En la jornada de mañana, el Card. Daniel Sturla ordenará dos nuevos diáconos.
Justino López y Agustín López comparten mucho más que solo su apellido y una gran amistad. Por casualidades de la vida, ambos se ordenarán diáconos este domingo 19 de marzo, dentro de un proceso de formación que, también, comenzaron juntos y en una misma comunidad.
No obstante, también hay un suceso que los marcó a los dos en este recorrido de fe. Se trata de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2011, desarrollada en Madrid. En aquella ocasión y posterior a una oratoria del papa Benedicto XVI, el iniciador del Camino Neocatecumenal hizo un llamado vocacional en el contexto de una prédica, ante un entorno multitudinario.
“Mi vocación surgió allí. Recuerdo que él dijo: ‘aquel que sienta que Jesucristo lo llama para entregar su vida y anunciarlo, que se ponga de pie’. Fui uno de los que se paró y, en ese momento, confirmé que realmente me dedicaría a predicarlo. Sentí que Dios me llamó”, explica Justino. Por su parte, Agustín repasa las experiencias previas que lo impulsaron a tomar su decisión: “En aquel entonces tenía 19 años y había pasado por varias experiencias de vida: de facultad, de trabajo, de noviazgo. Entendí que la familia era lo mejor que Dios me había dado y hay experiencias familiares que me marcaron mucho. Decidí entregarle mi vida. Me puse de pie para ponerme a su disposición”.
Caminar como hermanos
Una de las frases que más destaca Justino López (29) dentro de su reflexión, es la importancia de su comunidad dentro de su camino de fe. Para él, “la vocación, sin dudas, nace del camino junto a la comunidad, avanzar con otros hermanos e ir creciendo juntos. Eso es lo que marca la gracia de Dios”, reconoce.
Precisamente, este camino empieza a muy temprana edad. “En 2015 entré al seminario, pero este proceso fue una parte más de mi vida, no tengo dudas de eso. Provengo de una familia cristiana, quienes me inculcaron la catequesis desde chico. Ellos son de Rivera y pertenecen al camino neocatecumenal, y recibí sus conocimientos sobre la fe. Luego, cuando me vine a vivir a Montevideo, con apenas 17 años, empecé el Liceo Militar y no pensaba tanto en este camino vocacional”, detalla.

Para Justino, se trata de un aprendizaje en comunidad. Fuente: R. Fernández
Para Justino, fue un proceso comenzar la fe como una cuestión personal: “No resulta instantáneo, me llevó tiempo vivirlo como algo propio y lograr identificar la obra de Dios dentro de mi vida. Vine muy joven y perdido a la capital, y cuando te acercás ves que hay demasiadas propuestas para tu vida. No sabés para dónde ir”, explica.
Dentro de esta etapa, encuentra importantísimo el rol de su comunidad, para colaborar en la búsqueda de su propio camino. “Ellos me ayudaron mucho, sin dudas encontré un refugio allí, además de que aprendemos juntos. Solo podemos pasar por esto porque Dios nos sostiene y guía, y porque no estamos solos. Hay una comunidad detrás y esa compañía la sentimos”, confirma.
En el destino del Señor
“Obviamente no tengo fecha ni nada, y quiero disfrutar el ministerio del diaconado, pero mi objetivo es luego ser ordenado como presbítero”, aclara Justino, tras ser consultado por sus nuevas metas dentro de la fe.
De acuerdo con el futuro diácono, lo sorprendente dentro de este camino es descubrir la voluntad de Dios: “Resulta increíble cuando uno madura todo este proceso y te das cuenta que, en realidad, habías recibido el llamado bastante tiempo antes. También aprendés a aceptar que hay cosas que no ocurrirán como uno las espera, pero que está todo enmarcado en su voluntad. Jamás proyecté estar acá, pero es también una linda aventura. Para mí representaba toda una novedad comprender que el proyecto no es mío, sino que yo vivo según el proyecto que Él tiene para mí. Este ministerio también lo quiero vivir de esa manera”, sostiene.
“El Señor me fue enamorando en todo este camino”
Justino López
Para Justino, su nueva realidad dentro de la parroquia de Puntas de Manga también implica una grata sorpresa. “Me sentí muy bien recibido por la parroquia Nuestra Señora del Carmen y por su párroco, el Padre David. Intento mantener mis actividades, me encanta salir en bicicleta o también tocar la guitarra, pero disfruto mucho de las tareas manuales. ¡Incluso hasta de cortar el pasto! Por eso, y por el amor que tengo hacia el campo, siento que es una bendición que el Señor me trajera aquí”, concluye.
Una bendición de familia
Cualquiera que conozca a Agustín López (30) podría dar testimonio de su gratitud hacia la familia que lo formó, tanto a nivel personal como espiritual. Es el primero de un total de ocho hermanos, que comparten una mirada cristiana en torno a la vida.
“Mi experiencia de fe comenzó con mi abuela y mis padres. Sin dudas, ellos empezaron ese camino desde que era muy joven. Nací en un contexto de padres que querían formar una familia de valores cristianos. Somos numerosos pero compartimos esa mirada abierta hacia la fe”, explica.
Dentro de su recorrido, Agustín participó de un proceso de cuatro años en el que se preparó internamente posterior a esa JMJ que marcó su vivencia de la Palabra del Señor. “Fui preparándome, y en 2015 entré al Redentoris Mater. Estaba comprometido con este proceso de formación, al verme llamado por Dios para servir a la Iglesia. Dentro de esta preparación, el diaconado es un paso muy importante, y tengo claro que es un escalón más en mi camino”, asevera.

Según Agustín, la vida parroquial requiere nuevos desafíos. Fuente: R. Fernández
Sobre este último punto, su objetivo está en el sacerdocio. “Para llegar a la ordenación me ayudó mucho este recorrido de ocho años en el Seminario, así como también el apoyo de mi familia y de mi comunidad. Junto con Justino, también coincidimos que, dentro del camino neocatecumenal, compartimos un mismo grupo y empezamos juntos en el Seminario a caminar en comunidad. Mi relación con la fe fue creciendo y desarrollándose con ellos. Soy uno más del grupo, todos caminamos juntos y estamos en un contexto de iniciación cristiana. La experiencia del seminario, la cercanía con la eucaristía, la liturgia y el conocimiento más profundo también te forma. Son riquezas que permiten el crecimiento de la fe. A partir de estas vivencias, tengo claro que mi futuro está en el presbiterio”, proyecta.
Con el ritmo parroquial
De acuerdo con Agustín, dentro de su objetivo representa una gran ayuda integrarse a la comunidad de la parroquia Stella Maris. “Colabora y mucho poder conocer de primera mano la vida aquí, porque logro aprender sobre cómo funciona y cómo es el rol pastoral dentro del templo. En este poco tiempo en la parroquia intento llegar a conocer a la gente, a los vecinos”, confirma.
“La comunidad es clave, es el lugar donde podemos abrir nuestro corazón”
Agustín López
“Tengo mis gustos, mis hobbies. Me gusta mucho jugar al fútbol y ver series o películas. También ocuparía mi tiempo leyendo. Pero debo acostumbrarme a la forma de vida y al ritmo de la parroquia. De a poquito voy conociendo mejor a la comunidad de Stella Maris, mientras que por el momento mis actividades deportivas se limitan a salir a caminar por la rambla», detalla.
Para Agustín, dentro de este proceso de cambios, el sentimiento que predomina en él es la confianza: “La comunidad es clave, es el lugar donde podemos abrir nuestro corazón. Y ver cómo experimentan la fe, como viven la presencia de Dios o incluso aquí en la parroquia, me genera valentía y me llena de confianza para vivir ese mismo proceso de entrega. Ves esa experiencia y te das cuenta de que toda decisión, todo compromiso y todo sacrificio, valió la pena”.
Por: Leandro Lia
Redacción Entre Todos
6 Comments
Llena el corazón de alegría escuchar estos testimonios de fe. Jóvenes dispuestos a seguir la voluntad de Dios y hacerla propia. Son luz para sus comunidades.
Solo Dios puede hacer la obra estamos tocando la fe felices de tener un diácono de la Inmaculada de Rivera e hijo de las comunidades que el Sr te bendiga Justino!
Felicitaciones a los 2, por seguirlo a Él y avanzar en el camino de nuestra Iglesia Católica uruguaya!
Bellísimas personas que cuentan sus caminos hacia Dios. Gracias por su servicio muchachos!
Una enorme bendicion para nuestras comunudades estos jovenes y sus testimonios de fé.Pura gracia.Que el Señor los guie siempre.
Felicitaciones a ambos. En especial a Justino, a quien conozco desde niño y le tengo mucho aprecio, así cómo a su familia. Q Dios siempre los ilumine. Un abrazo.