En cinco de los principales cementerios de la ciudad se realizó la Misión de la Esperanza organizada por Iglesia Joven Montevideo; en el cementerio del Norte el cardenal Daniel Sturla presidió la Santa Misa.
Asistir al cementerio un 2 de noviembre a homenajear a los seres queridos difuntos sigue siendo una costumbre muy arraigada. Es una tradición que permanece más allá de los cambios sociales. Incluso se mantiene presente en la sociedad uruguaya a pesar de la secularización que predomina. Los camposantos de la ciudad extienden su horario, los puestos de flores trabajan sin descanso y el transporte colectivo funciona con frecuencias especiales. Es un día de recuerdo, emoción y tristeza en muchos casos.
Desde 2016, Iglesia Joven Montevideo ha propuesto evocar la esperanza en esta jornada, con una misión de chicos en los cementerios para dar consuelo a los deudos. Este año participaron en total unos ciento cincuenta jóvenes, en cinco camposantos de la ciudad: Cerro, Norte, La Teja, Central y Buceo. Todos los misioneros recibieron indicaciones. Al acercarse a una persona, tenían que decirle que eran de la Iglesia católica y preguntarle si querían rezar por el fallecido. También le entregaron un folleto con oraciones.
En el cementerio del Norte estuvieron presentes cuarenta misioneros. Dos de ellas fueron Sharon y Emilia, que son amigas. Sharon frecuenta la parroquia San Juan Bautista y Emilia no integra ninguna comunidad. Dice que su fe es “ambigua” y aun no sabe cómo seguirá su camino. Fue Sharon quien la motivó a participar tras haber vivido la edición anterior: «Me parece buenísimo compartir un momento con la gente. Se pasa de tener un feo día a tener un día más feliz, a recordar a la persona con más esperanza”.

Sharon y Emilia junto al P. Gregory Núñez en la Misión de la Esperanza. Fuente: Romina Fernández
Escuchar, acompañar y rezar
Las misioneras se acercaron a dos mujeres y un hombre que estaban colocando flores a un familiar. No se mostraron interesados y rechazaron la invitación, con respeto. «No creo en Dios, espero que llegue mi momento. Disculpen», dijo el hombre.
Sharon y Emilia se despidieron amablemente. A unos metros se encontraron con Camila y Mariana que estaban colocando flores en la tumba de Nilda, su abuela, quien falleció el año pasado. Se pusieron en presencia del Señor e hicieron la señal de la cruz.
«Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. El alma de todos los fieles difuntos, por infinita misericordia de Dios, descansen en paz», leyó Sharon. Los rostros de Camila y Mariana se veían conmovidos. Juntas rezaron el Padrenuestro y se despidieron.
En el camino, Sharon contó que “iluminar la vida del otro” es lo que la motiva a participar de la Misión de la Esperanza: “Nuestra fe es un arma muy poderosa que nos da Dios. No hay que guardarla sino salir a compartirla, sobre todo en un día que es difícil para mucha gente».
Su primera misión fue el año pasado y hasta hoy tiene imágenes guardadas en su memoria, como una mujer que estaba llorando sola en la tumba de su hijo. «El dolor persiste, pero también me encontré con una mirada distinta que tienen las personas sobre la muerte. Algunos creían que su ser querido sí estaba ahí, entonces aceptaban nuestro rezo, charlaban sobre su fe y si creían en Dios”, expresó.
Las jóvenes siguieron el recorrido y compartieron un momento de oración y charla con quienes estaban en la zona del cementerio.

Jóvenes que participaron en la nueva edición de la Misión de la Esperanza al terminar la misa. Fuente: Romina Fernández.
El cielo: la meta de todo cristiano
Antes del mediodía tuvo lugar la Santa Misa en el pabellón social del Círculo Católico, que fue presidida por el cardenal Daniel Sturla, acompañado por sacerdotes y diáconos, además de autoridades de la red mutual y varios fieles.
En su homilía, el arzobispo de Montevideo reflexionó: “Cómo será de lindo el cielo, cómo será de gozoso el paraíso, si aquí en la Tierra el Señor nos regala momentos hermosos de oración y contemplación”. En este sentido, dijo que en el cielo todos se encontrarán con “todos los seres queridos que han dejado el mundo terrenal” y además esperarán a “los que vienen rezagados” para “poder gozar juntos de Dios”.
“En un gozo sin pena, sin sufrimiento, sin lágrimas. En una vida de comunión donde no va haber rencor, ni envidia, ni orgullo, ni avaricia. Todo va a ser paz, bondad, fiesta eterna. Hacia allí vamos”, agregó.
El Card. Sturla señaló que el mal aparece de diversas formas, ya sea por una enfermedad o una tragedia, y eso hace que “la muerte de los seres queridos sea un desgarrón del alma profundo”. No obstante, aconsejó que ante estas situaciones los católicos deben reafirmar la fe y responder que Jesús ha vencido el pecado y la muerte.
Más adelante, el pastor de la Iglesia capitalina explicó que toda persona deberá enfrentar un juicio ante un “juez misericordioso”, y que puede existir la “terrible” posibilidad de la muerte eterna, lo que la Iglesia define como el infierno. También puede someterse a la purificación “para que el Señor nos salve”, lo que se conoce como purgatorio, un espacio para purificar.
“Ofrecemos el santo sacrificio de la misa para que nuestros difuntos queridos que están todavía purificándose puedan, por nuestra oración y sacrificio, ser ayudados para ir pronto al encuentro definitivo con Dios en el cielo”, expresó el Card. Sturla. Sin embargo, aclaró que esas almas “ya están salvadas” y que aunque estén en el purgatorio pueden interceder por todos.
“Rezamos por ellos como esperamos que un día haya alguien que rece por nosotros, que nos ayude con su sacrificio y de ese modo vivimos esta realidad gozosa que la Iglesia llama la comunión de los santos”, remarcó.
El arzobispo de Montevideo afirmó que la Iglesia que peregrina en la Tierra, la Iglesia celestial y la Iglesia que “se está purificando” se unen en una sola alabanza y entre unos y otros se pueden ayudar espiritualmente.
“La vida es una mezcla. Estamos llamados a que sea un valle de lágrimas y un monte de bienaventuranzas. Pasamos del sufrimiento al gozo, pero confiamos que el Señor nos da la fuerza para vivir según su gracia y su voluntad, y esperamos un día llegar al cielo. Que podamos llegar a contemplar al Señor, a su Madre Santísima, a gozar con los ángeles y los santos y con todos nuestros parientes queridos para siempre en el cielo”, concluyó.

El Card. Daniel Sturla saludó a los presentes al terminar la celebración. Fuente: Romina Fernández.