, Señor, por tu siervo fiel.
Y amor con amor se paga. Agendemos.
Así, pues, a más de cinco meses de su pascua (1º diciembre) estamos todos invitados a dos celebraciones. Primero, el día propio de su cumpleaños, el martes 15 de mayo, a partir de las 19.30 hrs., en su Parroquia de Jesús Misericordioso, Belén, que pastoreó durante 52 años, se le rendirá un merecido homenaje, por lo que no habrá Misa (más información en la Agenda, página 23).
Segundo, el sábado 26 de mayo, vísperas de la solemnidad de la Santísima Trinidad, en la parroquia de Punta Carretas, de 9.30 a 18.00 hrs., los carismáticos celebraremos la 14ª Octava Encendida, el tradicional encuentro anual de la Renovación Carismática Católica del Uruguay. Allí también tendremos la oportunidad de evocar al pionero de la RCC. La Misa, 15.30 hs, será presidida por el Obispo Auxiliar, Mons. Milton Tróccoli, y habrá una enseñanza del Vicario Pastoral arquidiocesano y Párroco anfitrión, el P. Daniel Kerber.
Cuánto hay para agradecer al Espíritu Santo por tantas gracias carismáticas derramadas en la Iglesia y por el Padre Julio Elizaga. Hoy, no somos pocos quienes compartimos dicha espiritualidad. ¡Alabanzas sean dadas a Jesucristo!
1 Comment
Creo que se tienen que reimprimir sus obras,muchos fieles las están pidiendo.