La Gruta de Lourdes recibió a miles de personas este 11 de febrero
“Vengo porque tengo fe. Fe en la Virgen”. Sin vueltas, así, respondió una de las miles personas que pasaron el pasado martes 11 de febrero por la Gruta de Lourdes. Es que la piedad popular es así, sencilla. Directa. Sincera.
En el Santuario de Av. De las Instrucciones la actividad fue intensa durante todo el día. Los voluntarios llegaron a eso de las siete, y a las ocho fue la primera Misa. Después, una a cada hora en punto, alternadamente en el templo y en la gruta. Entre los celebrantes estaban el nuncio Mons. Martin Krebs, el obispo Auxiliar Mons. Pablo Jourdan y el Card. Daniel Sturla. Además del rector, P. Adriano Marques, y otros sacerdotes que atienden el santuario o que se acercaron a la fiesta.
La gente entraba y salía a toda hora. Unos iban a venerar al Cristo crucificado, otros rezaban ante la imagen de Santa Bernardita, la vidente de 1858. La mayoría iba más adelante, hacia los costados de la gruta y el altar. A la izquierda estaban quienes deseaban encender velas y llevarse agua, a la derecha se ubicaban los que querían pasar cerca de la imagen de la Virgen, dejarle flores y tocar la piedra traída de Francia.
Leonor, una de las voluntarias, invitaba a empezar a rezar ya desde la fila, para así detenerse poco tiempo ante la imagen y permitir que más personas pudieran acercarse. Buena idea, pues la concurrencia no hacía más que aumentar, y parecía que las horas no alcanzarían para que todos pudieran tener sus minutos de oración ante la Inmaculada Concepción.
Entre tanta gente estaba Morena, con apenas 25 días. Su madre, María, la tenía en brazos y la quería presentar ante la otra Madre María. También otra familia de Colón llevaba al bebé, que por primera vez participaba de la tradición de pedir y agradecer a la Virgen el 11 de febrero. En efecto, muchos de los presentes eran asiduos a la Gruta: todos los años renuevan su saludo a la Virgen. Algunos incluso van todos los meses, siempre el día 11.
Otros que no faltaron fueron los de la Comunidad Misionera Natividad del Señor, que se distinguían por sus gorros y camisetas azules y blancos. Son un grupo de niños adoradores de la Parroquia San José Obrero Paysandú y en esta ocasión vinieron 38. Se alojaban en una parroquia de Montevideo y aprovecharían el viaje para pasear unos días por Piriápolis.
Agua y velas
Del otro lado, quienes hacían fila llevaban botellas para llenar con agua bendita. De medio litro, de refresco, de vino. Y varios tenían bidones de cinco litros, como para que les dure mucho tiempo. Guillermo, de Flor de Maroñas, le llavaría el agua a su vecino. María hacía la fila por otra señora que no podía estar mucho tiempo parada.
“Vengo por fe. A veces con mi señora e hija, pero hoy vine solo. Me llevo el agua bendita y la tomo, es un agua distinta, es de la Virgen. La tomo y tengo más fe. Por eso hago esta cola para llevarla”, dijo Daniel, un hombre de Capurro.
Se podría escribir sobre los mil usos del agua bendita. Graciela riega su casa y se moja cuando se siente mal; Fanny -de Empalme Olmos- la guarda todo el año y al siguiente 11 de febrero rocía su vivienda. Lucy se la hace tomar a los niños cuando están con fiebre.
En Lourdes parece no haber límite para la devoción. Una voluntaria contó que, por ejemplo, una señora insistía porque quería que le pusieran a la Virgen una camiseta que había llevado. Otro caso: entre flores y plantas, le tocó recibir una ofrenda bastante particular: la de una madre que entregaba una bolsa muy prolija que adentro tenía un calzoncillo de su hijo que estudia en Facultad.
Patricia, del Cerro, fue ejemplo de una piedad que se sirve de la tecnología. Colocaba una vela, la prendía, le sacaba foto y enviaba por whatsapp, junto con un audio. “Fulana, esta vela es para vos, para que la Virgen te proteja…”. Así cuatro veces, y la quinta fue sin foto ni audio. “Soy devota desde muy chica (…). Lo hice con cuatro personas que no pueden venir pero que están acá conmigo. Después puse una con mis intenciones”, contó. Y agregó que la Virgen le hizo “milagros grandiosos”.
Jornada Mundial del Enfermo
El 11 de febrero es también la Jornada Mundial del Enfermo. Estos predilectos de Dios fueron la principal intención de la Misa de las cinco, en la que estuvieron el Card. Sturla y varios sacerdotes, diáconos y seminaristas (estos últimos, actualmente de misión en la Parroquia de Guadalupe, en Casavalle).
Al comienzo de la homilía, el Arzobispo preguntó quiénes habían ido a agradecer a la Virgen. Muchas manos se elevaron. Después inquirió quiénes estaban ahí para pedir, y las manos fueron muchísimas más. A simple vista, había decenas de enfermos: en sillas de ruedas, con muletas, ciegos, con piernas hinchadas. Y a todos, pero especialmente a ellos, el Card. Sturla recordó que los dolores pueden ser ofrecidos a Jesús para cooperar con la redención del mundo. Se refirió también al dolor y a la alegría cristiana, que es la propia de saberse amado, perdonado y querido por Dios. “En el corazón cristiano no puede haber amargura. Eso es el sello del demonio”, ratificó.
“El mensaje central de la Virgen de Lourdes es que el amor de Dios llega a todos, especialmente a los enfermos (…). María sana todas nuestras heridas. Nos cura, nos dulcifica la vida”, alentó.
La Misa terminó pero la concurrencia de personas se mantuvo. Hacia el final del día, cuando ya estaba oscureciendo, los fieles empezaron a rezar con antorchas encendidas, como ocurre en el santuario de Francia. Velas que representaban la fe y el cariño hacia la Virgen María.